¡VIVA LA REVOLUCIÓN!
Cervantes dijo que cambiaría toda su obra por un buen soneto. El prosista y narrador más genial de la historia de la literatura valoraba así la poesía, especialmente en esa estructurada composición, como una obra de sillería e ingeniería del pensamiento y la emoción, como es el soneto.
“Aquí yace media España
muerta de la otra media”
Larra
"Españolito que vienes al mundo,
te guarde Dios;
una de las dos Españas
Te helará el corazón”.
Machado
La poesía no debe estar al servicio de la política. Ni de derecha ni de izquierda. Y mucho menos de la violencia y la muerte. Ella sublima y convierte la realidad, tan cruda, a veces, convirtiéndola en un ideal, utópico, si se quiere, pero deseado y perseguido, de la belleza, la verdad y el bien.
Alberti, Pemán, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Neruda, Machado, Unamuno, Miguel Hernández, por citar a los que vivieron y sufrieron la cruenta y fratricida guerra civil, son nuestro ejemplo aleccionador a seguir en nuestro tiempo.
Recuerdo una ocasión en que daba yo una charla sobre la Sábana Santa de Turín. Uno de los asistentes, y era un profesor, dijo: “Jesucristo era socialista”. Yo le respondí: “No. Era comunista. Pero con un comunismo de amor”. Se quedó sin saber qué decir. Esa es la Revolución que el mundo, y España, nuestra España de hoy y de siempre, necesita. El odio engendra odio. “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”. Ya lo dijo el primer “comunista” en Getsemaní, a Pedro: “Mete tu espada en la vaina. El que a espada hiere, a espada muere”. “Amad a vuestros enemigos”.
Gandhi, Martin Luter King, Juan Pablo II, el mismo Jesús de Nazaret son el ejemplo de la oposición, violencia no activa. Ya lo dijo Gandhi: “Los tiranos, el mal, parece que vencen, pero al final siempre vencen la verdad, el bien y el amor”.
Vaya, como colofón, este pobre poema, ¡ojalá fuera poesía! llamando a la paz, a la concordia, al amor.
El arte une a los pueblos
si la revolución es del alma;
si el diálogo, en paz, suple
el terrible lenguaje de las armas.
Trece rosas rojas,
Paracuellos del Jarama,
Federico García Lorca,
iglesias y conventos en llamas.
¿Qué diabólica cizaña?
¿Qué locura nos enfrenta?
¿Qué locura nos separa?
La verdad no se impone.
Hay que saber conquistarla.
Vamos a abrazarnos, primero,
luego, vayamos, juntos, a buscarla.
“¿Tu verdad?. No.
Guárdatela.
La verdad.
Y ven, conmigo, a buscarla”(Machado)
Ella nos hará libres,
siempre que caminemos juntos,
de odios y de venganzas.
¡Viva la revolución del amor,
la Revolución de las almas!














del.icio.us
Digg



Envie sus comentarios