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TENGO SED
Articulo:
Antonio Serrano Santos
10 abril
2008
Un grito,
un deseo angustioso se escapa de
las entrañas de la tierra,
azotada y crucificada por el
hombre: ¡Tengo sed! La tala de
bosques, la contaminación
atmosférica, los vertidos
tóxicos en mares, ríos y lagos
están extendiendo la
desertización desde las grandes
extensiones amazónicas hasta la
misma España.
El cambio climático,
provocado sin duda por el mismo
hombre, está alterando nuestra
misma vida. El agua se está
convirtiendo en la primera
necesidad vital, aunque ya lo
era, pero hasta hoy no éramos
conscientes de ello Por eso su
abuso y mala distribución ha
hecho que el hombre se esté
comiendo sus propias carnes en
un lento e irracional suicidio.
Somos especimenes en peligro de
extinción por la escasez del
agua y la contaminación del
aire.
Sabemos que la pobreza
está originada por la mala
distribución de las riquezas.
Que, hoy por hoy, se acabaría la
pobreza en el mundo porque hay
producción más que suficiente de
productos para acabar con ella.
Las estadísticas son totalmente
fiables con los conocimientos
técnicos de que se dispone. Como
la proliferación de armas que
abastecen a los pueblos, sobre
todo, los subdesarrollados,
fomentan las guerras; también
podría acabarse con ellas.
¿Acabará el hombre
aprendiendo de sus propios
errores? Hay movimientos
ecologistas esperanzadores, pero
bastante utópicos,
actualmente.¡No más
holocaustos!¡No más guerras
civiles! Gritan los veteranos,
escarmentados, más que los
jóvenes sin experiencia. El
hombre no es total y
definitivamente malo e
irracional .Lleva la semilla,
como su madre la tierra, de
buenas y malas yerbas.¿Quién las
sembró? Para nuestra experiencia
humana es un misterio. Pero está
ahí. Sólo le queda luchar para
sobrevivir, arrancando esas
malas semillas.
Las tres cuartas
partes de nuestro azul planeta
son de agua. Como el 70% de
nuestro cuerpo. Del agua nace la
vida y sin ella perece. Luego la
Tierra se está muriendo. Y
nosotros con ella. Por lo menos
la estamos enfermando .Demos un
paseo por las playas, ríos,
mares y lagos.¡Cuánta
suciedad!¡Toneladas de basura
que incluso son los nuevos
supermercados de los buscadores
y buceadores que entresacan de
ellas cosas para vender,
revender y consumir.
La religión, en
tiempos de sequía, hace
“rogativas”, procesiones
invocando al cielo agua. Y
luego, cuando la tenemos, la
derrochamos. En Almería, vaya de
ejemplo, unos negritos de esos
de familias de acogida, se
quedaban asombrados, espantados,
al ver salir agua,¡agua!, de un
grifo con sólo abrirlo. Ellos,
que tenían que andar muchos
kilómetros, cargados de vasijas,
para llevar a casa algunos
litros de agua, casi siempre
turbia. Podemos prescindir de
los sabores, colores y olores de
los más exquisitos manjares; y
seguir viviendo. Pero, para
vergüenza y lección de sobriedad
de los gourmets y de los que
menospreciamos a los que no
tienen qué comer, no podemos
vivir sin el agua, que es
incolora, insípida e inodora.
Como el aire.
No me extraña que
el hombre, con tanta agua, aún
disponible, se la niegue a su
madre la tierra, cuando a su
Creador, el que le llenó de
inmensos mares, ríos y lagos de
la “hermana agua, humilde,
limpia y casta”, como la llamó
Francisco de Asís, le negó un
poco, un poco de agua, cuando
azotado, desangrado y
crucificado, dijo en su agonía:
¡”Tengo sed!”.
Y le dieron hiel y
vinagre. |