(Artículo de Opinión por La Novia Roja de la Prensa) Hay una frase en esta imagen que merece la pena ser cuestionada: “Ni la vivienda, ni ningún derecho está garantizado dentro del capitalismo, gobierne quien gobierne” Pero con la derecha toca defenderlos cuesta arriba, a pleno sol y si agua.
Porque los derechos no deberían ser mercancías. La vivienda no debería convertirse en un producto financiero, no debería ser una carrera de obstáculos para quien nace en una familia con menos recursos.
Sin embargo, hay algo más que también conviene decir: No todos los gobiernos son iguales.
Decir que el sistema económico condiciona los derechos es cierto, pero afirmar que da exactamente lo mismo quién gobierne es una conclusión que no comparto. Porque una cosa es que el capitalismo tenga unas reglas de juego y otra muy distinta es lo que hace cada Gobierno con las cartas que tiene.
Un Gobierno puede ampliar el parque público de vivienda y establecer mecanismos para evitar que una persona se quede en la calle, o favorecer su privatización y considerar que todo eso debe resolverse mediante el mercado. Por eso no son todos iguales.
Es cierto que ninguno tiene una varita mágica capaz de desmontar el capitalismo en cuatro años. Ojalá. Todos gobiernan dentro de unas estructuras económicas que limitan muchas decisiones y sus políticas tienen consecuencias reales en la vida de la gente. Pero si gobierna la derecha, en mi opinión, el riesgo de que determinados derechos sociales se debiliten es mayor, especialmente cuando sus políticas priorizan la reducción del gasto público y la colaboración con el sector privado.
Pero cuando lleguen las elecciones tampoco deberíamos caer en la comodidad intelectual del «todos son iguales». Porque no lo son. Las similitudes son exponencialmente peligrosas. Caer en esa afirmación para votar es venderte por un puñao de céntimos para después arrastrarte hasta un puente a dormir.
Eso no significa que la izquierda tenga patente de corso, no, la izquierda también debe ser vigilada y criticada, precisamente porque defender los servicios públicos implica exigir que sean accesibles y que nadie tenga que esperar años para recibir aquello que es un derecho según la Constitución española (…el artículo 47 reconoce el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y obliga a los poderes públicos a promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo…) Gobierne quien gobierne.
Y si alguna vez conseguimos que determinados derechos dejen de depender del Gobierno de turno, será precisamente porque durante muchos años hubo gente peleando para convertirlos en derechos efectivos y no en simples promesas escritas en un papel.
Gobierne quien gobierne, habrá que seguir vigilando, pero si gobierna la derecha, probablemente habrá que vigilar con un ojo abierto y el otro haciendo guardia. Porque cuando lo público empieza a considerarse un gasto y no una conquista social, ya sabemos quién suele acabar pagando la factura: Tú. Y ahí, como diría cualquier buena tropa de infantería: una cosa es que el terreno sea difícil y otra regalarle la colina al enemigo.

















