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Antonio Serrano
Santos
LAS APARIENCIAS
¿LA NAVIDAD, UN CUENTO?
30
diciembre 2007
En mis artículos
anteriores “Un hombre
del pueblo” y “Una mujer
del pueblo”, comentaba
que era humanamente
inexplicable las
personas de Jesús y de
María y sus
connotaciones. Pero que
Dios, el creador del
universo, el Dios
terrible (para el pueblo
hebreo),del Antiguo
Testamento, el que en el
monte Sinaí, entre
relámpagos y truenos
“dictó” los diez
mandamientos; al que no
podían ver sin morir,
decían ellos; el que
mandó a Moisés, desde la
zarza
ardiendo:”Descálzate que
la tierra que pisas es
sagrada”; Yahvé,”Yo soy
el que soy”, Deus
Sabaoth de los
ejércitos…; ese Dios
nace niño de una joven,
pobre y humildísima
judía, de cierta
aparente mala fama, pues
se quedó embarazada
antes de convivir con su
pareja; que se muestra
niño, lloroso y
temblando, la más débil
de las criaturas, como
todo recién nacido,
expuesto a los mil
peligros que acechan al
hombre que viene a este
mundo y confiado a los
brazos y educación de
un trabajador eventual,
sin seguridad ni futuro;
eso es todavía más
misterioso y más
humanamente
inexplicable.¿Quién
puede tener miedo a ese
Dios?
Y no podemos negar el
hecho. Se crea o no, eso
es lo que la Historia, y
no ya sólo la fe, nos
está martilleando cada
Navidad, año tras año;
cada fiesta religiosa y
popular de casi todos
los pueblos del mundo.
Se monta el belén,
vienen los Reyes Magos,
se inundan las calles de
luces, de alegría
contagiosa, de ternura,
de “buena voluntad”,
hasta los más incrédulos
y los menos dispuestos,
los que convierten la
Navidad en fiesta de
consumo,”en cueva de
ladrones”, y hasta los
de otras creencias o
religiones, se unen a la
festividad navideña.
¿Qué pasa, entonces,
con ese Dios tremendo
que todavía conservan
algunos fanáticos del
odio, la muerte, la
venganza y la
imposición?¿Qué es de
ese Dios creador del
universo, todopoderoso,
juez de vivos y muertos,
que dará a cada uno
según sus obras? Si en
la oración y agonía de
Getsemaní, en el huerto
de los olivos, lloraba y
suplicaba:”¡Padre,
aparta de mi este cáliz,
pero no se haga mi
voluntad sino la tuya”!,
aquí, en Belén, en el
pesebre, no habla, no
puede hacer su voluntad,
sino la de los hombres,
que será de amor y
acogimiento; pero
también será la de los
que le escupirán, le
flagelarán, y lo
crucificarán. La
resurrección y la
justicia será la suya,
no la venganza. Porque
dará a cada uno, no sólo
según sus obras, sino
también según su amor.
“Os anuncio una buena
nueva, una gran
alegría”,dijo el ángel a
los pastores. Y esa
Buena Nueva, esa gran
alegría ha recorrido los
senderos de la Historia,
ha penetrado en los
palacios y en las
chabolas, en las
cárceles y en los
prostíbulos, por tierra,
mar y aire. Como dijo y
profetizó el ángel:
¡Gloria a Dios en los
cielos y paz en la
tierra a los hombres de
buena voluntad, a los
que Dios ama”.
Y esto, ¿por qué?
Porque la Navidad es el
nacimiento, la aparición
entre nosotros, como uno
más de nosotros, como un
padre se hace niño como
su hijo pequeño, para
jugar con él, para estar
con él, para enseñarle,
con su amor, a amar como
él; es el nacimiento del
verdadero Dios. Que eso
significa Jesús,
Emmanuel, en hebreo:
Dios con nosotros, Dios
salva..
¿Y todo
lo demás de Dios? Eso
sólo son las
apariencias.
¿La
Navidad, un cuento? |