(Estela Martín) Nuestro pueblo tiene un grave problema de movilidad, y gracias a que se está gestando otra burbuja inmobiliaria, hay una mayor probabilidad de agravarse. Volvemos a caer en los mismos patrones que crearon la crisis económica y social, a la que aún no se le ha dado fin, pero ya estamos actuando como si hubiera pasado y de la que parece que no hubiéramos aprendido nada.

Basar la economía de nuestro pueblo en la construcción y en los impuestos derivados de ella, es un error y se sabe. Sólo puede valer para el mantenimiento de la zona urbanizada,  y por lo que vemos en algunas barriadas, ni para eso llega.

El crecimiento urbano y de la población conlleva más demandas de servicios. Si no se ofrecen desde lo público, se obliga a la ciudadanía a solucionarlo desde su individualidad, o lo que es lo mismo, más vehículos privados. Eso está provocando que para entrar o salir de Alhaurín tengamos la misma movilidad que la oruga del pino o procesionaria, en fila desde el nido hasta su destino, y al igual que ellas, tóxicas porque estamos contaminando el aire que respiramos y con un desgaste emocional grave por el estrés que producen estas caravanas.

Necesitamos otra forma de ver el urbanismo, la movilidad y la gestión de servicios, necesitamos poner en el centro de la política los derechos humanos.

La movilidad es un derecho reconocido por la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas y por nuestra Constitución. Se reconoce como tal porque es una necesidad vital, de hecho es la primera restricción en cuanto a derechos que se impone a una persona que quiere ser controlada por la justicia.

Todo gobierno debe garantizar este derecho a todas las personas de manera asequible, accesible y respetuosa con el medio ambiente. Sólo hay una forma, con transporte público.

En Alhaurín se hace indispensable un plan de movilidad, en el que se reflejen las zonas a peatonalizar, zonas adecuadas para aparcamientos disuasorios en los que la persona pueda enlazar con un transporte público. Si queremos conseguir un resultado eficiente de este transporte, por el que hay que apostar sí o sí, tanto dentro del propio municipio como en las conexiones interurbanas con los municipios que nos rodean y con el aeropuerto, no nos queda más remedio que rebajar en número y uso, el automóvil.

Desde el principio de esta legislatura, se nos ha estado diciendo que se iba a hacer un plan de movilidad y no se ha hecho, ni para la tan cacareada Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (EDUSI), ni las DUSI posteriores. Lo único que se ha hecho desde el equipo de gobierno de nuestro ayuntamiento ha sido cambiar el sentido del tráfico en varias zonas, ampliar algunas aceras, poner zona azul y pivotes, que estorban más que ayudar a descongestionar el tráfico por el centro urbano. Se gastó una “buena cantidad” de dinero público en crear un servicio de aparcamiento subterráneo que se privatizó para luego, añadir la zona azul al paquete intentando con ello hacerlo más rentable para la empresa adjudicataria, la cual ni ha cuidado del aparcamiento ni ha creado puestos de empleo de calidad, se ha limitado a explotar el servicio y no ha hecho una buena gestión del mismo. El retorno económico y social que pueden generar esos servicios deberían volver a las arcas públicas, en forma de servicio comunitario y de empleo local.

Tenemos un urbanismo que no ha buscado crear comunidad, sino viviendas con el único uso que el de dormitorio o para descanso de fin de semana. Con ya cerca de los cincuenta mil habitantes, esta visión de ciudad no nos sirve aunque hasta ahora haya sido una forma cómoda de gestión. Tenemos una gran demanda de servicios a la que hay que dar respuesta, y para darla, se necesita tener en cuenta las distintas formas de desplazarse que tienen las personas y las intersecciones que se producen en ellas por edad, género o diversidad funcional, así como buscar nuevas formas de fomento de la economía local y, la remunicipalización de los servicios es una de ellas.

Otra forma de urbanismo y de movilidad, no es sólo posible, es necesaria. Pongámonos a ello.

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