(PSOE) Si no quiere oír al pueblo, que renuncie a ser Alcalde y Diputado       Sabíamos que el Pleno podría ser complicado, el Alcalde también. Por ello en una medida sin precedentes limitó el aforo del salón de pleno, y obligó a la identificación de los que pretendían el acceso al mismo. En lo que nosotros entendemos como una limitación en los derechos fundamentales de los ciudadanos.   Todos  sabemos de lo perjudicial que resulta tener un cargo público endiosado y dictatorial, donde los ciudadanos dejan de tener esa condición para convertirse en súbditos,y donde los Plenos dejan de ser órganos  decisorios públicos, para convertirse en salas de audiencias de cualquier corte de la Edad Media. Donde   no se hablan de derechos sino de favores y prebendas.   Pero si perjudicial es tener un Alcalde endiosado, tener uno, además temeroso de perder el poder, el asunto es nefasto para el pueblo, y para la salud de nuestra democracia. Y esto es lo que vimos el pasado viernes.   El Alcalde no quiere oír al diferente, al disidente.  Solo quiere aplausos, palmaditas en la espalda, y alabanzas. De ahí que el viernes pusiera todos los impedimentos necesarios para que el acceso al Pleno no fuera libre, orquestando una situación que rallaba lo esperpéntico. El público oculto,y escaso, detrás de las columnas, nadie podía mirarlo de frente, los únicos que pudieron, el personal de prensa, su prensa.   Cuando finalizó el pleno, en la parte de ruegos y preguntas, que no es grabada ni emitida, la situación de este endiosamiento se hizo más evidente. No quiso ser preguntado por el tema del IBI, porque ya estaba tratado, cuando no hay ninguna ley que obligue al ciudadano a no repetir pregunta o ruego. El Alcalde no quiere escuchar al que lo pasa mal, al que no esta deacuerdo con él, a pesar que este pueblo se sustenta, con los impuestos de todos, con el que piensa como él , y el que no.   Si este Alcalde no quiere escuchar al pueblo,  si solamente quiere oír al que piensa como él, que se marche, que deje su acta de Alcalde y de Diputado y se  traslade a calle Ermita, a continuar escuchando  las alabanzas en forma de cantos de sirena que alimentan su egocentrismo. Pero el sabe mejor que nadie, igual que todos, que cuando esto ocurra,  lo único que oirá serán las palmaditas en la espalda que les den a otro.    

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