El vocalista, arropado por una banda estrechamente vinculada a Málaga, conectó con un auditorio lleno en una noche que dejó momentos especiales como su interpretación casi a capela de “La malagueña salerosa” junto al director musical Javier Tapia y la escenificación de “¿Y quién es él?” protagonizada por Montse Iglesia.
Hay canciones para las que parece no pasar el tiempo. El Portón volvió a demostrarlo este sábado, cuando espectadores de distintas generaciones terminaron cantando juntos algunos de los temas más reconocibles de Raphael. El espectáculo tributo “Escándalo” llegó a Alhaurín de la Torre con todas las localidades agotadas desde semanas antes y convirtió el auditorio al aire libre en un recorrido por varias décadas de la música española.
No era sencillo el reto. Homenajear a un artista con una personalidad, una voz y una forma de interpretar tan reconocibles exige algo más que reproducir canciones y gestos. Y ahí apareció Alberto Ruiz, que consiguió atraer al público desde el escenario y hacerlo partícipe del espectáculo.
Alberto Ruiz se gana a El Portón
Si el repertorio de Raphael era el punto de partida, Alberto Ruiz fue el encargado de llevarlo hasta un público completamente entregado.
El vocalista mostró durante toda la noche una especial capacidad para conectar con el graderío, alternando la interpretación de los grandes clásicos con momentos de complicidad y cercanía con los espectadores.
Canciones como “Mi gran noche”, “Yo soy aquel”, “Qué sabe nadie” o “Escándalo” encontraron inmediatamente respuesta desde las butacas, con un público que conocía los estribillos y que en numerosos momentos dejó de ser únicamente espectador para convertirse en parte del concierto.
Una circunstancia especialmente llamativa fue comprobar la diversidad de edades. El repertorio asociado a Raphael continúa funcionando como nexo entre generaciones que, pese a haber descubierto estas canciones en épocas muy diferentes, siguen reconociéndolas desde los primeros acordes.
“La malagueña salerosa”, uno de los momentos especiales de la noche
Alberto Ruiz estuvo arropado por una banda de músicos muy vinculados a Málaga y su provincia, con componentes relacionados con lugares como Antequera y Churriana, que aportaron solidez musical a todo el espectáculo.
Pero también hubo espacio para salirse por unos minutos del guion esperado.
Uno de los momentos más especiales llegó cuando Alberto Ruiz compartió protagonismo con el director musical y pianista Javier Tapia para interpretar “La malagueña salerosa”.
Ambos ofrecieron una versión prácticamente a capela, reduciendo al mínimo el acompañamiento instrumental y dejando que las voces ocuparan el centro del escenario.
El resultado fue uno de los pasajes más íntimos de una noche caracterizada hasta entonces por la potencia del repertorio de Raphael: dos voces, pocos artificios y un auditorio atento a una interpretación diferente dentro del espectáculo.
Montse Iglesia lleva el teatro hasta “¿Y quién es él?”
La noche dejó además espacio para introducir elementos teatrales.
La conocida canción de José Luis Perales “¿Y quién es él?” fue acompañada de una pequeña escenificación en la que participó Montse Iglesia, esposa de Javier Tapia.
Actriz y bailaora de Tarifa, Iglesia puso en juego sus dotes interpretativas para trasladar al escenario la historia que cuenta la canción, aportando una dimensión diferente al número musical.
Fue otro de esos detalles que difícilmente aparecen reflejados en el programa de un concierto, pero que ayudan a explicar lo ocurrido sobre el escenario de El Portón.
Una banda con sabor malagueño
Buena parte del resultado de “Escándalo” estuvo también en los músicos que acompañaron a Alberto Ruiz.
La formación que pasó por El Portón estuvo compuesta por:
- Alberto Ruiz, vocalista principal.
- Javier Tapia, pianista y director musical.
- Paco Ramos, piano y teclados.
- Juan Soto, bajo.
- Jorge Cid, batería.
La banda tuvo que afrontar además un repertorio especialmente exigente por un motivo: el público conoce perfectamente las canciones.
Cuando buena parte de un auditorio sabe cuándo llega un estribillo, reconoce una introducción en apenas unos segundos y conserva en la memoria la interpretación original, convencer resulta todavía más complicado.
La respuesta del público de El Portón dejó claro que la propuesta funcionó.
Mucho más que imitar a Raphael
Uno de los aciertos de Alberto Ruiz fue conseguir que el homenaje funcionara sin depender exclusivamente de reproducir los característicos gestos del cantante de Linares.
Naturalmente hubo guiños a su particular manera de moverse e interpretar, indispensables en un espectáculo concebido alrededor de su figura, pero Ruiz aportó también personalidad propia y una continua complicidad con sus músicos.
Y, especialmente, consiguió algo que no siempre puede conseguirse simplemente con una buena voz o una cuidada puesta en escena: atraer al público hacia las canciones y mantenerlo dentro del espectáculo.
El graderío respondió con aplausos, voces y largas ovaciones después de algunas de las interpretaciones más celebradas.
Tercer tributo de un verano muy musical en El Portón
“Escándalo” forma parte de la programación del ciclo Estivalh y supone el tercer espectáculo tributo celebrado este verano en El Portón después de las propuestas dedicadas a Bambino y Pink Floyd.
Tres universos musicales completamente diferentes han pasado así por el escenario alhaurino: desde el flamenco y la canción hasta el rock progresivo y, ahora, algunos de los grandes clásicos de la música popular española.
El espectáculo fue organizado por la productora Visual Event, en colaboración con el Área de Grandes Eventos y Actividades en El Portón.
Canciones que siguen pasando de generación en generación
Más allá de la nostalgia inevitable que rodea a un espectáculo de estas características, la noche dejó otra evidencia: las canciones asociadas a Raphael han conseguido sobrevivir al paso de las décadas.
Que espectadores de edades muy diferentes puedan cantar conjuntamente “Mi gran noche”, “Yo soy aquel”, “Qué sabe nadie” o “Escándalo” explica mejor que cualquier cifra la permanencia de un repertorio integrado ya en la memoria musical colectiva.
El sábado cambiaron el escenario y los intérpretes, pero las canciones seguían ahí.
Y El Portón todavía se las sabía.


















