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Inaugurada la exposición ‘Metafísica-doméstica’, compuesta por una treintena de dibujos, pinturas y esculturas que destilan juventud, frescura creativa y una profunda reflexión sobre la identidad. Podrá visitarse hasta el 4 de junio

‘Metafísica doméstica’ es el título de la nueva muestra artística que acoge desde ayer la Finca El Portón, en la sala ‘Bryan Hartley Robinson’. La joven artista Juia Diazdel es la autora de este original montaje, compuesto por una treintena de obras entre dibujos, pinturas y esculturas que remiten en su totalidad al concepto de poema-objeto. Podrá visitarse hasta el 4 de junio de lunes a viernes de 10 a 13,30 y de 17 a 20 horas (lunes tarde cerrado) y los sábados de 11 a 14 horas.

Unas 70 personas acudieron al acto de inauguración. Una representación del equipo de gobierno, con el alcalde, Joaquín Villanova, a la cabeza estuvo presente en la apertura de la muestra, enmarcada dentro de la programación del Área de Cultura que dirige Mario Pérez. Villanova destacó el talento de esta joven artista, hija de José Antonio Diazdel, y le deseó suerte en sus próximos proyectos. “Es una bellísima muestra, en la que se mezclan diferentes disciplinas, relacionándose varios objetos entre sí y cargada de la frescura y la creatividad de Julia, en la que se deja notar la influencia de su padre, gran artista y maestro.Con su peculiar transformación y visión de objetos cotidianos, “domésticos”, no os podéis perder esta exposición”, ha declarado el primer edil.

Diazdel, malagueña de 21 años, y que cursa el último año del grado de Bellas Artes de la Universidad de Málaga, debuta en su primera exposición individual, ya que hasta ahora había participado en varias muestras colectivas. La artista propone una colección heterogénea de género diverso, donde se mezclan pinturas, esculturas, instalaciones, poemas y  objetos varios con la intención de provocar en el espectador una reflexión sobre elementos cotidianos: su esencia, identidad, apariencia, uso, trascendencia… incluso su poesía implícita y sus connotaciones, siempre con el propósito de producir cierta inquietud y la pulsión de dedicar una contemplación consciente, más allá de una primera mirada que nunca es suficiente.

La artista parte de la base teórica en el poema objeto, una creación que podríamos describir como anfibia ya que existe entre dos elementos: el signo y la imagen, el arte visual y el verbal. Un poema-objeto se contempla y, al mismo tiempo, se lee. La aparición de este tipo de creación se remonta a las vanguardias artísticas del siglo XX, pasando por varias corrientes (cubismo, dadaísmo, surrealismo, etc…) hasta convertirse en una especie de género rebelde entre la plástica y lo literario.

El poema-objeto se ofrece a la vista como un enigma visual, pues descifrarlos exige leerlos A partir de él, Julia desarrolla una serie de piezas que relacionan dos o más objetos, que normalmente no estarían conectados, o más bien no lo percibiríamos así, para crear un nuevo significado. Ensambla o une objetos que de manera individualizada no pasan de ser elementos cotidianos, descontextualizándolos, cargándolos de sorpresa, lirismo e incluso humor.

Julia Diazdel investiga sobre el concepto de identidad y en parte intenta trasladarlo a aspectos de identidad del ser humano, acercándose a los retratos psicológicos de Man Ray, que hace al espectador reflexionar en torno a lo que debemos ver más allá de una imagen.

No  obstante, a la joven malagueña le interesa más la identidad de las cosas que la de las personas. Sus referentes claves en este campo han sido Duchamp, Brossa y Chema Madoz, así como Mereth Oppenheim y su inquietante obra “Juego de desayuno de piel” en que la textura y material de lo que podría ser una simple taza en su plato, con una cucharilla, provoca gran desasosiego.