images.jpg paz(Elizabeth Santángelo) En una oportunidad escuché el comentario de un piloto que al tener que transportar en su avión particular un cargamento a otro país, debió aterrizar de emergencia, a causa de la sobrecarga que llevaba en el mismo.

Un periodista que lo entrevistó, le preguntó cómo era que Dios no lo había ayudado en ese momento.

A lo que él respondió: “Bueno, Dios siempre me habla y está dispuesto a ayudarme, pero en esta oportunidad yo no lo escuché”.

Hay cierta diferencia entre  oír y escuchar, porque la capacidad de oír es a través del sentido auditivo del oído, pero el escuchar nos capacita para entender y captar las ideas, en donde participa la comprensión, el razonamiento, y la percepción que se alcanza más allá del simple sonido.

Cuando estamos espiritualmente conectados con Dios y alejados de los sentidos, podemos escuchar su voz, su guía y enseñanza.

¿Cómo lograrlo?

Es esencial la soledad y el silencio para poder escuchar las indicaciones divinas.

Esta soledad no nos aparta a una vida triste y oscura, sino que nos aleja del bullicio del mundo que hace que confundamos la voz divina con la humana.

Podemos escuchar a Dios cuando el ruido de los sentidos permanecen en completo silencio.

La actitud que permite ser guiados por la Verdad, es dejar de lado todo plan humano y esperar por esa voz que indica el camino correcto.

En la quietud del pensamiento logramos captar las ideas que vienen de Dios; significa que todo plan humano deja de sugerirnos acciones erradas o fallidas.

Así como el piloto no escuchó en el momento preciso, también cada uno puede estar dispuesto a escuchar y ser guiado acertadamente.

Cuando nuestra mente está distraída o entretenida con otras cosas, ausentes de lo que la guía divina quiere para nosotros, es probable que no escuchemos ni nos dejemos llevar por las mejores decisiones.  En cambio al prestar atención a la voz de Dios, nos ahorra muchos inconvenientes.

 

Esto es esencial aún para mantener nuestra salud, nuestro bienestar y si buscamos la solución solo por lo que nos dice el llamado cuerpo, es posible que encontremos dolor, sufrimiento, incurabilidad, pero si dejamos que nuestro cuerpo sea el testimonio de lo que significa ser y estar en la presencia del Espíritu, la salud manifiesta armonía y orden naturalmente.

 

En Ciencia y Salud, su autora Mary Baker Eddy revolucionó la forma en que tú puedes seguir las indicaciones de la Verdad para no equivocarte en tus decisiones. Ella expresa: “Las supuestas leyes que resultan en cansancio y enfermedad no son Sus leyes, pues la legítima y única acción posible de la Verdad es la producción de la armonía.

La Mente divina legítimamente le exige al hombre toda su obediencia, afecto y fuerza”. (183).

 

Puedes empezar hoy mismo a comprobarlo.

El bien siempre indica el camino correcto y es posible demostrarlo en las pequeñas o grandes cosas de la vida cotidiana.

 

No rehúses apartarte para buscar soledad, porque ahí mismo estarás en comunión con una atmósfera espiritual que te ayudará a cumplir con un propósito y sentir que no estás solo para tomar sabias decisiones.

Dios siempre nos habla en el silencio.

Adelante, inténtalo!!

 

Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana, en Argentina

Facebook: Elizabeth Santángelo de Gastaldi

Argentina@compub.org

 

 

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