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El celibato , el matrimonio, y el sacerdocio (1)

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PRIMERA PARTE

(Antonio Serrano Santos)  “Si no admito el celibato, no puedo ser cura”. Estas palabras, dicha por un joven sacerdote, da mucho qué pensar. “ Es una imposición” ,dice, de la Iglesia. Ni en el evangelio, ni en los primeros doce siglos de la Iglesia, aparece esta condición para poder ser sacerdote. Los ortodoxos católicos, con ciertas condiciones, se pueden casar. Los anglicanos casados y convertidos, mantienen su matrimonio. ¿ Por qué no se pueden casar los curas si no aceptan el celibato? Lo mismo se podría decir de los frailes y monjas.

Tengamos en cuenta, para más adelante, las personas, medios, y demás elementos que Jesús eligió y que nadie puede cambiarlos, por iniciativa propia, en otros medios, según su parecer, ni dentro de la Iglesia, y menos fuera de ella. No es de extrañar que pueda ocurrir, tanto en medios como en personas. Porque casos se han dado, y se dan, de intentar esos cambios, en contra de lo que Jesús mismo eligió. Testigo fui,  en una reunión de curas y laicos, lo que dijo un cura joven:” ¿ Por qué en las misiones, por ejemplo, en vez del pan y el vino, no se usa un plátano y una cocacola?” En una parroquia de Madrid se usaron rosquillas en vez  de obleas, no sé si eran de pan ácimo o no.

Jesús dice en el evangelio de San Mateo: “ Hay “ eunucos” que nacieron así del vientre de su madre; eunucos castrados por los hombres, y eunucos que se hacen a sí mismos por causa( amor) del Reino de los Cielos”. En este último caso, por propia voluntad, por causa religiosa, aquí, el Reino de los Cielos. Luego ya en tiempos de Jesús existían  personas que por amor al Reino de los Cielos, eran célibes, hombres, y mujeres vírgenes. Al hablar del Reino de los Cielos, Jesús se refiere al Reino de Dios en la tierra: “ El Reino de los Cielos dentro de vosotros está”. Aunque se refiere a la presencia de Dios en el hombre y en la vida social, comienzo de la Iglesia, conjunto de los fieles cristianos que seguía a Jesús. En Pentecostés se hace “ oficial” y se empieza a extender la Iglesia por todo el mundo.

La palabra eunuco, en la tercera acepción,  y las vírgenes, en el inicio de la Iglesia, da a entender claramente que vivían un celibato voluntario, sin que la Iglesia lo exigiera. Pero Jesús pone una “ condición” para ser su discípulo: “ Si alguno no pospone a su padre, o a su madre y hasta su vida por mi, no puede ser mi discípulo”. Al  joven rico le dice que lo deje todo y le siga.Pudo ser el decimotercer apóstol, lo mismo que llamó a los doce. Por el evangelio sabemos que Pedro estaba o estuvo casado( viudo). De su mujer, algo raro, después de mentar a la suegra, no dice nada. Como tampoco se dice absolutamente nada del estado civil de los demás; también raro. No hay prueba evangélica ni de otra forma de que lo estuvieran. Es un buen indicio el hecho de que siempre estaban con Jesús  de día y de noche. “ Nosotros, dijo Pedro, que lo hemos dejado todo para seguirte ¿ qué tendremos?” Dijo, al ver que el joven no renunciaba a su riqueza. Jesús no pedía, lógicamente, esta condición para seguirle, a todos. Sí parece más lógico que se dirigiera a formar una selección, o grupo especial, para enviarlos, y les dio ese nombre: “apóstoles” o  “enviados”. Los 72 discípulos eran distintos a los 12 Apóstoles a los que eligió por sus nombres propios, como los enumera el evangelista uno por uno.

Según esto, es lógico e histórico, que la Iglesia siguiera el ejemplo e iniciativa de Jesús, y no por propia voluntad o autoridad. No podía cambiar lo que Jesús exigió de renunciar a “ todo” para ser uno de sus discípulos o apóstol elegido. La Iglesia, exactamente igual que Jesús, no puede pedir renunciar” a todo” a todos sus seguidores, los cristianos católicos. Sí puede pedirlo a los  que quieren seguirla “ por causa y amor al Reino de los Cielos, hoy, la Iglesia. Para lo que, ha habido un tiempo que no lo pedía, apartándose del mandato de Jesús, y de ahí surgió el escándalo de inmoralidad, ambición de riquezas y todo lo que Jesús mandó renunciar a sus” especiales” seguidores discípulos.

Prueba triste de ello es la sociedad Medieval donde desde Papas hasta clérigos, muchos, no todos, vivían amancebados, hasta con hijos, y el señor feudal, al hijo primogénito le daba la herencia y el título de nobleza y de ahí el nombre de fidalgo, hijo de algo, mientras el hijo secundón, quedaba sin nada; entonces, le buscaban un obispado, o un cargo eclesiástico importante, sin vocación. Resultado: obispos, Papas, alto clero eran, de hecho, señores feudales que vivían de la caza, la guerra, con tierras y todo lo que en esa Edad Media, y en parte, antes y después, ocurrió en la Iglesia.

Y hoy, el obispo, en su diócesis, los nombra “ enviados”, apóstoles, a cualquier parte de su diócesis, y la Iglesia, a cualquier parta del mundo. La mejor prueba son los misioneros, que renuncian a “ todo”, incluso al celibato.

Lo ya expuesto sobre los escándalos , sobre todo, en la Edad Media, es lo que ha dado lugar a atacar y calumniar a la Iglesia por parte de hasta católicos. Pero una cosa es la Iglesia, que no la forman solo el Papa, obispos y clero, sino todos los católicos, hoy más de mil quinientos millones, de toda raza y lengua; y otra cosa es los miembros de la Iglesia, seglares, hombres y mujeres. Los malos ejemplos de los consagrados, que son parte de la Iglesia, no la Iglesia, más los malos ejemplos de los laicos, no todos, también parte de la Iglesia, no Iglesia, esos son los que desacreditan y dan motivo a las críticas por los escándalos. Lo que ocurre siempre y seguirá. Ya en el mismo entorno de Jesús lo hubo: Judas, apóstol, y los falsos discípulos. Quedando solo una selección, como hoy, más importante y eficaz, por la  calidad que por la cantidad. Porque suele ser motivo de conversión como los malos ejemplos son motivo de separación de la Iglesia.

La Iglesia, en sí, como obra de Jesús, por sí misma, tiene todas las características o notas, para ser Una, Santa, Católica y Apostólica. ( E históricamente, Romana) . Una, por por la unidad de su fe y moral. Santa, por sus medios santos, los sacramentos; Católica, por ser universal, abierta a todos; y Apostólica, por fundarse en los Apóstoles. Y Pedro o piedra, y sus sucesores,  base de unión y unidad, puesto por el Mismo Jesús. Esa es la Iglesia. Todo lo demás son adherencias circunstanciales, no esenciales, que suelen perjudicarla o favorecerla según su unión a lo que ella es y enseña.

Como la Misa o Eucaristía: que se limita y centra  en el momento de la consagración y comunión. Esa es la misa. Nada más. Todo lo demás son medios circunstanciales para prepararse y dar gracias.

Parecía lógico y hasta necesario, dados los enormes escándalos, que la Iglesia “ impusiera” el celibato. Pero renunciar a todo, como la propiedad ilimitada de bienes, la pobreza o modestia real, no la impuso, quedando, para ejemplo y vergüenza, el voto voluntario de los monjes y monjas, de pobreza, castidad y obediencia; cosa que hizo exclamar al Papa al recibir al Francisco de Asís pobre: “¡ Francisco, nos avergüenzas ¡”. Este Papa Francisco menos mal que ha destituido a Cardenales y obispos por exceso de lujo en viviendas y demás. Lo mismo que pide celibato, debería pedir pobreza evangélica a todo el clero, pero los sencillos curas párrocos, habrá alguna rara excepción, ya la está viviendo, gracias a Dios y a su amor a los pobres y a Jesús pobre. Los tiempos han cambiado bastante.

Hay otras causas a favor del celibato. Más bien personal. Hasta hoy, no sé si habrá alguna excepción, todos los que se han ordenado de sacerdotes, y de diáconos no permanentes, no han rechazado, o puesto como condición, poder prescindir del celibato. Aunque en su fuero interno, algunos, no estuvieran de acuerdo con esa exigencia de la Iglesia actual.

No se conoce ningún caso, que se sepa, de haberse negado a ordenarse por rechazar la obligación del celibato. Pero sí se han dado muchísimos casos, sobre todo, en el pontificado de San Pablo VI, de solicitudes de dispensas sacerdotales y diaconales, quedando reducidos al estado laical o secular, aunque, por ser un sacramento que imprime carácter, siguen siendo sacerdotes o diáconos. Casi todos se casaron, a lo que la Iglesia no se opuso. Prueba de que la inmensa mayoría acepta el celibato, actualmente, libremente, y que el celibato no es para ellos obstáculo  de acceso al sacerdocio. También la mayoría del pueblo cristiano lo ve así.

Parece que el problema principal para la vida sacerdotal es el celibato, aunque no todos piensan así. “ No es bueno que el hombre esté solo”, leemos en la biblia., en la narración de la Creación. Y “ Creced y multiplicaos”, también. Este último mandato es para la especie humana, para su conservación; pero no lo es para el individuo. Casarse u ordenarse no es una obligación ineludible. Es un acto libre. Y sigue siendo libre al aceptar la ordenación con celibato, como aceptar el matrimonio cristiano con las condiciones que pide la Iglesia. “ Si no acepto el celibato, no puedo ser cura”, dicen. Es decir, que parece que valoran más el celibato que ser sacerdote, como rechazar el matrimonio si tiene que aceptar las condición que lleva de indisolubilidad. Pero si en ambos casos no se cree capaz, se es libre de rechazar ambos estados.