(Antonio Serrano Santos) Toda obra es reflejo de su creador. Causa admiración las grandes obras de arte y es de agradecer la belleza con que regalan a nuestros ojos, a nuestra contemplación, algo que nos eleva por encima de las nimiedades de este mundo. El arte clásico greco-romano, el Greco, Picasso, Rubens, Miguiel Angel, Da Vinci…Todas esas admirables obras a través de los siglos, nos dicen el gran sentido de estos creadores de la belleza, su inteligencia creadora de tanta maravilla.

El universo entero, con los seres humanos habitantes de la Tierra, es, también, la obra de una inteligencia superior a la del hombre. Una inteligencia que es, al mismo tiempo, bondad, también, superior. Como dice Ramón Tamames, conocido economista, antiguo comunista, en su última obra: “ La grandiosidad del universo y la existencia del hombre no se debe al azar. La ley de probabilidades no sirve. Si yo bombardeo el desierto del Sahara con un millón de letras, nunca se formará el Quijote. En la grandiosidad del universo y la existencia del hombre yo intuyo la presencia de Dios.” En la naturaleza hay cosas buenas y necesarias para la vida : agua, aire, sol, frutos de la tierra y del mar.Por lo que no solo es inteligencia, sino también bondad. Lo que debe suscitar, no solo admiración, sino, también,  agradecimiento y amor.

Toda obra es reflejo de su creador. Si Dios es el creador de esta grandiosa obra del universo y de la existencia del hombre, tiene que reflejarse en ellos su Creador.

De esta lógica natural, pasamos a otra, “ sobrenatural”. Lo sobrenatural no es algo contra lo natural, sino algo sobre lo natural. Es más, lo sobrenatural puede mejorar, perfeccionar lo natural sin necesidad de anularla. En la enseñanza católica, basada en las palabras y enseñanzas, y hasta en el mismo ejemplo personal de Jesús, el cuerpo humano puede llegar a su perfección, siguiendo el modelo de Jesús resucitado, a la resurrección y a ser cuerpo glorioso, cuerpo material, pero glorioso, sin dejar de ser cuerpo. Inmortal, sin estar sometido a las leyes de tiempo y espacio. Con una vida eterna que no consiste en una duración sin fin, que sería una contradicción, sino en una cualidad del ser por la que el hombre “ trasciende  los límites del ser humano, algo para lo cual está predispuesto desde la creación, como esperanza y posibilidad, por su semejanza con Dios”.

Siguiendo con la lógica sobrenatural, si en Dios hay tres Personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, distintas entre sí, pero que poseen la misma Naturaleza Divina, tiene que haber en su obra creadora, como Creador que es , y como en lógica natural sabemos, un reflejo suyo, un reflejo de las Tres Personas Divinas. Y vemos que, en efecto, los hombres y mujeres, como seres humanos todos, son personas; distintas e irrepetibles unas de otras. Distintas como personas, pero idénticas en cuanto a poseer la misma naturaleza: la naturaleza humana. No son tantas naturalezas humanas como personas hay, sino una sola naturaleza compartida. Las Tres Divinas Personas, son distintas como Personas, con la misma Naturaleza divina. Por lo que no son tres dioses, sino uno solo por poseer la misma naturaleza divina.

Claro que esto es un misterio incomprensible para la mente humana. Pero no cabe duda de que las personas humanas son un verdadero reflejo de las Personas Divinas. De ahí el valor sagrado de cada persona, diganas de ser respetadas y amadas como al mismo Dios. Esa es la enseñanza cristiana.  El que algo sea un misterio no quiere decir que no exista, sino que no se comprende. Como los “misterios” descubiertos por la ciencia que existían, aunque no los comprendiéramos, hasta que se descubrieron. Ya dijimos que esto corresponde al ámbito de la fe, pero que, dentro de ella, es lógico, con lógica sobrenatural y que podemos deducir, con razonable criterio, de la observación de esos reflejos en la obra de la creación y, especialmente, del ser humano.

De esto, se pueden deducir más reflejos del Creador en su obra. Dijimos, antes, que no solo era inteligencia superior, sino, también, bondad superior. La persona humana posee inteligencia, voluntad y libertad. Solo la persona humana. Exactamente igual que su Creador. Por la primera, razona, crea, inventa; por la segunda, puede amar, querer, sentir; por la tercera, puede decidir, elegir. Es la mejor manifestación como reflejo de su Creador.

“ Si las cosas de Dios fueran fácilmente comprensibles para los hombres, no se dirían extraordinarias ni maravillosas.” Muchos sabios, santos y teólogos, han estudiado este inefable misterio de la Trinidad en Dios. Pero a los sencillos, humildes y puros de corazón, les llega alguna luz, a intuir algo de su misterio. Santa Teresa de Jesús y Santa Isabel de la Trinidad son los mejores ejemplos. Porque” ¿ De qué  te sirve saber altas cosas de la Trinidad si no eres humilde, por lo que desagradas a la misma Trinidad?”.

En teología y en la Tradición cristiana, se atribuye al Padre la obra de la creación; al Hijo, la de la Redención; y al Espíritu Santo, la santificación y el llevar a cabo la consumación y cumplimiento del plan de Dios Padre sobre la historia de la Humanidad y de toda la creación. A Él invoca el sacerdote en la misa para que se convierta el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Él es el que en el Bautismo, libra del pecado original y santifica el alma. El es el que perdona los pecados y devuelve la gracia en el sacramento del perdón: “ Recibid el Espíritu Santo: a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados…” Concedió Jesús a su apóstoles y sucesores. En la ordenación de diácono dice el obispo, poniendo una mano sobre la cabeza del que se ordena: “ Accipe Spiritum Sanctum ad robur, et ad resistendum diabolo et tentationibus eius, in nomine Domini”: “Recibe el Espíritu Santo, para fortaleza y para resistir al diablo y a sus tentaciones, en el nombre del Señor”. Él es el que “ os llevará a la verdad completa y os recordará todo lo que Yo os he dicho” les dijo Jesús.

Pero, en realidad, esas acciones de cada uno son acciones de los tres, como un solo autor por ser uno en su divinidad, aunque distintos como Personas. Es la forma de entender o saberlo con nuestra mente limitada. En el Nuevo Testamento, tanto en los evangelios, como en las cartas de San Pablo y los Hechos de los Apóstoles, las referencias al Espíritu Santo son frecuentes y maravillosas: “ En la última cena Jesús habla de él y de su misión. San Pablo dice: “ ¿ No  sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita dentro de vosotros?”. La filósofa judía, atea, gran conferenciante europea, convertida al catolicismo, y luego, religiosa carmelita, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, víctima en las cámaras de gas de Auswit, decía y se preguntaba: “ Quién eres Tú, dulce presencia, que me inundas e iluminas los más oscuros rincones de mi alma?”.

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