(Francisco Javier Zambrana Durán – La Columna de Fran)

Sería una cita perfecta para poder definir lo que fue este autor. Sí, un señor que un día se llevó un Premio Nobel de Literatura bajo el brazo y que cautivó al mundo entero con una novela de amor que tituló El amor en los tiempos del Cólera, archiconocida, leída por todos, criticada por nadie.

La coherencia es uno de los pilares fundamentales sobre los que se basa la escritura. Si no tenemos coherencia, de nada nos sirve que nos sepamos un examen a la perfección. Eso lo dejaron bastante claro los profesores en los años de la ESO y Bachillerato. Si no hay coherencia, pierdes el discurso al completo. Parece ser que a Gabriel no le explicaron aquella lección.

Probablemente, todos vayan en contra de esta línea de pensamiento, ya que sitúan a Gabriel García Márquez en el Olimpo de los grandes escritores, y no les culpo, cayeron en las redes de lo que nos dicen que es bueno. Desde que nos enseñan los primeros autores de literatura, nos dicen que aquellos señores que realizaban poesías sobre dioses y sus queridos amigos eran los que estaban en aquel Olimpo desde el día de su muerte, mientras que otros que recogían la realidad como Catulo, morían sin que ningún dios le mirase a los ojos. Sin embargo, cuando abrimos uno de sus libros en versión original, nos descolocamos por completo y no comprendemos siquiera cómo llegaron a leer otras personas en ese idioma tan extraño algo sin pies ni cabeza.

He aquí el eje de mi teoría. Existen autores que en su tiempo escribieron como auténticos revolucionarios, pero no revolucionaron la manera de escribir, sino la historia que contaban. El Quijote, por ejemplo, es el libro más importante de la historia por su planteamiento de la obra, no por cómo está escrito, porque Cervantes carecía de la misma coherencia que cualquiera de nosotros escribiendo en esperanto.

Esto mismo es lo que encuentro en la novela de Márquez: una forma de escribir que nadie comprende junto con una historia maravillosa. Sí, quizá Nicholas Sparks cuando escribió El Diario de Noa se basó en esta pieza clave de la novela romántica (pieza clave porque nos han dicho que tiene que serlo), pero lo hizo en su historia, no en la manera de describir el paso del tiempo.

García Márquez da la sensación de atropellarnos en cada párrafo, de querer dar tanta información contenida en un mismo lugar que nos hace ver una realidad alterada, que carece de sentido. El Realismo Mágico es cuanto menos interesante, pero hasta cierto punto. Esta novela es la plasmación de la locura a la hora de escribir, de necesitar contar algo con pelos y señales que le parezcan adecuados (porque la mayoría de aclaraciones son prescindibles), de ser un consolidado y buscar el récords de ventas.

La verdadera historia de El amor en los tiempos del Cólera fue la de un periodista que ya había conocido la gloria, que tenía el mundo literario a sus pies y decidió anunciar que escribiría una novela de amor. Todo quedó en eso, en una novela de amor, al menos para mí. Para el resto, seguirá siendo la obra cumbre. Qué cólera.

García Márquez no sabía escribir, sabía crear y narrar una historia como nadie lo hará jamás. Pero escribir, no, ya que ante todo era periodista, y ficción y realidad no pueden ser compaginadas. Excepto por un maestro.

Y sí, la gran parte de este texto no tiene cohesión alguna. Todo ello tiene un sentido, y es ver si tengo la misma repercusión al escribir que la que tuvo aquel señor que me acompañó con Crónica de una muerte anunciada a la Eterna Selectividad.

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