(Por Mariano Cabrero Bárcena) Crónica anunciada es el terrible accidente de tren que vivimos los españoles, en el día de ayer, fechado: 28 de septiembre de 2026. Quizá nos da la sensación que España, presuntamente, está sufriendo un servicio ferroviario inseguro.

Cierto es que, en algún momento dio tranquilidad viajar den tren, ahora que lo llevan a cabo millones de personas y a alta velocidad. La desconfianza en estas infraestructuras está aumentada tras los accidentes ferroviarios, por causas supuestamente de conservación y cambios en los elementos que componer un tren de alta velocidad.

El accidente de Urda (Toledo) hace unos días- como el de Adamuz hace nueve meses-vienen a demostrar que ser el segundo país (después de China) con más kilómetros de alta velocidad, desde luego, no garantiza la calidad del servicio de tren, y mucho menos la segunda de este servicio.

Fuimos testigos del accidente de tren de Angrois (Galicia, en el año 2013) donde el sistema automático de frenado ante una curva –bastante pronunciada-brilló por su ausencia. Hubo que lamentar la muerte de 80 pasajeros. Se contacto también que en el de Aldamuz en enero de este mismo año perdieron la vida 46 personas. Los sistemas de control habían detectado una rotura en la vía.

Y vuelve a evidenciarse ahora en el de Urda (Toledo) que, presuntamente, no hubo responsabilidad por parte de los maquinistas mujer y hombre, cuando el tren que chocó circulaba a 200 a 300 kilómetros por hora. Y que posiblemente el error ha consistido en una caída del sistema informático, que derivó en una sucesión de fallos irremediables.

Bien es sabido que el riesgo cero no existe en ninguna faceta de la vida, y nadie está en posesión de la formula para que jamás haya un accidente. Pero, supuestamente, algo bastante grave está ocurriendo en la regulación, comprobación y en los sistemas de seguridad y alertas en nuestros trenes. El diseño y el mantenimiento de las infraestructuras no están pareciendo que no son las más adecuadas.

Desde hace cinco años no hay presupuestos en España, y no se dispone de partidas económicas nuevas y suficientes, qué permitan un mantenimiento eficaz para nuestras infraestructuras. Vemos que el deterioro es evidente…

Obviamente, las primeras víctimas de un error son quienes sufren sus consecuencias directas. En un accidente de ferrocarril serán los viajeros, de la misma manera que un fallo médico serán los pacientes. Sin embargo, existe una segunda víctima

La Coruña, 31 de octubre de 2026

©Mariano Cabrero Bárcena es escritor