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¡LIBRES!
Antonio Serrano Santos
01 mayo 2008
¿Qué más da que el pájaro esté atado con una cuerda gruesa o
con un hilo, si está atado y no puede volar? En el cielo de
la libertad vuelan mil pájaros, libres de ataduras, mientras
muchos miles más se arrastran aleteando como gallinas sin
levantar jamás el vuelo, aunque miran con envidia y anhelo a
los del cielo. Y se debaten en el tremendo y angustioso
círculo vicioso, creado por ellos mismos: quieren y no
pueden, pueden y no quieren.
Así, los
seres humanos somos esclavos de nuestros deseos, de nuestros
vicios, grandes o pequeños. Nunca son pequeños los vicios
porque nos privan de lo más grande, que es la libertad de
poder decidir. El tabaco. ¿Cuántos son capaces de “quitarse”
de ese vicio? Como decía aquél: “Quitarse es muy fácil: yo
me he quitado doscientas veces”. Tan grande es ese “pequeño
vicio que no bastan los casos de cáncer de pulmón, de
labios, estadísticamente comprobados y diagnosticados como
un factor, no el único, pero sí seguro de cáncer, segunda
causa de muerte en el mundo.
La tan extendida afición, nueva esclavitud, a los video-
consolas y maquinitas de la nueva tecnología que absorben
horas y horas de chicos y grandes. Decía un padre(es un
chiste): “Yo le he permitido a mi hijo no más de tres horas
y hasta las cinco mil aniquilaciones”. ¿Qué quiere decir
“ese juego te engancha”?La administración de nuestro tiempo
está supeditada a la pasión, al capricho y al placer del
momento. Alimentamos esa sed implacable, impaciente, que
llevamos dentro y luego nos lamentamos porque no nos llenan
ni aplacan esa sed. Aquellas dos, madre e hija, que acabada
una serie, un culebrón, de la televisión, exclaman:”¿Y ahora
qué va a ser de nosotras?” También chiste, pero ¡cómo
refleja el humor la triste realidad!
Y no se trata de jugarse la vida por la libertad. Como
tantos se la han jugado y han sido los más felices, por ser
libres y liberar a otros. Pensemos en los campos de
concentración y en las dictaduras. La famosa canción de Nino
Bravo: “Piensa que la alambrada es un trozo de metal…”Hay
que dudar mucho de la fuerza de voluntad, para luchar por
esa libertad, del que no la tiene para conseguir verse libre
de esas pequeñas esclavitudes, de esos pequeños vicios.
Decía Napoleón: “Es más fácil vencer a un ejército que
vencerse a sí mismo”. Las grandes decisiones y heroicidades
están hechas de pequeñas decisiones que van entrenando la
voluntad. El atleta consigue vencer cuando se ha entrenado.
La voluntad que no se ha entrenado en vencerse a sí misma en
pequeñas cosas,¿cómo va a vencerse en las grandes? Y no se
trata de eliminar, sin más, una mala costumbre, un vicio.
Una costumbre se vence con otra costumbre. Porque si no,
surge “el mono”,el síndrome de la abstinencia.
Decimos de uno que es un virtuoso del piano, del
violín.¿Por qué? Porque ha conseguido una virtud, la de
saber tocar con arte La virtud, en psicología, no hace falta
hablar de religión, es un hábito, una costumbre que hace
realizar algo con facilidad y gusto, repitiendo los mismos
actos que al principio son difíciles y desagradables. Lo
mismo que el vicio, que es otra costumbre, que se adquiere
con la repetición de unos mismos actos. Y por eso se le dice
es un vicioso. Al principio, resulta fácil y agradable,
luego se convierten en difíciles de desarraigar,
desagradables y esclaviza. Ahí están los alcohólicos,
drogadictos, los esclavos del sexo…
La virtud y el vicio son costumbres. Es
cuestión de repetir los actos contrarios y nuestra
naturaleza lo agradece y “se acostumbra”. El juego de la
libertad y la voluntad está en nuestras manos. Esa es la
grandeza y miseria del hombre, según él escoja. Es por lo
que nos distinguimos de los animales que no tienen libertad
para salirse de sus instintos. Aguantamos horas y horas ante
un programa, un concurso, y, hablando entre cristianos, por
ejemplo, no somos capaces de aguantar media hora de misa si
se alarga el cura. O nos impacientamos si alguien nos cuenta
sus penas, pero no sus chistes.
Pero hay una generación, sobre todo de jóvenes, que se
están liberando de todas estas esclavitudes, grandes y
pequeñas. Van voluntarios a acompañar a ancianos, enfermos,
discapacitados, marginados. Maravilla en Lourdes, por
ejemplo, cientos de ellos que los acompañan. Los misioneros
y misioneras que se juegan la vida entre los más pobres de
la Tierra. No he visto sonrisas más alegres que las de las
Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta.
Todos estos son libres y libertadores y por eso son las
personas más felices, a pesar del dolor que supone luchar
por esa libertad.
No hay mayor felicidad que la de verse libres
de esclavitudes. Por eso andan tristes e infelices los
esclavos de sí mismos, de sus caprichos, de sus pasiones.
Alguien dijo: “La verdad os hará libres”. Porque esa
esclavitud, de nuestros días, sobre todo, es vivir en la
mentira. |