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" Nosotros tampoco hemos podido”

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Al bondadoso papa Juan XXIII, “el párroco del mundo”, siendo todavía cardenal, en una reunión de diplomáticos, se dirigió uno de ellos, ...

... acérrimo perseguidor de la Iglesia, en su país, con estas palabras:

“En veinte siglos no hemos podido acabar con su Iglesia”. A lo que contestó el futuro papa, con el buen humor que le caracterizaba: “Lo siento, nosotros tampoco hemos podido”.

     Entre los más de mil quinientos millones que pertenecen a la Iglesia Católica, además de los miles de anglicanos, obispos y pastores, incluso, protestantes, ortodoxos y de otras religiones que se están convirtiendo al catolicismo, siempre ha habido, por contraste(la excepción confirma la regla), y hoy, con especial relevancia, gracias a los medios de comunicación modernos, malos, escandalosos ejemplos de cristianos que saltan a la vida pública por su especial maldad como son los sacerdotes y religiosos pederastas. Para los que hay unas terribles palabras condenatorias de Jesús, a pesar de su misión de misericordia: “Al  que escandaliza a uno de estos pequeños más le valiera que le ataran al cuello una de esas piedras de molino que mueve un asno y lo arrojaran al fondo del mar”. Esta sentencia va dirigida a todos, no sólo a un grupo determinado, porque antes exclamó:” ¡Ay del mundo por los escándalos!”

      Dice este papa que el sufrimiento y el pecado viene, no sólo de fuera, sino de dentro de la Iglesia, con demoledora influencia.

      La Iglesia es santa y pecadora. Santa por su fundador y sus sacramentos, pecadora por sus miembros, hombres y mujeres débiles y miserables como todos los humanos sean de la ideología que sean. Y el que esté libre de pecado que arroje contra ella la primera piedra.

      La liturgia de la Iglesia Católica está llena, desde sus comienzos, de expresiones de súplica de perdón y misericordia. Ya en el mismo Padrenuestro, oración que nos enseñó Jesús, nos dice:”…perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.Comienza la eucaristía: “Hermanos, antes de comenzar esta santa misa, reconozcamos nuestros pecados”. A nadie que no sea hipócrita, fariseo, debe extrañar ni escandalizar los pecados que se cometen porque nadie está libre de ellos.¿Por qué existe el sacramento del perdón puesto por el mismo Jesucristo?  Porque su Iglesia, siendo divina, es también humana. La misericordia y la justicia de Dios no son como las nuestras. Dios es justo porque reconoce que somos débiles, pero da a cada uno según sus obres, y se compadece de nosotros perdonando a quien, de veras, se arrepiente.

     La lista interminable de santos, mártires, misioneros en el Tercer Mundo, Caritas, Manos Unidas, una Madre Teresa de Calcuta, Francisco Ferrer, San Damián, apóstol de los leprosos y leproso él, Don Bosco para los jóvenes, etc. etc. etc. ¿No son suficiente garantía para creyentes y no creyentes para no condenar a la Iglesia y al Papa por esas minorías que siempre ha habido y habrá en la Iglesia como en el mundo?

     Un solo acto de amor y bondad verdaderos vale y basta, como el amor y bondad de Jesús, más que todo el pecado y maldad del mundo.

     La justicia humana debe castigar a los pederastas y la Iglesia, condenar a los encubridores reparando el daño a las víctimas . Cierto. Y así debe ser siempre.

     Pero” los poderes del infierno, del mal, de fuera y de dentro de la Iglesia, no podrán contra Ella”. Y así se está cumpliendo la profecía de su creador.

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