(Francisco Javier Zambrana Durán – Centro Cultural Vicente Aleixandre)

Edgar Torronteras es campeón del mundo. No una, sino varias veces. Se colgó el galardón de ‘La Divina‘ de los deportes extremos. Creció como persona en Barcelona, y como niño encima de una moto. Vivió una infancia dura, complicada, en la que disfrutó con sus sueños, hasta encontrarse con la pesadilla de que no existían apoyos para su disciplina.

Desde hace varios años, reside en Alhaurín. Desayuna cada mañana en un bar de Avenida Las Américas. Su mujer es malagueña. Su hija, de cinco años, también. Le gusta hacer fotografías, ser sincero en sus palabras y explicar que lo suyo es algo más que un hobby, aunque para él sí que lo sea.

Por ello, cuando se sienta en una silla de orador en el Centro Cultural Vicente Aleixandre del municipio, mira al frente, reflexiona y narra todo. Sin puntos. Sin comas. Todo.


¿Cómo llegas a este deporte, Edgar? Entiendo que entras al Freestyle a causa de la influencia de tu familia.

“Sí, mi padre y mi madre iban en moto. Mi hermana también, que en paz descanse. Me metieron a mí y yo que soy el pequeño de la familia, vieron que era bueno, empujaron por mí desde muy chico y hasta el día de hoy”.

¿Por qué eso de meterte en el deporte con tres años? ¿Cómo se le ocurre esa idea a tu padre?

“Bueno, yo creo que fue porque ya desde pequeñito, que encima lo recuerdo, pues era en un piso allí en Badalona, donde vivíamos. Nadie me dijo nada. Entonces, pues, empujaron y apostaron por entrenarme con los mejores y a ver”.

¿Cómo fue tu infancia desde entonces?

“La infancia… pues… En verdad, bien. Porque, bueno, cuando eres niño es como la hora del recreo. Era lo que más me gustaba, entonces pues llegaban los fines de semana y genial. Mi padre, quieras que no, entre semana también me llevaba a entrenar, porque al lado teníamos una montaña e íbamos después del trabajo. Era lo que yo deseaba siempre. Salir del cole y poder coger la moto.

A partir de ahí fue cada día, cada día, cada día, más fines de semana, que si había carrerillas y me llevaban. A los 7 u 8 años hice algunas carrerillas y tal, pero a los 8 me metió en el primer cuadrangular del Trofeo Obradol y Finamersa en el que gané. Ya, a partir de ahí no perdí ninguno hasta los 21 años”.

¿No pierdes nada?

“Sí que hay carreras que un día no ganas, pero en el global del campeonato pues en vez de ganarlo he quedado segundo o tercero. Siempre estaba arriba”.

¿Dónde vivías exactamente?

“Eso era en Tellá, que es un pueblo al lado de El Masnou, relativamente muy cerca de la playa y de Badalona. Fue como que salimos de la ciudad para irnos un poco más a la montaña”.

¿Todo esto para que siguieras evolucionando o porque se dio así?

“No, yo creo que fue así. Ellos veían que mi padre no tenía que llevarme después del trabajo. Él podía venir tranquilamente y sabía que, si yo llegaba a las 5 de la tarde del colegio, si llegaba a las 7, no había problema porque su hijo ya llevaba dos horas en moto. Cuando él llegaba, pues estaba más, y si veía me decía, pero no me solía decir mucho porque me manejé siempre más o menos bien”.

¿Tu deporte era reconocido en aquel momento por la gente que te rodeaba?

“Bueno, reconocido… Siempre ha habido carreras de motocross, cuando aquello eran solo carreras y no freestyle ni nada.

Desde muy pequeñito me soltaba de manos y de pies, hasta que mi padre me pilló y me dijo que no lo hiciera y le enseñé que lo hacía cada vez que quería. A raíz de ahí, ya no solo era correr, sino que me gustaba saltar, coger aire, soltarme de pies y manos, y me divertía mucho más. Luego, fui creciendo y la postura era más exagerada. Si se movía la moto en el aire, había que torcerla mucho. Y ya con 13 años, dos pilotos americanos hacían el ‘Cancán’, como ellos lo llamaban, que era pasar la pierna derecha por encima del depósito de la izquierda y lo volvían a poner. Y otro, pues por detrás de la moto, y bueno… Fue verlo y hacerlo. Me fue fácil.

Pero un día, haciendo una sesión de fotos, se me escapó el otro pie. Entonces, volví y el fotógrafo me dijo que lo volviera a hacer, y yo le dije que no, porque me iba a caer. Mi padre me dijo que lo pensase, que podía hacerlo bien. Y nada, en cinco minutos estaba haciéndolo. Ya aposta. A raíz de ahí, hablamos y, como hacía mucha gimnasia, vi si podía pasar los movimientos de la gimnasia a la moto.

Fui creando. Creando trucos, poniéndoles nombre, y se creó una disciplina. Hacíamos carrera y luego de ellas un concurso de saltos: ‘Quién quiera saltar, que salte’. Fui ganando, ganando, ganando, hasta que con 21 ya dije: ‘No quiero correr más, quiero ganarme la vida con esto’. Lo único es que todo se puso difícil, porque un americano hizo un mortal y quisimos todos igualarle. Todo conlleva a que quien sube el nivel hay que igualarlo para estar arriba. Es un truco nuevo y este siempre manda.

Llegó un día que pensé que para qué servía todo eso de seguir la moda. Decidí hacer los trucos con los que me sentía bien y no jugarme la vida. Menos aun teniendo una familia. Soy el más mayor, porque de mi era están todos retirados. Soy el que comenzó y el que aún continúa. Ahora mismo estoy disputándome con chavales que son mucho más jóvenes que yo. El año que viene en mayo hago cuarenta tacos ahí donde me ves. Y los chavales tienen 26, 27, 28, chavales de 21. De hecho, al Carpena viene uno de los más jóvenes, que es Guillem Navas, al cual entreno, y tiene 21 años. Es enorme el chaval, le dieron espinacas o algo de pequeño, pero es joven”.

¿Entrenas a chavales?

“Sí, siempre he tenido escuela y sigo haciéndolo”.

¿Dónde?

“Donde puedo. Sigo teniendo mi casa allí y mis pistas allí. Aquí, bueno, he hecho una serie de proyectos, pero no hay manera de que tenga una ayuda o que me asignen un lugar donde hacerlo. Es complicado. Para mí es duro, porque me he casado con una mujer malagueña y llevo muchos años aquí y la veo muy poco porque tengo que estar siempre fuera. Aparte de lo mío porque para entrenar tengo que irme a Barcelona”.

¿Cuántas veces sueles ir?

“Aprovecho cada vez que tengo una tirada que tengo que ir a dónde sea. Allí tengo el vehículo y es mitad de camino. Suelo ir mucho por Francia, por lo que cojo la furgoneta, me voy unos días antes, entreno, voy al evento, vuelvo a Barcelona y vengo a Málaga”.

¿Siempre viajas en coche?

“Cuando es España o Francia, sí”.

¿La moto te la llevas en la furgo?

“Sí”.

¿Cuántas llevas?

“Una. Intento no fallar porque no llevo ni repuesto. Me la juego bastante”.

Cuando vas a Europa, ¿qué haces?

“Tengo varias motos y un set. Para yo sentirme cómodo tenía que cambiar la suspensión de adelante y de atrás. Luego un chasis, plásticos, manillar, escape, etc. Todo esto lo meto en una maleta de golf, más luego la maleta de moto, calle, y otra de cámaras, porque voy con mi sponsor y me obligan a hacer mis vídeos. Me los grabo yo y los edito yo”.

¿Esto es tu principal fuente de ingresos?

“Es mi trabajo. Sí”.

¿Y mientras estás en Málaga?

“Bueno, tengo bastantes proyectos, porque aparte de lo mío, hago vídeo ediciones para otros profesionales. Hay proyectos como uno que he sacado de ir a Bali, saltar el volcán y hacer una cresta de unos treinta metros y un salto en curva en el que en un momento estoy dentro del cráter. Es como una gymkana en la que voy por la jungla y explico cómo llego a la isla. Es un vídeo para un sponsor de gafas de sol y de mi marca principal, y allí se supone que me están esperando para hacer como una fiesta. Son vídeos con los que se gana un poco uno la vida.

Luego organizo dos eventos de freestyle al año. Normalmente son tres, pero uno se me cayó por todos los problemas que ha habido en Barcelona. Hago el de Badajoz, el de Málaga y el de Barcelona, que seguramente lo cambie por ir a Ibiza.

Durante la semana me levanto, ejerzo de padre, llevo a mi hija al cole, hago mi gimnasia en casa, pues lo tengo todo montado allí, trabajo hasta que mi hija sale a las cinco y media. Ordenador, proyectos, diseños, ediciones…”.

Solo se ve la parte de la moto, pero detrás tienes una posproducción impresionante.

“Claro, se ve también mi punto de locura cuando me ven con la moto y tal, pero tengo la cabeza muy amueblada, asentada y tengo mucha idea. Lo poco que he estudiado fue Bellas Artes, imagen, sonido y fue lo que me gustó. Hago fotos estelares también. Disparo con 6000 fijo, con tres trípodes para una cámara y un objetivo de un metro cuarenta de largo para hacer fotos solares, estelares, Marte, etc. Son cositas de esas. He enviado un par de cosas a NASA que me cogieron. Ahora quiero sacar las explosiones de Sol…”.

¿Es lo menos arriesgado que haces en tu día a día?

“Sí, lo hago por pasar el rato. Pero cuando me pongo, me divierto”.


Realizado por: Francisco Javier Zambrana Durán (@neyfranzambrana/Francisco Zambrana).

Fotografías de Francisco Javier Zambrana Durán. – Todos los derechos reservados.

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