(Leide Lessa) Los juegos olímpicos de Rio 2016 trajeron mucha emoción, alegría y sorpresas, empezando por la apertura, que quiso celebrar la diversidad y el hecho de que hay siempre una solución, incluso para el calentamiento global. Rio de Janeiro tiene ahora 11.000 árboles más, plantados por atletas. 
Por medio de la prensa, conocimos la historia, el esfuerzo y las dificultades que muchos enfrentan antes y después de participar en la competición deportiva más grande a nivel mundial: Las Olimpiadas. Conocer mejor la vida de los atletas me hizo acordar lo que dice la pensadora Mary Baker Eddy en su libro Ciencia y Salud al explicar que el camino es menos difícil cuando mantenemos la meta siempre en nuestro pensamiento, en vez de contar los pasos. Esto se debe a que la expectativa acelera el progreso. 
La expectativa de participar en esa competición debe haber sido lo que motivó en gran medida a la mayoría de los atletas, principalmente a los que no tienen recursos financieros propios, y sin duda al equipo de refugiados que fueron muy bien acogidos.
Los deportistas nos dieron ejemplos de concentración, de enfoque y de esfuerzo. Eso es bueno para todos, incluso para los que no practican ningún deporte. 
A veces uno imagina que un deportista exitoso no tiene problemas, pero eso no es así. El nadador estadounidense Michael Phelps, considerado uno de los más grandes atletas de todos los tiempos, sufrió problemas de autoestima que lo llevaron a beber excesivamente y a actuar de manera irresponsable. Phelps admite que un amigo lo ayudó cuando creía que su vida no tenía sentido y, después de vencer su depresión, se siente ahora realizado como atleta, feliz por ser padre y por empezar una nueva etapa en su vida. Una de las cosas que dice, es que “no se puede poner límites a nada, pues cuanto más sueñas, más lejos llegas”. 
Este es un concepto muy antiguo, de origen bíblico. Phelps dice que cree en Dios, y la Biblia enseña que todas las cosas son posibles para Dios, que es la Mente divina la que crea y mantiene todo en armonía.
No es necesario ser atleta para vivir el espíritu olímpico todos los días. Al aceptar y entender que uno puede conectarse con la Mente divina, que es la fuente de la inteligencia y la energía, uno puede aprender a concentrarse, a esforzarse, y principalmente a vencer los desafíos y limitaciones. Eso sí es posible para todos.
Leide Lessa, maestra y conferenciante de la Ciencia Cristiana, escribe reflexiones sobre la salud, el bienestar y la espiritualidad.  Email: lessal@csps.com Twitter: LeideLessa

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