(Jacinto Martínez) En unos tiempos donde los acontecimientos se suceden tan rápidamente, donde la información fluye por y desde todos lados de forma casi instantánea, es difícil prever lo que puede pasar cuando se juega con fuego; y jugar con fuego es dejar asuntos tan decisivos y claves, para la integridad territorial y la convivencia en nuestro país, en manos inadecuadas.

Es cierto que la política se ha convertido en un sistema de mentiras e intereses bastardos aderezado con corrupción. A esta receta en ocasiones se la adoba con información manipulada a cargo de medios de comunicación afines. También es cierto que salvo uno, en estas elecciones, todos los partidos y sus actuales líderes tienen una trayectoria que podemos analizar.

Si aplicamos unos filtros de los que tenemos suficiente información, bien por haberla oído o leído, bien por haberla vivido, podemos tener suficientes datos para tomar la mejor decisión. Podemos analizar en sólo en uno de ellos la experiencia, aunque breve, de gobierno; como ha llegado al poder, con quien ha pactado para ello, qué han supuesto para los españoles los españoles los compromisos que ha adquirido a cambio de acceder y mantenerse en el gobierno; también podemos ver si ha intentado comprar voluntades a cambio de votos y cuánto tendremos que pagar por ello nosotros, nuestros hijos y hasta nuestros nietos; si ha cumplido sus promesas a los españoles, o por el contrario los ha engañado una y otra vez.

Podemos analizar, en todos los candidatos, cuál ha sido su comportamiento en este tiempo; cuáles son compromisos; cuál la confianza que transmiten; cuáles no pactarían nunca para romper España o para proteger a terroristas y humillar a sus víctimas; quienes van a mantener el estado de bienestar al menor costo, es decir con menos impuestos, más empleos y mejor gestión, no solo económica, sino también de la enseñanza y la salud, en igualdad de condiciones para todos los ciudadanos, en todo el territorio nacional.

Ciertamente es difícil valorar si nos van a mentir o no, pero en este caso no vale el refrán de más vale malo conocido…, porque le estaríamos entregando España a un trilero, y esta vez con nuestros votos; es decir esta vez como responsables directos, a cuya cabeza estarían los militantes de su partido.

Apoyar a un partido sólo por afiliación, sin constatar que nuestro apoyo sirve para que representen nuestros valores y principios, aún a riesgo de perder el poder. Votar unas siglas por tradición, por pertenencia a un grupo, o por no pertenencia a otro, aunque este esté defendiendo mejor nuestros intereses en estos momentos. Apoyar y votar a una formación política aún a sabiendas que no le importa fraccionar España, apoyar a terroristas, freírnos a impuestos o destruir empleo, con el fin de que mantenga el poder, no es una opción honorable, ni es remar en la dirección de los que quieren el bien común.

Necesitamos que nos represente un líder cuya honorabilidad sea indiscutible, cuya formación esté no solo por encima de la media, sino a nivel del resto de líderes mundiales con los que va a tratar; necesitarnos un líder que antes de mentirnos dimita, que luche por toda España y por todos los españoles por igual, que mantenga e incentive La Paz y el bienestar social, que nos sitúe al máximo nivel en la esfera internacional, que proporcione a nuestros hijos el mejor y más equitativo sistema educativo, y que mantenga el mejor sistema de salud. Lo que no necesitamos, lo que lamentaremos desde el primer minuto es que nos gobierne un trilero.

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