“Entraré en la nada. Me disolveré en la nada” (José Saramago)
¿Y cómo lo sabía? Este premio Nobel de Literatura,.que acaba de fallecer, era, unas veces, contradictorio, otras, rotundo en sus ideas y afirmaciones. En su obra “Caín”, según un importante crítico de su país,”utilizó un discurso ideológico, no histórico ni científico.
En sus incursiones bíblicas revela una ingenuidad sentimental”.
Tierno en “Pequeñas memorias”, sobre su madre, era marxista-leninista, defensor acérrimo de la desfasada y decimonónica “dictadura del proletariado”; incapaz de saber valorar el amor de la Madre Teresa, hasta llegar a insultarla.
La vicepresidenta del Gobierno alaba” sus palabras confortadoras” y “su voz, la más digna y humana”. ¿Cómo puede confortarnos “entrar en la nada, disolverse en la nada? ¿Cómo puede ser la más digna y humana la voz que insulta al corazón más amante y entregado de por vida a “los más pobres entre los pobres”, viviendo con ellos y como ellos?
Sin menoscabar su valor literario, es uno más en la lista del pesimismo existencialista con su pensamiento esencial: “El hombre es un ser para la nada”, como KierKagaad, Martín Heidegger, Jean Paul Sartre con su “Nausea” y su frase en “A puerta abierta”: “El infierno son los otros”; y Nietzsche con “La muerte de Dios”.
¿No es inútil y trágicamente grotesco hablar de vida y prometer felicidad si el horizonte es sólo la muerte” y la nada?
¿Dónde están los que mataron a Dios? Decía un célebre escritor, por cierto abierto a toda posibilidad: “No me gustan los ateos; siempre están hablando de Dios”.
Sin fe, sin esperanza ¿qué le queda al hombre?¿La nada, después de tanto amor, tanta lucha y tanta pena, tanta injusticia sin reparar, tanta lágrima por enjugar y tanta bondad sin premio?
El Premio Nobel podrá premiar sus valores literarios, que nadie discute, pero no su agresividad ideológica insultante, su nihilismo y su negación, sin pruebas, de la trascendencia y el más allá, como si él lo supiera todo.
De la iglesia de Montemor-o-Velho, Saramago escribió: “Cuando mira a la Virgen de la Misericordia que está sobre la puerta, usa el viajero una forma particular de oración: admira y ama”.
Puede “que haya encontrado la misericordia que necesitaba y buscaba, en vez de la nada”














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