(Jmm Caminero) Juan de Portoplano miraba al espejo de los antiguos y modernos, tantos nombres que recorrían los estantes de la historia, docenas y cientos que antes que tú y que yo, intentaron entender y comprender el mundo, Juan de Portoplano intentaba dialogar con ellos, no quería imponerles sus ideas, que de todas formas son heredadas de las de siglos antes que nosotros, pero en su rincón-sillón intentaba poner un lazo a la realidad…

– No utilices tanta vanidad y soberbia y grandilocuencia en las palabras. Si es que quieres ser entendido, si es que quieres ser estimado.

– Usted va al mejor cirujano que puede, no le pregunta su ideología, sino su eficiencia y su saber en su especialidad, por tanto, usted no tenga en cuenta la supuesta ideología que usted que yo dispongo, sino más bien, piense si la frase que está leyendo tiene sentido, tiene argumentos y razones suficientes, si es verdadera y si es bondadosa y si es útil y racional y prudente.

– Uno, nace dónde nace, tiempo, época, geografía, cultura, sociedad, familia… y esto le condiciona esencialmente para su vida presente y futura.

– Se dice, que mientras Europa ardía por todos los lados y por el interior, en la segunda guerra mundial, Pío de Pietrelcina hacia signos y milagros portentosos.

– Hume criticó negativamente, como mitología los milagros del Nuevo Testamento, y muchos siguen esas ideas, pero por qué no examinan los milagros aprobados oficialmente por el catolicismo acontecidos en el siglo veinte.

– He caído en la vanidad, y tú, te pregunto has caído, todo el mundo quiere tener sus admiradores, y una cosa es tener una justa autoestima, otra cuestión es que nadie quiere que le critiquen negativamente, y todo el mundo quiere ser estimado y amado, y otra cosa es desear que te admiren. Algunos, como los que nos dedicamos a escribir deseamos perdurar en la mente de los hombres durante siglos. He caído en la vanidad, sin saber totalmente que eso era vanidad, creyendo que era natural, que alguien que escriba o filosofe o pinte intente que su trabajo perdure durante siglos, y encima le admiren. Quizás sea natural que el que haga un edificio crea que perdure durante siglos, pero quizás, no es tan lógico pensar que debe ser recordado por su obra.

– Ya que tenemos una cierta edad, debemos no olvidar, que una pléyade de grandes autores de hace treinta o cuarenta años, que tanto sobresalían en su tiempo, ya parece que duermen, el purgatorio de los intelectuales y escritores y pensadores y artistas, que dicen, pero la verdad es que muchos de ese purgatorio no resurgen nunca o casi nunca.

– Hay que intentar hacer una obra bien, bien hecha, buena moralmente, eficiente en sí, verdadera y verídica, sea la que sea, y después que sea recordada o no lo sea, eso es otro cantar.

– Debo confesar que he caído en la vanidad, creer que esta obra Cuadernos o Pensamientos, formado por miles de páginas, miles de dibujos-pinturas, esta obra permanecería en la historia de los hombres, y de alguna manera, también mi trabajo sería valorado, si no ahora quizás en el futuro, aunque también debo decir, que después, las obras que se recuerdan y a los humanos que las han hecho y se les recuerda, se inventan muchas historias erróneas y falsas.

– Cómo no caer en la vanidad, ni en la soberbia del hombre o mujer de letras, o de las artes, de la ciencia, de la filosofía, de la cultura, de la religión-teología. Es fácil, esa persona que ocupa ahora mucho cargo y mucha carga y mucho nombre, que ejerce de ese oficio, pongamos por caso gobernador, alcalde, obispo, párroco, artista… piensa tú, cual era el nombre del alcalde o del gobernador o del obispo o del artista o del párroco de esa entidad hacia cien años. Nadie o casi nadie lo recuerda, tú tampoco. Y a lo sumo recuerdas su nombre y solo algunos de ellos. Por tanto, haz una obra buena y eficiente en sí, buena y eficaz en sí, moralmente aceptable, espiritualmente correcta, legalmente adecuada, y ese será el bien que perdure, la obra bien hecha, que influirá en otros, y los otros no serán conscientes de quién hizo o diseño o imaginó ese puente por el que caminan generaciones desde hace siglos.

– Creía que una obra enorme en extensión, con cientos de temas y cuestiones, indicados con palabras o con pinturas-dibujos o con imágenes, creía que una obra así, sería aceptada mínimamente por mis coetáneos, estimada, estimada al menos mínimamente, y qué ha sucedido, que una obra así, está medio perdida y medio destruida ya, y no está ni considerada, ni estimada. Es decir, creí que esa obra tendría un lugar en el corazón de la cultura, aunque fuese el último, y no tiene ninguno, caí y pensé y sentí la vanidad.

– En un tiempo que todo el mundo corre, corre sin moverse, sin moverse apenas por dentro, hemos creído algunos que el fragmento corto, el aforismo-adagio-sentencia-frase corta, podría servirle para intentar pensar y repensar mejor lo que es y lo que somos, lo estamos y en dónde estamos…

– Uno, que ya sabe que es mortal y frágil, que sabe que puede durar en esta vida, un año o cinco o diez o veinte o treinta más, pero no más, posiblemente no más, pues uno, tiene que intentar hacer el menos mal posible, el menos mal posible a uno mismo, a los cercanos, a los demás, a los presentes y a los futuros. Por tanto, al menos, intentar que las frases-dichos-adagios-aforismos, dentro de la limitación del género sean lo más verdadero posibles.

http://twitter.com/jmmcaminero                    © jmm caminero (08 marzo-11 mayo 2018 cr).

Fin artículo 1.232º: “Aforismos IV de Juan de Portoplano”.

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