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EN EL DIA MUNDIAL DE LA PAZ

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Se corría la leyenda de que los cartujos se saludaban con las palabras, casi lúgubres: “¡ Hermano, morir tenemos!” Y la respuesta al saludo:” ¡Ya lo sabemos!” Falso, como tantas “leyendas negras” que todavía circulan entre personas y grupos sociales que arrastran ideas y actitudes, muchas veces, hostiles sobre la vida de las órdenes religiosas, sobre todo las de vida contemplativa, de clausura.

No está bien y es injusto hablar, y menos aún, criticar y atacar aquello de lo que no se sabe. Fruto de cierta malicia, además de ignorancia.
        Yo estuve tres días en la Cartuja de Jerez, haciendo vida exactamente como los monjes. Tenía unos diecinueve años y quería conocer su vida.
         El saludo, alegre y luminoso, era:” ¡Laudetur Iesuschristus”!( ¡Alabado sea Jesucristo!). Cuando un cartujo muere, ese día es de fiesta. Rompen el voto de silencio, y reciben la muerte sonriendo. No abren proceso de canonización, por humildad y pobreza, aunque algunos cuerpos han sido hallados milagrosamente incorruptos. El trabajo en la pequeña huerta individual, el silencio, la oración, el ayuno, el canto gregoriano interrumpiendo el sueño a media noche, el estudio y la Eucaristía llenan su tiempo. Después de comulgar se van directamente a sus ocupaciones como un acto más de su vida diaria. 
Su lema es :”Stat Crux dum volvitur Orbis”(La cruz está firme mientras el mundo se agita)
          Hablamos de paz. Deseamos la paz.Buscamos y defendemos la paz.
          Pero ¿qué clase de paz?
          Al cruzar el umbral de la cartuja, entré en un mundo de verdadera paz.Atrás quedó el mundo y sus ruidos. El silencio sagrado, sólo interrumpido por el canto gregoriano, el ruido de las azadas en las pequeñas huertas y el fru-frú de los hábitos de los monjes por el claustro, aumenta y enriquece el silencio interior.
          Comprendí y viví que la paz nace en el interior del hombre.
          “La paz os dejo. Mi paz os doy .No como el mundo os la da os la doy Yo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.” Es la paz de Cristo.
           En la Semana Santa, el Domingo de Ramos, acompañamos, sobre todo, los niños, a Jesús a su Entrada en Jerusalén, montado sobre un pollino. Por eso se llama La Pollinica. Rey pacífico sobre un manso borriquillo es lo opuesto de los reyes que entraban en briosos caballos en la ciudad conquistada con la fuerza de las armas. Imponían la paz, su paz, con la violencia.
             Jesús lloró, contemplando Jerusalén, su patria amada, desde la colina donde se divisaba. Y Jerusalén significa “ciudad de la paz”. Y exclamó: ¡ Si conocieras lo que hoy te conviene para tu paz! No has querido conocer el tiempo de esta visita.” Todavía resuenan las otras palabras proféticas. “¡ Jerusalén, Jerusalén, que  matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados, mensajeros de  paz! ¡ Cuántas veces he querido acoger a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo sus alas y tú no has querido! Por eso, llegará el día en que tus murallas serán derruidas, serás asolada y no quedará en ti piedra sobre piedra!” Jerusalén fue destruida totalmente por el futuro emperador Tito, en el año 70 d.C. Lo mismo que el Imperio Romano, como tantos imperios, cayó más por la degradación moral que por la invasión de los bárbaros.
             Hoy, nuestro mundo, nuestra Europa descristianizada que está rechazando  la visita a nuestro mundo del Mensajero de la verdadera paz ¿conocen lo que conviene a su paz?
             El llanto de Jesús, el llanto de Dios, contemplando su querido mundo, porque si no lo amara no lo habría creado, nos dice lo mismo: ¡ Cuántas veces he querido acogeros como la gallina acoge a sus polluelos bajo sus alas y no habéis querido! No hay palabras más tiernas y acogedoras salidas de un corazón tan humano como divino.
              Este mundo nuestro apedrea, tortura, mata y extermina hombres y pueblos, a todos los mensajeros de paz. La soberbia diabólica, la ambición de poder y riqueza que somete y humilla al pobre, desprecia al humilde, se ríe de la justicia  y se recrea en la crueldad. La droga, la corrupción, la delincuencia y el terrorismo han invadido hasta los más altos niveles de la sociedad.
               Por eso, esa profecía también puede cumplirse aquí: el rechazo consciente de los mensajeros de la paz y del amor, mensajeros de Dios, está provocando la autodestrucción de hombres y pueblos. Dios no castiga. Son ellos mismos los que se castigan. Las guerras civiles, los genocidios, las armas nucleares…
               ¿Qué pretende el hombre? ¿El Apocalipsis? ¿La destrucción de sí mismo y del planeta?¿De esta patria nuestra, el mundo, no va a quedar piedra sobre piedra?
                “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.
                ¿DÍA MUNDIAL DE LA PAZ?

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