120-FNNQ34QJ(Claudia Honorato) ¿Alguna vez has imaginado como sería el mundo si no existieran los contagios?  Quizás imagines que estaríamos exentos de contraer una enfermedad o más aún, dejarías de escuchar expresiones como “no te acerques, si estás resfriado”, o tal vez, tampoco utilizarías una mascarilla para visitar a un recién nacido, para no contagiarlo. Innumerables situaciones de la vida cotidiana, pasarían a ser ajenas a tu actual forma de pensar.

 Diversos científicos, médicos y pensadores se sienten atraídos por este paradigma. Tal fue el caso de Mary Baker Eddy, quien tuvo una perspectiva más espiritual del mundo que la rodeaba y en el siglo XIX escribió en uno de sus libros: “Si uno creyera con igual sinceridad que la salud es contagiosa cuando se está en contacto con personas sanas, se contagiaría del estado de ellas tan positivamente y con mejor resultado que cuando se contagia del estado del hombre enfermo.”1

 ¿Qué es lo que te hace pensar que uno puede contagiarse de alguna enfermedad?

 Muchas son las teorías o conjunto de hipótesis que existen en relación al contagio, sin embargo, ninguna de ellas se ha comprobado que sea una ley universal, es decir, que se aplique por igual a todos los seres humanos. Prueba de esto, fue un estudio publicado en el año 2011, en el que se trabajó con 17 voluntarios quienes recibieron la inoculación intranasal de la gripe H3N2/Wisconsin y solo 9 de ellos desarrollaron síntomas leves a graves, esto fue la Dinámica Temporal de Host, sus Respuestas moleculares y su diferencia entre la infección sintomática y  asintomática de la Influenza A.

 Tiempo atrás, tuve una experiencia en que pude comprobar esto, cuando mi marido comenzó a presentar síntomas de decaimiento y fiebre. Vi que él tenía que ser atendido y pensé de inmediato: “no puedo contagiarme”. Sentí la necesidad de poner una barrera impenetrable ante la posibilidad de contagio, reafirmando de manera lógica que el contagio es una teoría, no una ley divina inquebrantable, por lo que ni mi marido ni yo debíamos siquiera pasar por esa situación. El resultado fue que pude desempeñar mis labores, cuidando de él sin temor, no me contagié y él sanó a los pocos días.

 Para mí, este ejemplo  ratifica que la salud es una condición de la Mente divina, por ende, adoptar un pensamiento lógico y espiritual es una herramienta útil y preventiva, que puede ayudar a todos.

 1) Escritos Misceláneos pág 229:4-9

 Claudia Honorato integra el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana para Chile

Email: chile@compub.org  Twitter: @puramentesana

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