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YA
ESTÁN LOS ALMENDROS EN FLOR
Antonio Serrano Santos
01 febrero 2010
Enero. Siempre que vengo desde
Campillos a Málaga, por estas fechas, al llegar a la gran
curva, ya pasado Casabermeja, al salir de los túneles,
aparece el gran escenario, siempre sorprendente y puntual,
de los almendros en flor. En pleno riguroso invierno. Como
una nevada de maná caído del cielo, misericordioso, que nos
adelanta la primavera. Un suave calorcillo de esperanza nos
reconforta el espíritu y hasta nuestro aterido cuerpo recibe
ese estímulo del alma que presiente algo más que el calor
físico. Ya está aquí la primavera.
La publicidad: “Ya está la primavera en el
Corte Inglés”, nos deja fríos, más fríos que en el invierno
que pasa. La “cuesta” del mes de enero y febrero… Nos
despoja de la poesía y del romanticismo, de la esperanza
inmaterial de ese calor de hogar de felicidad que no es de
este mundo. Es el símbolo del puro y duro materialismo. “Si
quieres saber lo poco que se necesita para ser feliz, date
una vuelta por el Corte Inglés”, dice ya un aforismo
popular. Todo eso sobra. Y lo mismo se puede decir de todas
esas grandes superficies comerciales.
¿Quién nos sacará de este círculo vicioso? Comprar, gastar,
consumir, a veces sin verdadera necesidad saliéndonos de
nuestras posibilidades. Y vienen los desahucios, embargos,
impagos, morosidades…; desesperaciones. Hay un equipo de
psicólogos de empresa que estudian y planean nuestra
conducta y nos observan como a esos ratones de laberinto que
buscan la salida en los laboratorios científicos. Toda la
publicidad está orientada, casi siempre, insanamente, para
“cazarnos”. A pesar de las prohibiciones de falsa
publicidad, ya tienen hecho su presupuesto de multas por ese
motivo y siguen, tranquilamente, esa publicidad. “Un
producto vale, se dice, la mitad de su publicidad”.
Tenemos muchos mensajes que nos advierten del peligro. La
misma naturaleza es todo un mensaje de aviso. Es la voz de
la creación que no se limita sólo a pedir que la protejamos
“ecológicamente”. Ahora que está tan en boga la “ecología”.
“No sólo de pan vive el hombre”, nos dice esa misma voz
desde otras instancias superiores.
Ya
están los almendros en flor. Dije antes. Y ya están
floreciendo en nuestra alma, ante su espectáculo, algo más
que el calor físico. Es el anuncio y el deseo, casi
inconsciente, de una primavera eterna, de un despedirse de
este mundo, sin pena ni gloria vana, libres ya de la rémora
del cuerpo y sus necesidades, del agobio y ansia que nos
desasosiega de tanto vivir en inútiles felicidades engañosas
de dinero, poder, lujos, fama, placeres y preocupaciones de
la vida, que embotan nuestros corazones y nos dejan
insensibles para comprender lo que nos quieren decir esos
almendros en flor.
Un
amigo mío, q.e.p.d., dejó escrito en su lápida:
¡Qué bonito es el vivir
si se tiene la esperanza
de que, al morir,
como la primavera,
todo volverá a resurgir! |