(Antonio Serrano Santos) Este artículo va dirigido, especialmente, a los católicos que se dicen no practicantes,pero católicos. A los indiferentes pero que, en su vida social, generalmente, practican el “ cumplimiento” en las ceremonias religioso-sociales de sus amistades, familiares y demás: entierros, bodas, bautizos, primeras comuniones…A los demás nos vendrá bien un repaso de la autenticidad y actualización de nuestra fe en una España convulsa, multicultural religiosa, social y políticamente. Estas actitudes, muchas veces por ignorancia y sin malicia, hacen más daño a la credibilidad de la Iglesia que los ataques de sus adversarios.

Dicho esto con todo el respeto que merece, tanto la conciencia como la manfestación, o no, de la fe, externamente, porque no se trata de imponer sino de manifestar un hecho de cristiano a cristiano en el seguimiento de las palabras del Señor: “ El hermano ayudado por el hermano es como una ciudad fortificada contra la que no puede nada el enemigo”. Y su mandato: “ Amaos como Yo os he amado”. “En eso conocerán que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros como Yo os he amado”. “ Si tu hermano falta, ve y corrígele a solas, y si no te hace caso, díselo a la iglesia, y si te hace caso, habrás ganado a tu hermano”.

Desde este medio, es como si se le tratara a solas, ya que es imposible de persona a persona. Pero en el anonimato de este medio, cada cual lo puede tomar así. Desde la más profunda humildad, reconociendo, también, nuestros fallos, nos atrevemos a decir, en nombre de la Iglesia, del amor de Jesús y de la verdad que nos hace libres y auténticos:

Manifestarse católico pero no practicante, es como decir que uno es médico pero no practica la medicina. No tiene sentido ni lógica. ¿Razón de esa postura?: Falta de una auténtica fe, comodidad, superficialidad, desconocimiento o ignorancia. Y se descarta, en general, mala voluntad. Herencia familiar de prácticas exteriores sin haber llegado al profundo sentido de la religión, del amor de Dios, y, quizás, una idea de un Dios policía, más que de un Padre, que, por obligar a las prácticas reigiosas que van, casi siempre, contra la comodidad y desgana, aleja, en vez de acercar, a Dios y a la religión. Sus oraciones, personales y de iglesia, suelen ser rutinarias, como decía Jesús y los profetas en palabras de Dios Padre, del pueblo judío, sobre todo de sus sacerdotes, fariseos y escribas: “ Este pueblo me honra con sus labios pero su corazón está lejos de Mi”. Cuando se dice que “ no me gusta ir a la iglesia” pero se reconoce católico, es el resultado de lo dicho antes. No se conoce ni valora la misa, por lo que no se ama lo que no se conoce. Por lo que una reflexión profunda, un despertar el interés por un mejor conocimiento de la religión, de los sacramentos, un consultar las dudas, un trato íntimo con Dios, con Jesús, de lo que todo depende, puede ser la solución de este incongruente estado lamentable de vida cristiana que no da paz y esclaviza a una costumbre que no satisface y eso lo saben muy bien ellos.

Ateniéndonos a la fuente de nuestra fe que son los evangelios y la enseñanza de siglos de la Iglesia de la que recibimos el conocimiento de Jesús, sus enseñanzas y la misma Iglesia, que somos todos los cristianos, no sólo el Papa y el clero, cuando vamos a misa, la Eucaristía, estamos haciendo caso del mandato de Jesús: “ Esto es mi cuerpo, que se entraga por vosotros, este es el cáliz con mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA”. Ésa es la misa. Todo lo demás es preparación con el evangelio, el Padrenuestro…y acción de gracias, después. Por tanto, decir “haced” esto, es un mandamiento, de amor, pero mandamiento. Guste a no guste. Porque no se trata de gusto, sino de necesidad. “El que recibe mi cuerpo y bebe mi sangre, tendrá vida eterna”, por tanto el que no lo recibe se expone a no recibirla, al menos los que lo saben y no lo hacen. Los mandatos no suelen gustar porque muchas veces van contra nuestra comodidad y gusto. Pero si se mandan por amor, porque nos conviene, son necesarios abedecerlos, como unos padres mandan a sus hijos que sean estudiosos, obedientes, educados, sanos…les guste o no. Se dice, muchas veces, que no ir a misa, antes era pecado mortal. Pero es que hoy también puede ser una falta grave. Y lo explicamos. No se trata de pecado, sino de necesidad, de obedecer el mandato del Señor. Si no se va a misa, por una necesidad urgente de caridad, enfermedad, y casos así, por supuesto que está bien; pero si no se va, desobedeciendo el mandato de Jesús, por comodidad, pereza, indiferencia, por no darle importancia, eso es una desobediencia, un desprecio al mandato y al amor del Señor y que la Iglesia recoge como un verdadero deber grave,por lo importante que es el amor a Dios expresado como Él nos pide; porque el Señor no aconseja conmemorar lo que mandó, sino lo manda, es imperativo, no consejo: ” Haced esto en conmemoración mía” y no sólos sino con los demás, conmemorar significa celebrar con, “ memorar con” . Ese es el sentido de la eucaristía de los domingos, y   debe ser el domingo, porque es el día de la resurrección del Señor y promesa de la nuestra. La Iglesia lo transmite, no lo inventa, desde el principio de la Iglesia. Y manda, como buena madre, lo que Jesús le encargó. De esta gravedad disculpa la ignorancia la enfermedad, la caridad urgente con alguien y casos así,  pero no disculpa su conocimeinto ni la actitud permisiva y el criterio de pasar la misa del domingo a otro día o no ir por por comodidad sin darle la importancia grave que tiene. Grave es porque grave es el mandato del Señor.

Y el “ haced esto en conmemoración mía” lleva también el mandato de amor¡ y qué amor! de recibirlo en la sagrada Comunión. La misa, eucaristía, que significa acción de gracias, es una comida, un banquete, sagrado, y   en una comida familiar, de celebración, no tiene sentido, no hay “ común unión” si no se come. Una familia se reune y comen juntos, hablan, se quieren, es alegría. Y ése es el sentido de comulgar. Ir a misa y no recibir la comunión es otra actitud ilógica, si se puede comulgar, y no se hace. ¡Cuánto amor hay en ese momento de unión real, realísima con Jesús!. Es el momento más importante del día y de la vida!

Otro mandato de amor que muchos de éstos no practicantes olvidan:  “ Yo me confieso con Dios”. Suelen decir. Una postura cómoda, más. Pero si leen el evangelio, verán que dice Jesús: “ A los que perdonéis los pecados les serán perdonados y a los que se los retuviéreis les serán retenidos”. Les dio el podeer y el mandato de perdonar ellos. Y ellos también tienen que ser perdonados. Desde el Papa hasta el último sacerdote, tienen que confesarse, porque perdonar los pecados no es un poder de ellos, sino dado por el Señor, de modo que no pueden perdonarse a sí mismos. “ Ser o no ser. Ësa es la cuestión”. Católicos consecuentes o no serlo. Y todo por puro amor de Dios a nosotros y de nosotros a Dios y entre todos.  No es cómodo ser católicos,y más hoy; pero siéndolo de verdad, es la inmensa satisfación de lo heroico y verdadero.Por eso el católico, hoy es un “mártir”, un testigo del amor de Dios, de Jesús, en el mundo.

Un obispo chino, como tantos otros, en la cárcel, consiguió unas pasas y con su jugo consagraba y comulgó así muchos años. Eso y el rezo del rosario lo mantuvo en su fe.

“ Martirio es el dolor de cada día/ si en Cristo y por amor es aceptado/.Lento fuego de amor / que, en la alegría/ de servir al Señor, es consumado”.