(Antonio Serrano Santos) La Cofradía de Jesús el Rico, de Málaga, tiene el privilegio concedido, mediante indulto, por el rey Carlos III, de conceder la libertad a un preso el Miércoles Santo. Hay dos versiones de esta historia, que no leyenda. Por no extendernos, relato la primera, sucintamente.

Durante una gran epidemia que se extendió en Málaga, con muchísimos muertos y no acababa de terminar, como hoy pasa en Málaga y en casi todo el mundo, los presos de la Prisión Provincial pidieron dejarlos salir para llevar en procesión al Cristo con el deseo de que El los salvara de la endemia. La petición fue denegada y, entonces, se levantó un motín y, con sus cadenas y todo, salieron hasta conseguir apoderarse del Cristo y realizar la procesión por las calles de la ciudad, recorriendo la prolongación que llevaba hasta calle de la Victoria; es decir, la que hoy es Cristo de la Epidemia. De ahí su nombre actual. Luego de la procesión, todos los presos volvieron a sus celdas, voluntariamente. Y cesó la epidemia, radical, sorprendente y, digamos, milagrosamente, porque no hay otra explicación. Esa es la historia, que no leyenda. La otra versión, con más o menos detalles, acaba diciendo lo mismo.

Un probable nuevo amigo mío, de distinta opinión, que, por respeto y afecto que le tengo, , no voy a citar, decía, con ocasión de la propagación y duración del coronavirus, o Covid- 19, que “ ahora que se ha demostrado que la oración no sirve para nada, el presupuesto de la Iglesia debería darse a Sanidad”. Sin meterme mucho en  profundidad sobre esta opinión, que es una desviación a la política, dije y digo que el presupuesto de la Iglesia no depende del Gobierno. Este no puede disponer de él porque no es su dinero. Es el de los fieles que ponen su cruz en la casilla de la Iglesia. Y muchos que no son fieles, la ponen también convencidos de la gran labor social y caritativa de ella, sobre todo en Caritas y asistencias múltiples en hospitales, propios y públicos, por lo que parte de ese dinero va a parar a esas atenciones, además de hacerlo con personal dedicado o voluntario. Cosa imposible de suplir por el gobierno, si la Iglesia dejara esta actividad suya, y menos con voluntarios y por puro amor. Por eso,  ya, el mismo PSOE, con María Victoria Fernández de la Vega, se dispuso que fuera así: desglosar de los prepuestos la parte correspondiente a la Iglesia, por lo que hace, desde entonces,que la Iglesia Católica se autofinancie sin ayuda del gobierno. Cosa que, de paso, podrían hacer los sindicatos y partidos políticos dedicando sus millonarias subvenciones, ahora, especialmente, a Sanidad. Autofinanciarse de las cuotas de su afiliados, como hace la Iglesia, en casi todos los países del mundo.

Dicho esto, nos centramos en lo principal del tema. También contesté a esas palabras invitando a llegarse a Lourdes, donde, inexplicablemente, para creyentes y no creyentes, sin explicación científica alguna, para lo que tienen que firmar y reconocer los médicos internacionales, con fe y sin ella, que las curaciones se dan realmente con pruebas, radiografías, etc., comprobadas durante años. La oración y la fe es la única razón que puede explicarlo. Oración y fe, que hasta llega a curar a no creyentes realizadas por los que sí creen. Para admirarlo basta con ir y ver. Yo he estado allí: radiografías anteriores, con pulmón sin materia y posteriores con recuperación de la materia pulmonar, etc, etc. Millones de personas acuden, la procesión de las antorchas con las carretillas de enfermos con el canto del Ave María en todos los idiomas. No todos se curan pero sí todos vuelven con más fe y orando. Y no solo se dan curaciones,también hay conversiones; como la del Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, ateo, que se convirtió acompañando a una enferma agonizante que se curó al recibir una partícula de la sagrada comunión en la misa de enfermos. Y que enviaba a sus incurables, a Lourdes, cosa que le valió las burlas de su colegas, por lo que tuvo que marchar a EEUU.

Esto es en lo que demuestra que la oración sí sirve. Pero no solo se reza. Veamos el lema de San Benito, Patrón de Europa, y a quien se debe, a través de sus monjes copistas, la transmisión de la cultura greco-latina a Europa, la misma conformación de Europa y su primera unión, siendo la Iglesia Católica la primera en exclusiva de la creación  de las universidades en Europa, América y parte del mundo. Así que no se trata solo de orar, también de trabajar. El lema de San Benito, a sus monjes, es: “ Ora et labora”: reza y trabaja”.

Todo esto que estoy diciendo es con todo respeto a las opiniones distintas o contrarias. Exponso solo hechos, no solo opiniones. Que los presos sacaran, hasta amotinados, por prohibírselos, al Cristo, para poder salvar de la epidemia a Málaga, en la que seguro estarían familiares suyos, es, para muchos, una forma de oración porque¿ para qué se sacan los santos? No sólo para pasearlos, y piropearlos. Para rezarles, muchos con lágrimas, pidiendo por sus necesidades. Muchos, que no van nunca a la Iglesia,es para ellos una gran catequesis: creen, o aumenta su sencilla fe; rezan mejor que otros en las iglesias; son sinceros porque nadie los obliga a ir a un templo ni a Dios. El templo es la calle y Dios, Jesús, el Cristo, va a por ellos, como cuando iba por las calles y pueblos recorriéndolos al encuentro de tantos: la samaritana, Zaqueo, los leprosos, los pescadores sus discípulos, los pecadores y publicanos; comía y bebía con ellos, con escándalo de los fariseos y publicanos, los oficialmente religiosos.

¿ Para qué sirve rezar? ¿ Por qué los monjes y monjas se encierran de por vida en un convento o monasterio? Cartujos, trapenses, cistercienses, carmelitas, clarisas…Para orar por el mundo, por los pecados de la Humanidad, para pedir perdón sacrificando su libertad, su vida…Exactamente igual que Jesús.

Jesús se pasaba noches enteras en oración y luego salía a encontrarse y buscar a la gente. Estos contemplativos oran de noche y de día; también trabajan en sus huertos, en la confección de productos que salen también al mercado, bebidas como el Chartré de los cartujos, dulces como los famosos de Navidad de las monjas, chocolates, y muchos más de tanta garantía por la moral y conciencia de sus creadores que los compran sin dudar , muchos. “ Ora et labora”. Además, su vocación es envidiable, como dice el comienzo de la oda de Virgilio, traducida por Fray Luis de León: “ Beatus ille qui procul negotiis..” “  ¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido /y sigue la escondida senda/ por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido…!

Para terminar, añadiré una escena que narra la Sagrada Biblia; una gran lección de cómo la oración intensa, constante y llena de fe, salida del corazón, consigue lo que pide o lo que Dios sabe que más conviene. Luchaban en guerra Israel y el pueblo enemigo. Moisés, en la montaña, oraba por su pueblo. Con los brazos levantados en cruz,; y así, Israel iba ganando la batalla. Pero cuando se cansaba y bajaba los brazos, Israel perdía. Dos israelitas sostuvieron sus brazos y así, Israel vencía. Pero también ellos se cansaban y volvía a perder Israel. Pusieron, entonces, unas piedras grandes bajo los brazos y, al fin, Israel ganó la batalla. ¿ Quién duda ahora de orar así,con todas las fuerzas de nuestra alma y del cuerpo, por la desaparición del coronavirus? Cada uno haga y hará lo que pueda; los sanitarios, los voluntarios, todos¿ y por qué no con la oración? Seguro que habrá más de uno que, aun sin fe, o apartado de ella mucho tiempo, viendo a su hijo, a su madre, a su esposa con el mortal virus,  ¿no sentirá la necesidad, en la desesperación, de acudir a Dios, cuando la ciencia ya no puede hacer nada? Como aquel niño al que su padre le decía que eso del cielo y de ver a su mamá, muerta, en el cielo, no era verdad: “ Papá, y  eso es malo?”.

Para los que creemos en el poder de la oración hecha con fe, con sencillez, humildad, confianza y perseverancia, no tenemos la más mínima duda de que Dios escucha, como un buen Padre, a sus hijos. Como enseñó Jesús en la oración más universal que puede rezar todos sean de la religión que sean:” Padre nuestro del cielo..” Y nos dio una lección formidable:” ¿ Si tu hijo te pide un pan, le das una piedra? ¿ Si te pide un huevo, le das un escorpión? Si vosotros, siendo malos,sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas(y el Espíritu Santo)a los que se las pidan?” Cosas buenas, para la vida del cuerpo, y el Espíritu Santo para la vida del alma, para que seamos buenos con todos, “ como vuestro Padre del Cielo es bueno, que hace llover sobre buenos y malos y salir el sol para justos y pecadores” También dijo Jesús.

Se acercó uno a Jesús, rogando por su hija que se moría. “Ven y cura a mi hija, antes que muera”- Jesús le dijo: “ Si no veis milagros y prodigios, no creéis”. El insistía: Ven y cúrala”. El le dijo: Vete, que tu hija está curada”. Al llegar a su casa vio que así era. Y creyó él y toda su familia”. Otro padre rogó a Jesús por su hijo, epiléptico y “ endemoniado”, diciendo: Señor, tus discípulos no han podido curar a mi hijo, pero tú, si algo puedes, te ruego que lo cures. Jesús dijo: ¿ Si puedes? Todo es posible para el que cree”. El hombre exclamó: ¡ Creo, Señor, pero ayuda tú a mi incredulidad!”. Después de curado, los discípulos dijeron a Jesús: ¿ Por qué nosotros no hemos podido? Ya que en otras ocasiones, sí pudieron. El les contestó: “ Esta clase de demonios solo se expulsa con oración y ayuno”.

¿ Para qué sirve la oración? Decíamos antes. Ahora que el coronavirus no es posible expulsarlo y avanza terriblemente en todo el planeta, que la ciencia y todos los medios no sirven, la oración y “ el ayuno”, es decir una vida sin pecado, sin maldades, sí puede servir para “ expulsar” el demonio del coronavirus. Jesús lloró, ante las puertas de Jerusalén, su amada patria, exclamando: “¡ Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y a los que a tí son enviados! ¡ Cuántas veces he querido acogerte como la gallina a sus polluelos bajo sus alas y tú no has querido!” Y anuncia como castigo sobrevenido por ellos mismos la terrible desolación y destrucción de la ciudad,” por no haber conocido y aceptado el día de su llegada( de Jesús). La muerte de los profetas y hombres santos que avisaban de la llegada del Mesías Salvador, y la misma muerte y pasión del Mesías, trajo la autodestrucción. Exactamente como está pasando ahora en todo el mundo, la gran Jerusalén, a la que Jesús y todos los santos, misioneros y profetas, vinieron para acogerlos como la gallina a sus polluelos bajo sus alas, y no han querido. Este mundo, en general, no ha querido. Persiguen, odian, matan, martirizan, después de Jesús, a todos los cristianos, en casi todas partes del mundo. No han querido conocer y aceptarlo. De ahí, seguramente, el coronavirus, el más terrible, inesperado, sin precedentes en la Historia, el precursor, tal vez, del Apocalipsis.

Que cada uno piense y diga lo que quiera. Ahí está. Los presos sacaron a Jesús y acabó la epidemia. Si nosotros, presos de nuestras maldades, de nuestra indiferencia y egoísmos, de nuestras comodidades, no salimos en busca de Jesús, pidiendo perdón y misericordia, unos tras otros, muchos, iremos pereciendo, igualmente, víctimas de nuestros pecados y maldades. Aún es tiempo: la oración y el ayuno sí sirven. Estamos advertidos. El coronavirus no es un “ castigo de Dios”; es algo que él permite, no los quiere, como tantos otros males, como aviso para corregirlos, como todo buen padre, si quiere a su hijo, lo corrige y “castiga”. Todavía Jesús dice: “ Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” y dicen.

 

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