IBRAHIM EL GUERVI
En aquellos días en que la ciudad andaluza de Málaga resistía estoicamente el cerco a la ciudad, formado por las tropas cristianas, sucedió que un musulmán, de nombre Ibrahim el Guervi...

En aquellos días en que la ciudad andaluza de Málaga resistía estoicamente el cerco a la ciudad, formado por las tropas cristianas, sucedió que un musulmán, de nombre Ibrahim el Guervi, harto ya de aquel terrible asedio, decidió poner fin a esta situación, atentando contra la vida del rey Fernando. Para ello urdió un plan, el cual consistía en ir al campamento cristiano y ofrecer sus servicios y traición a su pueblo a cambio de una buena bolsa de oro y su posterior libertad. Sus servicios consistían en decirle al rey y solamente a él, un lugar por donde las tropas cristianas podrían acceder al interior de la Alcazaba de la ciudad.
Los capitanes cristianos abominaron de las intenciones del traidor musulmán, pero a pesar de ello vieron en aquella traición un modo de acortar aquel duro asedio, que ya comenzaba a hacer mella en las huestes cristianas.
Le condujeron a un patio mientras meditaban sobre la conveniencia de llevarlo ante el rey y para ganar tiempo le dijeron que sus majestades estaban descansando y que debía aguardar algún tiempo.
Ibrahim el Guervi, quedó junto a unas tiendas de campaña, siendo vigilado por unos soldados. En un momento en que la soldadesca no vigilaba, dado que se habían confiado y pensaban que no debían temer nada del renegado, éste comenzó a mirar con todo disimulo, por entre las rendijas de las tiendas. En una de ellas observó que se encontraban dos distinguidas personas jugando al ajedrez, éstas eran doña Beatriz de Bobadilla y don Álvaro de Portugal. El musulmán pensó que por sus ropajes no podían ser otros que los monarcas y sacándose del pecho una daga, aprovechó aquel momento de descuido para abalanzarse sobre ellos hiriendo gravemente de una cuchillada en la cabeza a don Álvaro de Portugal e hijo del Duque de Braganza, luego saltó como un felino sobre doña Beatriz de Bobadilla, pero fue interceptado por la espada de don Ruiz de Toledo y la dama se salvó de la agresión.
Los gritos del fraile que pedían ayuda, hicieron venir a la guardia y a su comandante don Tristán de la Seña, quienes rápidamente redujeron al agresor hiriéndole de muerte.
No contentos con esto, los soldados descuartizaron el cuerpo de aquel musulmán en varios pedazos, separaron la cabeza, las manos y los pies del tronco y lo pusieron sobre la cuchara de una catapulta, lanzando los restos, como escarmiento, detrás de las murallas del castillo.
Ante aquel terrible espectáculo, el faquí de Guadix, clamaba venganza.
En las mazmorras del castillo musulmán, se encontraba prisionero un noble gallego, sus hijos y esposa, además de otros familiares. El de Guadix mandó sacar al noble cristiano y así lo hicieron ante la desesperación de sus familiares que veían que su padre y esposo iba a ser ajusticiado en venganza por lo ocurrido con el Guervi.
En la plaza de armas del castillo, los musulmanes ejecutaron al gallego, cortándole la cabeza, los pies y las manos, luego ataron todos los miembros por separado en un asno y le azuzaron para que se dirigiera al campamento de los cristianos, portando tan tétrica carga.
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