La iniciativa impulsada hace unos siete años por José López reúne cada domingo a niños, padres, abuelos y coleccionistas de todo tipo en Alhaurín de la Torre

Hay aficiones que sobreviven a modas, pantallas y generaciones. Una de ellas es el intercambio de cromos.

Cada domingo por la mañana, la barriada de Retamar, en Alhaurín de la Torre, recupera una imagen que muchos recordarán de su infancia: álbumes abiertos, montones de repetidos sobre la mesa y personas preguntando qué número falta para completar una colección.

Diario Alhaurín estuvo hace unos días en una de estas reuniones para realizar un reportaje fotográfico y conocer de cerca una cita que, coincidiendo con el comienzo de la Liga, vive uno de sus momentos más animados del año.

Pero detrás de lo que hoy es un punto habitual de encuentro hay una historia que comenzó de forma mucho más modesta.

Una idea que nació de una necesidad

Su impulsor, José López, recuerda que todo comenzó hace aproximadamente siete años.

Coleccionista desde hace décadas, especialmente de material antiguo, José seguía también las colecciones de fútbol de Panini, desde las ligas hasta Mundiales y Eurocopas. Sin embargo, echaba en falta un lugar cercano donde poder intercambiar sus cromos con otros aficionados.

Llegó a desplazarse hasta Málaga capital después de conocer que existía allí un punto de intercambio. La experiencia, sin embargo, no terminó de convencerle.

Lo que buscaba era otra cosa.

«Yo quería el intercambio y la ayuda», resume José al explicar la filosofía que acabaría dando origen al encuentro de Alhaurín de la Torre.

La idea era sencilla: si para cambiar un cromo había que desplazarse hasta Málaga, ¿por qué no crear un punto de encuentro en el propio municipio?

De cuatro personas a una comunidad

José publicó entonces una primera convocatoria a través de un portal local preguntando si había aficionados de Alhaurín de la Torre interesados en intercambiar cromos.

A aquella primera cita acudieron apenas cuatro personas.

Lejos de desanimarse, volvió a convocar otra reunión la semana siguiente. La asistencia creció considerablemente y José tuvo claro que había encontrado algo que funcionaba.

«Dije: esto funciona», recuerda.

A partir de ahí las convocatorias comenzaron a difundirse cada vez más y, aprovechando que él vive en Retamar, la barriada terminó convirtiéndose en el lugar habitual de reunión.

Lo que empezó como una sencilla cita entre unos pocos aficionados fue creciendo semana tras semana.

Ya no son solamente cromos de fútbol

Aunque las colecciones de LaLiga mantienen un enorme tirón, especialmente coincidiendo con el comienzo de cada temporada, la reunión ha dejado de ser exclusivamente futbolística.

A Retamar llegan aficionados con colecciones de todo tipo.

Cromos infantiles, colecciones antiguas, coches en miniatura y otros artículos de coleccionismo han ido encontrando también su espacio.

La propia comunidad se organiza a través de un grupo de WhatsApp que cuenta actualmente con alrededor de 183 miembros, según explica José López.

Y esa cifra no refleja necesariamente el número real de participantes.

Muchos de los miembros son niños que acuden acompañados por sus padres o abuelos, de manera que la cantidad de personas que pueden llegar a participar en las reuniones es sensiblemente mayor.

De niños a abuelos alrededor de una misma mesa

Precisamente esa mezcla de edades es uno de los aspectos que más llaman la atención durante una visita.

Los pequeños buscan los jugadores que les faltan para completar la colección de la temporada.

A su lado, padres y madres vuelven inevitablemente a recordar aquellos años en los que ellos mismos llevaban sus repetidos al colegio.

Y tampoco faltan coleccionistas veteranos que mantienen viva una afición que comenzó mucho antes de que existieran teléfonos móviles, redes sociales o aplicaciones para comprar prácticamente cualquier cromo por internet.

Aquí la dinámica continúa siendo la de siempre.

Uno enseña lo que tiene.

El otro busca lo que necesita.

Y se produce el intercambio.

Sin más.

Una filosofía alejada de la compra y venta

José López tiene claro que uno de los pilares sobre los que nació la iniciativa fue precisamente evitar que el encuentro se convirtiera exclusivamente en un mercado.

Su experiencia en otras reuniones le había mostrado ambientes más centrados en comprar y vender colecciones.

Él buscaba recuperar el espíritu tradicional.

Intercambiar y ayudarse.

Ese planteamiento ha acabado convirtiendo la reunión de Retamar en un espacio familiar donde buena parte de la actividad gira alrededor del intercambio directo entre aficionados.

Y probablemente esa sencillez sea una de las razones por las que ha continuado creciendo durante estos años.

Retamar comienza a hacerse conocida fuera de Alhaurín

La iniciativa también ha conseguido trascender las fronteras del municipio.

José recuerda que por estas reuniones han pasado distintos medios de comunicación, entre ellos Canal Sur, además de medios provinciales y locales que han querido conocer el fenómeno.

Incluso asegura haber tenido constancia de reportajes realizados desde fuera de Andalucía.

Para su impulsor, uno de los motivos de satisfacción es precisamente que el nombre de Alhaurín de la Torre se relacione también con este punto de encuentro para coleccionistas.

José considera que actualmente se encuentran entre las concentraciones de intercambio más importantes de Málaga y destaca especialmente la dimensión alcanzada por la comunidad durante estos años.

Siete años después, la ilusión sigue intacta

Durante nuestra visita a Retamar pudimos comprobar que el comienzo de una nueva temporada de fútbol vuelve a despertar especialmente el interés.

Nuevos álbumes.

Nuevos jugadores.

Nuevos cromos difíciles de encontrar.

Pero la escena sigue siendo prácticamente la misma que hace décadas.

Niños revisando páginas, adultos comparando listas y algún coleccionista celebrando finalmente la aparición de ese número que llevaba semanas buscando.

José López reconoce sentirse especialmente satisfecho de lo que ha terminado surgiendo de aquella primera convocatoria a la que acudieron apenas cuatro aficionados.

«Estamos muy contentos de que esto haya llegado donde ha llegado», explica.

Una frase sencilla que resume bien la historia.

Porque aquel pequeño intercambio improvisado terminó convirtiéndose en una cita semanal donde distintas generaciones siguen demostrando que, para disfrutar de una afición, a veces basta con un álbum, unos cuantos repetidos y alguien sentado enfrente dispuesto a cambiar.

Reportaje y fotografías: Chico López / Diario Alhaurín/Fabio Tumbarello (Fotógrafo)