(Antonio Serrano Santos) Un grito, un deseo angustioso se escapa de las entrañas de la tierra, azotada y crucificada por el hombre: ¡Tengo sed! La tala de bosques, la contaminación atmosférica, los vertidos tóxicos en mares, ríos y lagos están extendiendo la desertización desde las grandes extensiones amazónicas hasta la misma España.

El cambio climático, provocado sin duda por el mismo hombre, está alterando nuestra misma vida. El agua se está convirtiendo en la primera necesidad vital, aunque ya lo era, pero hasta hoy no éramos conscientes de ello Por eso su abuso y mala distribución ha hecho que el hombre se esté comiendo sus propias carnes en un lento e irracional suicidio. Somos especímenes en peligro de extinción por la escasez del agua y la contaminación del aire.

Sabemos que la pobreza está originada por la mala distribución de las riquezas. Que, hoy por hoy, se acabaría la pobreza en el mundo porque hay producción más que suficiente de productos para acabar con ella. Las estadísticas son totalmente fiables con los conocimientos técnicos de que se dispone. Como la proliferación de armas que abastecen a los pueblos, sobre todo, los subdesarrollados, fomentan las guerras; también podría acabarse con ellas.

¿Acabará el hombre aprendiendo de sus propios errores? Hay movimientos ecologistas esperanzadores, pero bastante utópicos, actualmente.¡No más holocaustos!¡No más guerras civiles! Gritan los veteranos, escarmentados, más que los jóvenes sin experiencia. El hombre no es total y definitivamente malo e irracional .Lleva la semilla, como su madre la tierra,  de buenas y malas yerbas.¿Quién las sembró? Para nuestra experiencia humana es un misterio. Pero está ahí. Sólo le queda luchar para sobrevivir, arrancando esas malas semillas.

Las tres cuartas partes de nuestro azul planeta son de agua. Como el 70% de nuestro cuerpo. Del agua nace la vida y sin ella perece. Luego la Tierra se está muriendo. Y nosotros con ella. Por lo menos la estamos enfermando .Demos un paseo por las playas, ríos, mares y lagos.¡Cuánta suciedad!¡Toneladas de basura que incluso son los nuevos supermercados de los buscadores y buceadores que entresacan de ellas cosas para vender, revender y consumir.

La religión, en tiempos de sequía, hace “rogativas”, procesiones invocando al cielo agua. Y luego, cuando la tenemos, la derrochamos. En Almería, vaya de ejemplo, unos negritos de esos de familias de acogida, se quedaban asombrados, espantados, al ver salir agua,¡agua!, de un grifo con sólo abrirlo. Ellos, que tenían que andar muchos kilómetros, cargados de vasijas, para llevar a casa algunos litros de agua, casi siempre turbia. Podemos prescindir de los sabores, colores y olores de los más exquisitos manjares; y seguir viviendo. Pero, para vergüenza y lección de sobriedad de los gurmets y de los que menospreciamos a los que no tienen qué comer, no podemos vivir sin el agua, que es incolora, insípida e inodora. Como el aire.

No me extraña que el hombre, con tanta agua, aún disponible, se la niegue a su madre la tierra, cuando a su Creador, el que le llenó de inmensos mares, ríos y lagos de la “hermana agua, humilde, limpia y casta”, como la llamó Francisco de Asís, le negó un poco, un poco de agua, cuando azotado, desangrado y crucificado, dijo en su agonía: ¡”Tengo sed!”.

Y le dieron hiel y vinagre.

Print Friendly, PDF & Email