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FIGURAS DE LA PASIÓN: DIMAS,
EL BUEN LADRÓN
Antonio
Serrano Santos
19 marzo
2008
Ahora, que
se aproxima la Semana Santa, he
escogido, como tema de mi
artículo, algunos de los
personajes que intervinieron en
la Pasión de Jesucristo: Dimas,
Pedro, Judas… En realidad, es un
estudio psicológico-religioso y
social de personajes que,
salvando las distancias de
tiempo y espacio, nos
representan, y hasta nos vemos
reflejados en ellos.
Estudiar este
personaje del Evangelio, Dimas,
llamado popularmente el buen
ladrón, es como un tratado sobre
la conversión. Hunde sus raíces
en el misterio de la libertad
del hombre, la gracia de Dios, y
, sobre todo, la presencia de
Jesucristo en la Historia de la
Humanidad y de cada hombre; su
aún más misteriosa acción
redentora, cuyo alcance, en el
espacio y el tiempo, no podemos
conocer, al menos , en esta
vida.
¿Cómo llegó Dimas,
crucificado y desesperado en la
cruz, a la siguiente
conclusión?: que Jesús era
inocente; el reconocimiento de
su propia culpa; que Jesús era
rey; y suplicar, humildemente,
que se acuerde de él cuando
llegue a su reino.
¿Qué experiencia? ¿Qué
razonamiento le llevó a esa
decisión? Habría que conocer su
historia personal, familiar y
social. Sólo sabemos que fue
condenado por malhechor y con
justicia, reconocido por él
mismo. Quizás, y sin quizás,
estuvo presente y escuchó y vio
el juicio de Jesús ante Pilato,
y la entereza y mansedumbre de
Jesús. Y en medio de esto, sus
palabras firmes y rotundas:”Mi
reino no es de este mundo”. Su
lógica: “Si mi reino fuera de
este mundo, los míos lucharían
por mi”. Su tremenda y
arriesgada respuesta a Pilato:
“No tendrías poder sobre mi si
no te lo hubieran dado de lo
alto; por eso, los que me han
entregado a ti tienen mayor
pecado”. Le dice claramente que
él es menos culpable, pero que
lo es. El reo juzgando al juez.
La flagelación, corona de
espinas, salivazos, burlas…La
clara visión de la indudable
injusticia proclamada por el
mismo Pilato: “No encuentro
culpa en él; lo azotaré y lo
dejaré en libertad”. Nada de
esto le hace gritar, protestar,
reclamar sus derechos, exigir
pruebas, ni siquiera suplicar
clemencia…
No era humanamente
explicable. El temor
supersticioso de Pilato, al oír
la acusación de hacerse Hijo de
Dios, es un dato más a tener en
cuenta. ¿Qué más podía saber
Dimas de Jesús? ¿Tal vez sus
milagros? Puede ser. En el
camino al Calvario, oiría
lamentaciones del pueblo: “No es
justo, con el bien que ha
hecho…” Las burlas de los
fariseos y jefes del pueblo las
oyó, ciertamente: “A otros
salvó, que se salve a sí mismo,
si es el Mesías, el Hijo de
Dios. Si El le quiere, que le
libre ahora”. Estos datos de
referencia y las palabras :
”¡Padre, perdónales, porque no
saben lo que hacen!”, son aún
más reveladoras.
Todo esto y, probablemente,
una semilla de bondad, de
religiosidad maternal o
familiar, soterrada, pero viva,
como brasas debajo de cenizas,
su propia reflexión y
desesperación en el dolor y la
agonía, y, en fin, el misterio
doble del uso de su libertad y
la gracia y presencia actuante
y, a veces, silenciosa de Jesús,
le hizo decidirse y acudir a El.
Es la oración, y, especialmente,
la oración de un agonizante.
Dimas no pide escapar de la
cruz y de la muerte, como
Gestas, el otro ladrón que
insultaba a Jesús diciendo:”¿No
eres tú el Mesías? ¡Pues sálvate
a ti mismo y a nosotros!”. Sólo
pide, humildemente, que se
acuerde de él cuando llegue a su
reino. La intensidad de su
oración, su humildad, su
increíble fe, aunque no
irracional, encuentra respuesta
inmediata y directa. Por su
dignidad recuperada, es
escuchado. Jesús no le promete
el Reino de los Cielos, que se
presta a diversas
interpretaciones. No utiliza
parábola o expresión simbólica,
ni indirecta: “ En verdad te
digo- era el modo de jurar
hebreo-hoy estarás conmigo en el
Paraíso”. Hoy, de forma
inmediata, conmigo y no en el
seno de Abraham, ni en el
Purgatorio, sino en el Paraíso,
es decir el Cielo, porque decir
conmigo no cabe duda a qué se
refiere.
La oración. Ese otro misterio
que pone al hombre en contacto
con Dios. La oración de Dimas
(¡hay tantos Dimas!), reúne
todas las condiciones para ser
oída. La de Gestas, no (¡y hay
tantos Gestas!).
Puede que Dimas, desesperado,
tuviera, al principio, la misma
actitud que Gestas con Jesús,
como parecen indicar los
evangelistas Mateo y Marcos. Y
Lucas nos hace pensar que,
luego, se impuso la reflexión,
la reacción, el fondo bueno y,
sin más análisis, la respuesta a
la gracia de Dios, que no niega
a nadie, aunque, a veces, no lo
parezca. Dios no sería Dios si
la negara a alguien.
Hoy
somos Dimas o Gestas; mañana
seremos Pedro, tal vez Judas… |