6-DICIEMBRE (2) [800x600] (Margarita Bokusu Mina) Málaga en diciembre huele a navidad. Cuando era una niña las luces de colores que adornaban, sobre todo, la capital y no tanto las barriadas, se encendían a principios de este mes como muy pronto. Poco a poco lo fueron haciendo antes, hasta que mucha gente se quejó, unos diciendo que íbamos a llegar a verlas estando aun en la playa, otros por el gasto que suponía y la falta de conciencia ecológica. Hoy en día están desde mediados de noviembre.
El año pasado asistí por primera vez a una zambombá.

Fue en el Teatro Echegaray y pensé que iba a ver a un coro de señoras y señores mayores, con algún que otro niño, cantando villancicos acompañados de la música de zambombas, panderetas y alguna botella de anís “El mono” tocada con un tenedor a modo de güiro. De hecho, en un principio así fue. Mi amiga Rosa es la que me invitó. Era el 21 de diciembre, poco antes de las nueve estábamos cerca, entrando en calor con un moscatel, un Málaga Virgen y unas tapas en la mítica taberna La Campana. Fuimos de las últimas en llegar a nuestro asiento privilegiado, pasando junto a los borrachuelos y chupitos de anís que se ofrecían para disfrutar del evento mejor aún. Según mis padres, ese coro cantando canciones navideñas es lo que en mi ciudad, desde siempre, se ha conocido como pastoral.

 

Las pastorales existían en todos los barrios de Málaga y salían a las calles para ir de puerta en puerta de las casas, cantando a cambio de lo que ofrecieran sus habitantes: roscos de vino, mantecados, polvorones, alfajores, peladillas… Es decir, los dulces típicos de navidad, aunque antiguamente el aroma que se escapaba por las ventanas era el de los ya mencionados borrachuelos embadurnados de azúcar porque para la miel no había, esos llegaron después como los rellenos de cabello de ángel o de batata. Pues bien, tras la pastoral en el Echegaray vino la sorpresa, lo que era propiamente el espectáculo anunciado, la zambombá de la familia Sánchez Cortes: una extensa familia de gitanos de todas las edades, incluyendo a bebés de pecho, que hicieron las delicias cantando villancicos a su estilo flamenco y bailando como solo ellos saben hacer.
Tres días después, el 24, como es costumbre, las familias se reúnen para celebrar la cena de Nochebuena. Algunas llevan años intercambiándose regalos este día, más al estilo anglosajón que al propio, así a los niños quien se les aparece es Papa Noel.

Cuando era pequeña este gordo barbudo de ropas coloradas no existía. Los niños teníamos que esperar a la noche del 5 de enero para recibir los regalos de los Reyes Magos de Oriente. Hoy en día hay quienes aún mantienen la tradición, como la de decorar las casas con lucecitas de colores en las ventanas y el Belén en algún lugar del salón. Lo del Belén también es más tradicional que lo de poner un Árbol de Navidad, sintético, aunque al principio lo fuera natural pero era una pena verlos en las basuras tras las fiestas y la gente fue concienciándose, haciéndose un poco más ecológica… No hay que olvidar que somos muchas personas las que apostamos por un consumo responsable, que si se regala algo en estas fechas sea útil y comprado a artesanos, a ser posible locales, más que a grandes centros comerciales.
6-DICIEMBRE [800x600]Las fotografías que he elegido para acompañar a este texto no fueron hechas en diciembre. Una de ellas es más clara en este sentido que la otra por los atuendos que podemos ver. Es una foto tomada en el Paseo del Parque, en lo que es la Plaza del Festero, esa estatua que representa a un hombre cantando por verdiales, el cante más antiguo de toda Europa. A su lado tenemos a una panda de verdiales que se reúne todos los domingos en ese lugar. Pero los malagueños bien sabemos que el día de los Inocentes, el 28 de diciembre, se juntan todas las pandas en la Venta del Túnel y es algo que hay que vivir al menos una vez en la vida.
La otra foto está hecha en un bar de toda la vida: Casa Aranda, donde se prepara uno de los mejores chocolates con churros de la ciudad. Chocolate a la taza. Lo que vemos en la foto también ha sido conocido como porra (aún sin contar a trozos), no sé si para diferenciarlo de los churros madrileños que son más finos y que son presentados pegados por los extremos formando casi un óvalo. Antiguamente también se le llamaban tejeringos pero de esta palabra quizá pocos se acuerden.
Cuando comience este diciembre en Málaga, una escultura llevará apenas cuatro días inaugurada: el busto a Rockberto, en la Plaza de San Pedro de Alcántara a la que muchos ya llamamos La Plaza de Roberto.
Aprovecho estas líneas para desear a tod@s una Feliz Navidad y un Próspero 2014 y para decir que mi novela, una especie de Bukowski, fuente de mis únicos ingresos a pesar de estar licenciada en Filología Inglesa, para libro electrónico o en papel, llega a cualquier lugar del mundo desde http://bit.ly/10XMSJX donde también podrá leer las primeras páginas. Si quiere ver todo lo que ha ocurrido desde que decidí publicarla hace casi nueve meses: http://margaritabokusumina.blogspot.com.es

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