(Antonio Serrano Santos) Una prueba “evidente” de la existencia de Dios y de Jesús de Nazaret no es difícil de demostrar para la fe. Y sin fe, no se podrá negar lo que es evidente. No ya la visión directa de Dios, su presencia física, no espiritual e invisible, como pidió el discípulo Felipe a Jesús: “ Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Como diciendo, no te esfuerces hablando del Padre (Dios); queremos verlo.

Tanto para el creyente como para el que no cree, existen hoy tales y tan claros indicios de la evidencia de la actual presencia y existencia de Dios y de Jesús, que es imposible negarlo.

Jesús contestó: “ Felipe, ¿ tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me habéis conocido? El que me ha visto a mi, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú muéstranos al Padre? ¿ No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en mi?  Las palabras que Yo os digo no las hablo de mí mismo; el Padre que mora en mi hace sus obras. Creedme  que Yo estoy en el Padre y el Padre  en mi. Al menos, creedlo por las obras”. En otra ocasión dijo a los que le escuchaban: “ “Ellas( las obras) dan testimonio de mi”. Clara referencia a los milagros que El hacía y que nadie podía realizar.

“ Por las obras”. Esas obras a través de los siglos, hechas por Él, o a través de sus discípulos, se han venido realizando hasta hoy.

Milagros aparte, son pruebas evidentes para la fe e inexplicables para los sin fe; cosas, realidades, que han llegado hasta nosotros desde el comienzo del cristianismo.

Empecemos por algo que es, humanamente, lo más increíble, absurdo e irracional, de locura, hasta con visos de magia: que un poco de pan y de vino, por las palabras de Jesús y, luego, repetidas, exactamente, por los discípulos escogidos  y sus seguidores ,hasta  hoy ,para ello, se conviertan en el cuerpo y sangre de Jesucristo, es decir, en todo Él. Y que durante todos los siglos lo crean y lo hagan hasta los más de mil quinientos millones de hoy…, o es una evidencia de una realidad misteriosa inexplicable o es una locura colectiva más inexplicable aún. Y no sólo por la cantidad, que los hay también en otras religiones, sino por la calidad y exclusivo contenido de la fe.

Y no sólo se cree eso. Sino, además, que está vivo. Presente y glorioso en ese pan y ese vino y en todos los sagrarios del mundo, donde se ora,se le adora, ama y visita, de día y de noche.

Y donde más se centra esta fe y este misterio es en la Misa o Eucaristía. Que , por las palabras de la consagración, se actualiza y se renueva el sacrificio de la cruz de modo ya incruento: “  Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz  con mi sangre que será derramada por  vosotros y por todos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.

Podríamos exponer, como evidencia “ física”, muchas cosas más, testimonio y prueba de lo que dijo Jesús: que era y es el Hijo de Dios, Dios mismo. Que sólo Él podía lograr  que los siglos hasta hoy crean, vivan y amen a Él, a Dios, en ese poco de pan y de vino como alimento espiritual y y presencia según prometió: “ Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Nunca, jamás, en ninguna religión enseñaron y enseñan, creen y viven esta fe. De ningún personaje, ni mítico ni histórico, se dice que vive hoy,  que se le cree, adora y ama. Ya en las catacumbas de Roma se grabaron los símbolos eucarísticos, que aún se conservan : espigas de trigo(el pan), racimos de uvas( el vino). Y en los intrincados laberintos subterráneos celebraban la eucaristía( misa) escondidos de las persecuciones. Y  llevaban la eucaristía, oculta,  a los presos condenados al martirio. El niño San Tarsicio fue el primer mártir de la Eucaristía, sorprendido y muerto, cuando la llevaba a los condenados.

Porque, más que creamos en su existencia, buscando pruebas y evidencias con la razón, Dios quiere hacernos  ver la evidencia de su amor. Que le amemos porque Él nos amó primero. Que creamos en su amor misericordioso. Que nos hizo libres, se compadece de nuestras miserias, creó un universo maravilloso para nosotros, para explorarlo y perfeccionarlo en bien de todos,  herencia desfigurada del paraíso perdido  y nos destina al paraíso recuperado: ” He aquí que hago cielos y tierra nuevos”, “ ya no habrá más frío, ni calor, ni llanto, ni dolor ni muerte. Una vida eterna feliz, superados el dolor y la muerte. Condicionándolo todo al amor a Dios y a los hombres, nuestros hermanos.

“ Dios es espíritu, y en espíritu y verdad hay que adorarlo( amarlo, creerlo)” dijo Jesús a la samaritana. “ Cuando venga el Mesías, Él nos lo aclarará todo”, respondió la samaritana, en la duda. “ Soy Yo, que hablo contigo”. Afirmó Jesús.

El mundo exige una evidencia de la existencia de Dios que es Espíritu. Y  la existencia y presencia física de Jesús es la “ evidencia” física, visible, de Dios. De su amor.

Después de la resurrección de Jesucristo, pasaron, del “ muéstranos al Padre( a Dios), a “  ¡Señor mío y Dios mío!” Identificación del Dios espíritu con Jesús, Dios manifestado físicamente. Evidencia de fe.

Santa Teresa de Jesús dice en “ el libro de su vida” : “ Quisiera yo tener delante de los ojos su imagen o retrato ya que no puedo tenerla esculpida en mi alma como quisiera”. ¿ Qué diría hoy la santa si viera la impresionante imagen del rostro de Jesús en la Sábana Santa de Turín?

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