(Antonio Serrano Santos) Este artículo no es un “ sermón”, ni una cosideración puramente religiosa. Es una reflexión en estas escenas de la Pasión de Jesús, para comprender una aparente y sorprendente contradicción que puede hacer dudar de la realidad de lo que allí se dice y de los contenidos de fe sobre la vida, conducta y palabras de Jesús.Y que, al llegar a lo más profundo de esta reflexión, nos puede argüir sobre nuestra vida, conducta y palabras. Como un argumento “ ad hominem”.

        La oración de Getsemaní y las palabras de Jesús en la crucifixión son los momentos más misteriosos, contradictorios y, a la vez, los más necesarios para le fe y para toda la Humanidad. En ningún otro momento de la vida de Jesús llegó éste a identificarse tanto con el hombre, ni el hombre tan identificado con Él.

       “ Padre mío, todo te es posible. Aparta de mi este cáliz”. En el huerto de los Olivos. “ “¡ Dios mío!¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”, en la cruz. Terribles,misteriosas, turbadoras palabras. Hacen temblar nuestra fe, dudar de Jesús. ¿ Cómo puede decir y sentirse así? ¿ No decía que estaba deseando que llegara ese momento?” Con un  bautismo de sangre he de ser bautizado, ¡y cómo estoy deseando que llegue!”. ¿ No era el mandato que tenía ,y quería hacer, de su Padre? ¿ Cómo ahora no quiere? Su resistencia es tan grande que llega a sudar gruesas gotas de sangre. Aunque, luego, se desdiga, y acepte la voluntad del Padre antes que la suya, lo ha dicho: no quería.

        “¡ Dios mío! ¡ Dios mío ¿ Por qué me has abandonado?” Siempre dijo que Él no está solo. Que el Padre está con Él. “ Todos me abandonaréis y me dejaréis solo, pero Yo no estoy solo porque el Padre está siempre conmigo”. ¿ Cómo se explica ahora ese grito: “ Eli, Eli, lema sabachtani¡” hasta el evangelista lo dice en hebreo. ¿ Cómo se siente, con un grito como desesperado, solo, abandonado del Padre? 

        Y es que nos sobrecoge el misterioso e inmenso amor de Dios en Jesús. Toda triste soledad, todo dolor humano, toda desesperación, todo abandono, toda agonía y muerte, toda injusticia humana, todo llanto, es asimilado y asumido, realmente,   en esos momentos, por Jesús.Toda la historia de la maldad humana cuyas imágenes, también, le hacen temblar, llorar y sudar sangre. Nunca estuvo el hombre más identificado con Jesús ni Jesús con el hombre. Hasta el punto de que habrá que preguntarse, en el colmo del misterio, si no habrá querido Jesús, su alma humana, prescindir del sentimiento de la presencia del Padre, como prescindió de sus poderes para sufrir, en todo su rigor, la pasión y muerte. Y , por eso, ese grito de abandono. Pero la respuesta de Jesús a la súplica del bandido arrepentido, es una prueba más de que su abandono es un sentimiento, pero no una realidad: “ Te lo aseguro; hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

         ¡ Cuántas veces hemos dicho, ante una imposibilidad:” ¡ sea lo que Dios quiera!” Pero, antes, no queríamos. Y “ ¿ Por qué permite Dios estas cosas?” Y cuando llegue la hora de nuestra muerte nos sentiremos, seguramente, como solos y abandonados de todos y de Dios, porque ya nada pueden hacer por nosotros. Y la desesperación rondará nuestro corazón. Y nuestra naturaleza, como la de Jesús, se rebela.¡ No quiero morir!

         Todo eso aparentemente contradictorio no es más que un inmenso plan de amor y misericordia divinas. Dios sabe lo que hace y quiere. Y quiere y ama a su Hijo y a nosotros y no nos abandona. Ya lo tenía previsto: las palabras de Jesús en la cruz son exactamente las mismas, las mismas del comienzo del salmo 22: ¡Dios mío! ¡Dios mío!. ¿Por qué me has abandonado?” Siglos antes se anunció. Y va describiendo con asombrosos detalles los pasos de la Pasión del Mesías: condenado por un juicio inicuo, escupido, azotado, traspasados los pies y las manos, reparto de sus ropas y sortear su túnica , hiel en su sed, herido por los pecados de su pueblo, inocente, llevó sobre él nuestras maldades, y los insultos de los que le contemplaban. ..Entre el salmo 22 y la profecía de Isaías setecientos años antes, está anunciada toda la Pasión de Jesús.

         Lo que parecía contradicción en Jesús, en sus palabras y hechos, resulta que es la forma de demostrarnos que tanto nos quiere Dios que  en Jesús toma nuestra naturaleza humana con todos sus dolores y angustias, soledades y abandonos, todo lo humano y débil nuestro, agonía y muerte. Porque amar es identificarse con la persona amada en todo. Misterio de dolor, misterio de amor. Misterio, pero de amor. Por eso Jesús terminó aceptando la voluntad del Padre. Y llevarnos, así, también a la resurrección, al destino feliz que el Padre tiene preparado, porque así es como termina la Pasión y muerte de Jesús y la nuestra. Si aceptamos, como Él, la voluntad de Dios. Las tristezas de la vida, tiene su respuesta en  la alegría de la esperanza cristiana. No estamos solos ni abandonados.