Cuando se está perdiendo la Fe
“Lo bueno de los milagros es que, a veces, ocurren” (G.K.Chesterton) El título de este artículo es el de un libro de edición antigua, 1972, de carácter apologético, que basa sus argumentos en una mezcla de razonamientos exhaustivos y sentido común.
Con datos documentales, reales, comprobables, científicos, históricos, actuales, contemporáneos. Una labor ingente para satisfacción de creyentes e imposibles de negar para el no creyente que sea de buena fe, sincera y abierta a toda posibilidad.
Porque en algunos casos de curación milagrosa se falsificó el diagnóstico posterior a la curación.” Aquí intervino la mala fe. Pero es lógico que éste sea el último recurso del que se resiste a creer”.
Copio, del capítulo que el autor llama.”Las huellas dactilares de Dios”, el siguiente apartado: “Las evasivas de un Premio Nobel de Medicina”. Y, por esta vez, con perdón por la falta de original mío, me limito a transcribirlo, en la seguridad de que despertará el interés y hará reflexionar a más de uno. Antes, había afirmado que “me parece que no se ha explotado suficientemente la enorme fuerza apologética de Lourdes”.
“Esto me recuerda, dice el autor, el caso de Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina, que él mismo nos cuenta en su libro “Viaje a Lourdes”. Era escéptico. Entre los enfermos había una mujer, Marie Bailly. El la había escogido entre los enfermos, por parecerle el caso más desesperado. Llegó a decir: “Si ésta curara, sería un milagro verdadero. Entonces, creería y me haría fraile.” Tenía una peritonitis tuberculosa en último grado. Sus padres murieron tuberculosos; ella ha tenido llagas tuberculosas, cavernas pulmonares y desde hace ocho meses una peritonitis diagnosticada entre otros por Bromillboux, el conocido cirujano de Bordeaux. “Temo que se me quede muerta entre las manos. Me he visto obligado a ponerle inyecciones de cafeína. Se encuentra en el último grado de la caquexia. El corazón late sin orden ni concierto. Morirá pronto; tal vez pueda vivir unos días: está sentenciada”.
Los familiares le pidieron permiso para llevarla a las piscinas. “Y si muere en el camino,¿qué hará usted?, contesta Carrel. En esto entró otro médico en la sala. Carrel le pide su parecer. La examina, la ausculta. “Es la agonía- dice-, puede morir antes de llegar a la gruta”. La llevaron de todos modos porque ¿Ya qué más daba? Van a intentar “el imposible prodigio de la resurrección de una muerta”, dijo Carrel. Pues bien, minutos después, Carrel, que se había colocado detrás de la camilla de la enferma “que respiraba anhelante como si estuviera en la agonía, se sintió palidecer. Vio cómo de repente el cobertor sobre el vientre hinchado de la enferma, empezó a descender. Sacó la estilográfica y escribió sobre el puño de su camisa: las 2,40. A los pocos minutos, la hinchazón había desaparecido por completo. “Creo que me volveré loco, pensó Carrel. Se acercó a ella, la examinó: “¿Cómo se encuentra usted?” “Muy bien, no con muchas fuerzas, pero siento que estoy curada”.
Una enfermera le llevó una taza de leche y la bebió; se reclinó sobre un costado sin dolor. Después más tarde él la volvió a examinar: estaba completamente curada; las masas duras habían desaparecido. Otros médicos la examinaron. Los pulmones estaban también curados. Pero ¿cuál fue su reacción? “A lo mejor me equivoqué en el diagnóstico. Me parece imposible, pero está la historia de la enferma. Padece tuberculosis desde los ocho años, escupe sangre, cavernas, etc.” Pero “ a lo mejor me equivoqué”. No se hizo fraile. Pasaron bastantes años antes de que, por fin, se convirtiera al Catolicismo. Cuando ya era famoso, cuando había ganado el Premio Nobel.
“Quizás en ninguna parte como en Lourdes se reúnen de una manera tan completa y exigente las dos condiciones que hemos exigido en el milagro: una comprobación científica rigurosa de los hechos y ese carácter de respuesta a una súplica hecha al Ser supremo y bondadoso que presentan. Por de pronto en Lourdes funciona desde 1882, es decir, desde veintidós años después de las apariciones, una Oficina de Comprobaciones médicas de manera permanente, fundada por el Dr. Durot (B.C.M.= Bureau de Constatations Medicales), A cuyo frente a lo largo de los años ha habido diferentes médicos como presidentes. Esta oficina acepta la inscripción de cualquier nacionalidad, de cualesquiera creencias y convicciones filosóficas y religiosas: católicos, protestantes, judíos, hindúes, ateos, racionalistas, etc.etc., con tal de que sean médicos. Más de 50,000 médicos en esos primeros años. Ya esto es un síntoma.
Por de pronto es el único punto de la tierra donde esto sucede.” Hasta aquí el texto copiado. Expone más casos, y se excluyen las curaciones de enfermedades nerviosas.
Hace 24 años yo estuve en Lourdes. Impresiona ver en el Hospital las radiografías anteriores de un cáncer y la posterior de curación. Se descartan los posibles casos de sugestión. Pero hay personas, hasta niños, que entran en las piscinas inconscientes y se recuperan de la enfermedades en las que falta materia orgánica, varices monstruosas, etc. La impresionante procesión nocturna del rosario, en todos los idiomas, de las antorchas, la gruta, el agua, el silencio y el respeto…”El mundo está muy alterado. Rezad por los pecadores” .Ese es el mensaje. Bernadita Soubirou, asmática, analfabeta, pobrísima, recibió ese mensaje. Hoy, Santa Bernardita.
En la parábola del Rico Epulón y el pobre Lázaro, Jesús, en boca de Abraham, contesta al rico que pidió enviar a un muerto a su familia para avisarle de la existencia de ese lugar de tormento para los que vivieron como él, despreciando al pobre: Tienen la ley y los profetas; y si a ellos no creyeron, tampoco creerán aunque un muerto resucite”.
Puede servir este texto y mi experiencia para reflexionar, al menos, y salir de esos esquemas mentales que niega toda posibilidad más allá de lo que vemos y tocamos.














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