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Mercedes López
HASTA LUEGO ABUELITA
No
hay nada en este mundo
que nos pueda hacer
flaquear más que la
muerte de un ser querido
incluso cuando ese
fallecimiento lo
esperabas, pero cuando
hallas un sentido del
porqué, ese sufrimiento
se supera y te ayuda a
afrontar de otra forma
esa pérdida. Son muchas
las formas de expresar
esa aflicción, llorar,
callar, escribir…
Este fin de semana
falleció mi abuela con
99 años y medio, llegó
su día, ese día del que
casi todos evitamos e
ignoramos hablar de su
existencia pero que en
cambio a todos nos ha de
llegar. Hoy en su misa
de despedida el cura nos
preguntó a los presentes
que cuántos creíamos que
llegaríamos a la edad de
mi abuela y ninguno alzó
la mano; también nos
aconsejó que habláramos
de la muerte porque es
lo único seguro que
tenemos en esta vida,
que lo hagamos sin
temores y desde la
esperanza, esa que nos
da la fe cristiana y a
tantos nos consuela.
Cuando se lo he
comunicado a mis
hijos, Sandra rompió
a llorar, gritar y
afirmar que ya no
creía en Dios ni en
la Navidad, que era
injusto que su
bisabuela muriera
sin celebrar ese
cumpleaños
centenario que la
familia estaba
preparando para
Mayo, que ahora
quien le iba a
contar todas esas
historias de la
guerra, de su barrio
(esas historias que
cuando yo era niña
también escuché
cientos de veces)…
Ha sido entonces
cuando en una
encrucijada por unos
segundos he sido la
nieta dolida y la
madre que debe
consolar a una hija,
una tarea difícil
sin respuesta en los
libros sino en la
madurez de la vida.
Ha sido entonces
cuando le he dicho a
mi hija, que la
abuela tuvo la
suerte de vivir
muchos años pero su
día ya había
llegado, que no debe
estar triste sino al
contrario feliz ya
que la abuela por
fin estas navidades
se reencontrará con
el abuelo, hermana y
amigos, que la
muerte no es el fin
sino todo lo
contrario el
principio; que todas
las historias que le
contó las guarde muy
bien en su corazón
porque es muy
afortunada al
heredar ese gran
tesoro y que cada
vez que salga a
cantar un villancico
piense que ella
estará en algún
lugar escuchándola.
¿Quién no ha oído
alguna vez las
historias de una
abuela? La mía
también me contó
muchas, pero había
una en especial que
ella contaba con la
sonrisa ingenua de
una niña enamorada y
que hoy os quiero
trasladar como
despedida y homenaje
a ella.
Trataba de cuando
conoció a mi abuelo,
tendría unos trece o
catorce años, allá
por el año 1920-21.
Una amiga le pidió
que le acompañara a
casa de su hermana
que vivía al final
de la calle. Mi
abuelo Juan vivía en
la misma casa de
vecinos que la
hermana de ésta. Fue
allí donde la
conoció y
sencillamente se
enamoró. Hizo muchas
preguntas en torno a
ella, ¿quién era?
¿Cómo se llamaba?
¿Dónde vivía?... Un
día mientras mi
abuela jugaba con
sus amigas en la
calle, una niña
preguntó quién era
Mercedes y le
entregó una cartita,
era una declaración
de amor. A partir de
ese instante comenzó
el más bonito
romance que jamás
oí. Otro peculiar
personaje de esta
historia era
Matilde, la cotilla
del barrio, si
querías saber algo
sobre alguien solo
tenía que
preguntárselo a
ella. Vivía en la
misma casa de
vecinos que mi
abuela y siempre le
contaba a la Lola
(hermana de mi
abuela) lo que hacía
o dejaba de hacer mi
abuelo. Tras
escuchar esta
historia escribí un
romance y aún
recuerdo a mi abuela
riéndose y
diciéndome:
-Chiquilla si parece
que estabas allí…
Matilde tras los
visillos
se esconde de
madrugada
para contarle a la
Lola
como fue la serenata
que Juanillo el de
la esquina
le dedica a su
hermana.
La Lola que es cosa
seria
a Mercedes le regaña
mas dibujada en su
cara
una sonrisa marcada…
palabras no
necesitan,
la niña está
enamorada
Y en su puerta cada
noche
cuando llega el alba
clara
se encuentra ese tal
Juanillo
cantándole con el
alma
Mercedes está
dormida
y en su mano una
carta
en la cual él le
confiesa
que la quiere y que
le ama.
Los niños se han
hecho novios
ternura y amor
derraman,
me lo ha dicho la
Matilde
que los vio por la
ventana.
Una de las coplillas que
mi abuelo Juan dedicaba
a mi abuela decía así:
En esta puerta me paro
Y espero que el alba
venga
Yo mi boca la preparo
Y digo con voz serena…
Tú eres Mercedes,
“Luceros Claros” |