MI CALLE

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Mi calle ya no es mi calle que ya me han cambiado. Su nombre era en otros tiempos Avenida del Generalísimo. Hoy me lo han trocado, ostento con orgullo el nombre de Juan Carlos I. He subido de categoría

Me considero  muy antigua, si  muy antigua; es difícil  recordar mi edad. Hoy  me encuentro  muy rejuvenecida  y además  me siento orgullosa  de serlo.  Todos los habitantes de  mi pueblo  conocen mi nombre, saben que  existo y donde estoy. Reconocen que soy una calle muy importante del núcleo urbano.

 

Yo creo que hay hasta extranjeros  que guardan en sus retinas el sabor arcaico y moderno de  ella, Todavía hay casas matas  de una sola planta, pero a su lado  han surgido bonitos y modernos edificios que no desmerecen su belleza.

 

Al final  hay una bella finca, que su dueño  ingles altruistas, al fallecer donó al municipio: “El Portón “; emporio  de  belleza vegetal y vergel de ensueño. Existen numerosos comercios y tiendas  que son visitados con frecuencia  por los compradores; tengo  que soportar  el paso  del tiempo que pasa y no vuelve.

 

Te acostumbras a las personas, a convivir  con ellas, y  después  la parca  las hace desaparecer. Sólo quedan  en la memoria. Al nacer  fui muy pobre, mi firme era terrizo   , que hollaban  labradores, cabras, bueyes, vacas, ovejas,  mulos y asnos; cada uno  buscando su alimento o su trabajo. ¡Qué pobre era entonces! También me habitaban menos vecinos, pero existía más intimidad, nos conocíamos todos, constituyamos una pequeña familia. Se vivía del campo y del ganado. Eran sinceros en sus celebraciones, al recoger  sus cosechas, nacer sus hijos, efectuar la matanza. Descansaban poco, había  que mantener  a la familia  con el sudor de  la frente. De noche  se sentaban  a las puertas  y se establecían  tertulias familiares; narraban  sus vivencias acumuladas en el recuerdo. Contaban historias  transmitidas  de padres a hijos, de generación  en generación. Los niños correteaban  en la calle , ajenos a los mayores ; otros  se acomodaban  alrededor  de los contertulios  y con un silencio  respetuoso  y sus ojos abiertos  por la curiosidad , no perdían  detalle  de cuanto se decía allí

 

Era una comunidad  agradable, yo como calle  me enorgullecía  de tener tales vecinos. Fue pasando el tiempo, yo  me volvía más mayor…los niños, los jóvenes  y los mayores  crecían conmigo. A la par que  crecíamos  nosotros  aumentaba  la actividad comercial  de mi entorno. Mis primitivas viviendas , que adosadas a ellas  tenían huertos , corrales ,viñas,  o campos de labranza  han ido poco a poco desapareciendo , sustituidos por modernas casas , conforme a las normas  del urbanismo moderno , que todo lo cambia y trastoca. Me han instalado unas bonitas farolas que alumbran de forma espectacular todo el recorrido de mi silueta. Han venido a morar en mi calle, otros nuevos vecinos.  Se construyeron aceras en mis laterales y el terruño de mi pavimento, antes terrizo, hoy luce un asfalto  alquitranado; pintado de rayas  y símbolos que indican  mensajes de tráfico, al principio no me gustó  éste cambio, pero ya me he acostumbrado. Siempre me ha acompañado  la alegría y he sido feliz, ahora también. Actualmente  han surgido edificios más altos, que se alinean  a lo largo de mi trayecto. Se me olvidaba al final  me han edificado  un estupendo colegio llamado San Sebastián, donde la infancia recibe una esmerada educación. Hay en mi calle locales, iluminados  y adornados con luces de neones  multicolores; anuncian comercios, tiendas, oficinas salones de juegos, bares…En mi principio existió hasta un cine de verano.

 

Hoy se marcha rápido por ella,   al ritmo de la circulación y de los semáforos, me van poco a poco contaminando con el ruido y los humos. Pero todavía  en el tiempo estival se siguen celebrando tertulias al socaire del fresco y buscando  el sentido de convivencia entre los vecinos. Guardo  en mi alma buenos y malos recuerdos… y son bastantes.

 

Soy muy vieja, los años  me pesan, pero sigo siendo la misma de siempre; el progreso  me ha ido poco a poco  remodelando y cambiando, pero no olvido  mis comienzos  lejanos ni mi origen humilde... Echo de menos la paz  y quietud de antaño, rememoro a los chiquillos jugando  en mi tierra, pero sigo contenta y alegre.

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