“Lo transcendental es ponerse en marcha unidos; y, hermanados, activar una historia de expectativa y no de sobresalto”.

(Por Víctor CORCOBA HERRERO) El corazón lastimado y la tristeza inundan el planeta. Millones de personas viven en asentamientos informales y barrios marginales; y, aún más, muchos de ellos sufren falta de vivienda o han sido desplazados por conflictos, catástrofes y el cambio climático. Esta horrorosa situación hace que multitud de ciudadanos, corran el riesgo de perder toda esperanza y se queden paralizados por el desánimo. Quizás tengamos que despertar, ponernos en camino de nuevo, salir de la pasividad e intentar reconstruir un futuro más justo y verdadero para todos. Por eso, hay que estar siempre atentos para no dejarnos atrapar por el mundano aire excluyente y pasar a una transformación sistémica, que nos reconstruya como seres adheridos, donde todos tengamos un sitio al que llamar hogar.

Constituir familia todavía es una aspiración, pero la seguridad financiera aparece como una de las condiciones más significativas, tanto para formar pareja como para tener hijos. El dinero, el empleo y la vivienda pesan más que los discursos. De ahí, la necesidad de unos gobiernos más sensibles, sociales y de derecho, que sepan acompañar en el camino y escuchar el lamento de su ciudadanía. Cualquier apoyo es vital, para reavivar la ilusión perdida. Hoy más que nunca, requerimos de líderes que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de cimentar espacios de fraternidad y de quietud, de realizar gestos de compasión hacia quienes más lo necesitan.

Bajo este aire alentador, comenzarán a superarse los desapegos, las viejas divisiones, volando el odio y la violencia. También, la mota de la corrupción, será sanada y saneada por un renovado culto a la cultura de la justicia y el compartir. Sólo así, es posible perder el miedo que nos oprime y ganar fuerzas. Toca, por tanto, levantarse; para poder resurgir, recobrando una nueva existencia más fraterna. Lo transcendental es ponerse en marcha unidos; y, hermanados, activar una historia de expectativa y no de sobresalto. Tampoco se trata de tomar decisiones por nadie, sino de asegurar que los jóvenes tengan garantizada la autonomía, las oportunidades y el apoyo necesario para decidir por sí mismos; mientras los mayores han de tener, el respaldo de la escucha de todos y el acompañamiento preciso.

Sea como fuere, es evidente que anhelamos oírnos, aguzar los sentidos para reencontrarnos. Una vivienda adecuada significa mucho más que una estructura física con cuatro paredes y un techo, requiere además del espíritu acompañante que une pulsos y pausas. El significado de la hospitalidad como el de la cercanía, hará fructificar una alianza entre generaciones diversas, no olvidar lecciones vividas de la historia y lograr superar las polarizaciones y los extremismos de esta época. Sin duda, cada percusión generada por un ser humano es influyente. Las personas son más importantes que las cosas; y, precisamente, el valor de cada Institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones desfavorecidas y de vulnerabilidad.

Resulta ineludible centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables, que nos insten a tomar un respiro humanitario, ante el aluvión de experiencias sensoriales y emocionales desagradables, al observar un futuro incierto en el que se reducen recursos destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales. Detrás de todo esto se esconde, un individualismo egoísta que nos apedrea el corazón, como si el peso de la indigencia y de la marginación fuese algo imposible de abordar, sabiendo que lo único que se solicita es el sustento del espíritu solidario, ante la enfermiza lacra de las desigualdades. Abrámonos a la convicción, que nunca es un mero optimismo, sino la certeza de que ninguna sombra puede tener la última voz. ¡Situemos en acción, pues, la llave de la confianza!

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor