(Por Eduardo Madroñal Pedraza) Porque Lorca sigue vivo, también este año, este mes y este instante, nos unimos a él en su denuncia revolucionaria de Wall Street en 1929, y ahora en 2026. Porque Lorca vivo ya desenmascaró su esencia criminal. Lorca nos sigue hablando ahora “porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida”.

A 128 años de su nacimiento, a 90 años de su asesinato, Lorca vivo sigue denunciando. Y lo anuncia con palabras llenas de vida: “Y ésta es la lucha; porque yo quiero con vehemencia comunicarme con vosotros ya que he venido, ya que estoy aquí, ya que salgo por un instante de mi largo silencio poético y no quiero daros miel, porque no tengo, sino arena o cicuta o agua salada. Lucha cuerpo a cuerpo en la cual no me importa ser vencido.”

Lorca en Kabul, Kiev y Gaza

Federico llega a Afganistán, con las viejas verdades dormidas y su duende peregrino, viaja y alimenta también el espíritu de todas las personas que ahora, en el viejo país de los pastunes, siguen sufriendo. Federico continúa viajando. Y llega a Ucrania y permanece con todas las personas que siguen sufriendo la guerra, personas que son cercenadas, sangrientamente, por manos heladas de hombres fríos. Y también llega y puebla Gaza contra el genocidio.

“Por eso es tan terrible ver la sangre de una derramada por el suelo. Una fuente que corre un minuto y a nosotros nos ha costado años, Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y las lamí con la lengua. Porque era mía.”

Lorca denuncia al enemigo

“No, no, no, no; yo denuncio. / Yo denuncio la conjura/ de estas desiertas oficinas/ que no radian las agonías”. Y revela que: “Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato; / debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero; / debajo de las sumas, un río de sangre tierna”. Y señala al pérfido yanqui: “El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, / entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados/ que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, / ¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, / tendida en la frontera de la nieve!”. “Pero no son los muertos los que bailan, / (…) Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos. / (…) son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos”.

Lorca destripa sus entrañas

“De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.” Lorca destripa el corazón sin vida, ayer y hoy, del centro financiero de la superpotencia estadounidense. “Lo impresionante por frío y por cruel es Wall Street. Llega el oro en ríos de todas las partes de la tierra y la muerte llega con él. En ningún sitio del mundo se siente como allí la ausencia total del espíritu: manadas de hombres que no pueden pasar del tres y manadas de hombres que no pueden pasar del seis, desprecio de la ciencia pura y valor demoníaco del presente. Y lo terrible es que toda la multitud que lo llena cree que el mundo será siempre igual, y que su deber consiste en mover aquella gran máquina día y noche y siempre. Resultado perfecto de una moral protestante, que yo, como español típico, a Dios gracias, me crispaba los nervios.”

Lorca -esencialmente revolucionario- acusa: “no hay más que un millón de herreros/ forjando cadenas para los niños que han de venir. / No hay más que un millón de carpinteros/ que hacen ataúdes sin cruz. / No hay más que un gentío de lamentos/ que se abren las ropas en espera de la bala.”

La apuesta revolucionaria de Lorca

Por la redistribución de la riqueza: “Porque queremos el pan nuestro de cada día, / flor de aliso y perenne ternura desgranada, /porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da sus frutos para todos”. Lorca proclama la necesaria alternativa revolucionaria: “El Chrysler Building se defiende del sol con un enorme pico de plata, y puentes, barcos, ferrocarriles y hombres los veo encadenados y sordos; encadenados por un sistema económico cruel al que pronto habrá que cortar el cuello, y sordos por sobra de disciplina y falta de la imprescindible dosis de locura”. “Que ya la Bolsa será una pirámide de musgo, / que ya vendrán lianas después de los fusiles/ y muy pronto, muy pronto, muy pronto. / ¡Ay, Wall Street!”

E ilumina el futuro luminoso: “Una danza de muros agita las praderas/ y América se anega de máquinas y llanto. / Quiero que el aire fuerte de la noche más honda / quite flores y letras del arco donde duermes / y un niño negro anuncie a los blancos del oro/ la llegada del reino de la espiga.”

Mil muertos haciendo señales de humo y un iroqués reclamando el imperio en su ocaso.

Eduardo Madroñal Pedraza