(Antonio Serrano Santos) Este artículo está escrito desde la fe y para la fe.No intenta convertir a nadie ni hacer proselitismo. Es una pequeña lección de teología a nivel popular,al alcance de todos los católicos. Y desde los valores humanos, por lo que cualquiera, si siente curiosidad, puede leerlo.
“ ¿Por qué obra buena me apedreáis?- No te apedreamos por ninguna obra buena, sino porque Tú, siendo hombre, te haces Dios.” Este fue uno de los encuentros de Jesús con los fariseos. Y añadió: Abraham quiso ver mi dia, lo vio y se alegró.- ¿ No tienes aún cincuenta años y has visto a Abraham?- Antes que Abraham naciera, existo Yo”. Y cogieron piedras para apedrearle.”(San Juan)
“ El Verbo era Dios y estaba junto a Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.”( Prólogo del evangelio de San Juan)
“ He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros”.( Isaías, siete siglos antes))
María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”.( Lucas)
El gran misterio que nos acerca más a Jesús y a Dios, que nos identifica más con Jesucristo, es el de su humanidad. Creado, gestado nueve meses y dado a luz exactamente como nosotros. Sujeto al dolor físico y moral, al llanto, a la alegría, al sudor y al trabajo, al hambre, la sed, el cansancio, a la duda, a la angustia, a la tristeza, a la pobreza y a la muerte. Jesús, en su ser de hombre, no es eterno, comenzó a existir como nosotros; como Hijo de Dios, Dios mismo, sí.
Vamos a adentrarnos, con osadía y humildad, y porque Dios mismo nos provoca o invita a ello, en el océano infinito del amor,la sabiduría y poder de Dios, manifestado en un Hombre: Jesús.
Dice la teología, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia( católica)que en Jesús( Jesús es más íntimo y cordial que llamarlo Jesucristo) se da lo siguiente:
Dos naturalezas: una divina y otra humana.A la primera se deben los milagros y la resurrección. A la segunda, todas las manifestaciones humanas que se citó antes.
Dos entendimientos: divino y humano. En el primero está el origen y explicación de todo: la creación del universo, su principio y destino, incluido el hombre. Es su sabiduría infnita. Por el entendimiento humano, Jesús, aprendió y ejercitó, tanto física como psicológicamente, de sus padres, de su entorno, en el trabajo. (De ahí saca sus parábolas y enseñanzas).Aprendió a leer y escribir.
Dos voluntades: divina y humana.Por la voluntad divina, estaba siempre realizando la voluntad del Padre: curaba enfermos, resucitaba muertos, tenía poder para perdonar los pecados, se trasfiguró, hacía milagros. Por su voluntad humana, se compadecía de los pobres y enfermos, lloraba, suspiraba, se enfadaba como cuando querían apartar a los niños de él, o contra la hipocresía de los fariseos, o se impacientaba por la poca fe de sus discípulos, admiraba y ponía de ejemplo los lirios del campo, los pájaros; se alegraba y ayudaba como en las bodas de Caná que hizo abundar vino y del bueno a los jóvenes esposos. Llegó, en el culmen de la demostración de su libre voluntad humana, a “ no querer aceptar la voluntad divina, la del Padre: “ Padre mío, todo te es posible; aparta de mi este cáliz”. Pero esa misma voluntad humana, luego, dice: “pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Esta es la mayor identificación con el hombre, como hombre que es. Cuando el hombre no encuentra explicación a lo que le ocurre,y que su voluntad rechaza, tiene ahí la respuesta, la actitud de Jesús, hombre, que ora intensamente, hasta sudar sangre( ¿ qué no vería lo que tenía que asumir de toda la maldad de la historia de la Humanidad?) y sale fortalecido para enfrentarse con la turba que viene a por Él.
Una memoria, porque como Dios, todo lo tiene presente. Para Dios todo es como un presente. “ Mil años como un día y un día como mil años”. Como hombre, tenía que recordar. Y traer a la memoria las cosas. De ahí sus parábolas sacadas de su experiencia, de su trato con las costumbres, los nombres, los lugares…
Una Persona, la divina. Todo ser inteligente es persona: Dios, el ángel, los demonios, los hombres. Jesús, como Hijo de Dios, Dios mismo, segunda Persona de la Stma. Trinidad, no puede tener dos personas. Sería absurdo. Una cosa es lo que es y no puede ser, al mismo tiempo, otra cosa. Si Jesús es persona humana, no es divino. Sería un hombre más, sólo hombre. Y toda su vida, su resurrección por propio poder, sus milagros, perdonar los pecados, algo sólo propio de Dios, no sería posible. Por eso, es Persona divina. No humana. Sin, por eso, dejar de ser hombre, con naturaleza divina y humana.
Todo esto nos lleva a un conocimiento de la sabiduría y amor de Dios que nos deja anonadados. Imposible de creer, sin fe, la inmensa bondad de Dios Padre con su Hijo y con nosotros, sus criaturas. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Unigénito, no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Y dice San agustín, con una frase que parece un trabalenguas: “ Si Agustín fuera Dios y Dios, Agustín; Agustín dejaría de ser Dios para ser Agustín”. Eso es amor. Y eso es lo que ha hecho Dios. Hacerse hombre, dejando, aparentemente, de ser o aparecer como Dios.: Jesús de Nazaret. Cuanto más se leen los evangelios, desde la fe y la limpieza del corazón, más convence, en la sencillez de sus relatos, la realidad histórica y humana de Jesús, Dios y hombre verdadero. Más despierta nuestro amor.
“ Así: te necesito de carne y hueso….Hombre quisiste hacerme, no desnuda inmaterialidad de pensamiento./ Soy una encarnación diminutiva;/ el arte, resplandor que toma cuerpo:/ la palabra es la carne de la idea:/ ¡encarnación es todo el universo!/¡ Y el que puso esta ley en nuestra nada hizo carne su verbo!/ Así, tangible, humano, fraterno. / Ungir tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos/ hundirme, como Juan, en tu regazo y,- Judas sin traición-darte mi beso./ Carne soy, y de carne te quiero./¡ Caridad que viniste a mi indigencia,/ qué bien sabes hablar en mi dialecto!/Así,sufriente,corporal,amigo¡Cómo te entiendo!/ ¡ Dulce locura de misericordia: los dos de carne y hueso!” (Alfonso Junco).
“ Imagen y expresión tuya es el buen Jesús./ Ya sabemos, oh, buen Dios!/ cómo eres Tú.”

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