(Por La Novia Roja de la Prensa) En Alhaurín de la Torre, cuando llega la Semana Santa, todo el mundo mira a los tronos, a las velas, a los políticos, a las mujeres de mantilla, a los nazarenos y a la Virgen o al Cristo cuando dobla la esquina con ese silencio que pone la piel de gallina.
Pero hay otro ejército silencioso que también hace penitencia… y sin capirote: l@s fotógrafos. Los reconoceréis fácil, son esos hombres y mujeres que van cargados como si fueran a cubrir una guerra: cámara, mochila, objetivos que pesan como un demonio (perdón) y una cara de sueño que ni los nazarenos después de ocho horas de procesión. Están por todas partes: en esa esquina imposible, en medio del gentío, agachados, subidos a un banco, torcidos como si hicieran yoga extremo… todo para que tú veas las fotos cuando se publican y digas tranquilamente desde el sofá: “Qué bonita” “Ahí salgo yo” “Mira mi niño qué guapo”. Bonitas, sí… pero hechas después de horas esperando, con frío, con calor, con el brazo dormido, esquivando cabezas y tratando con respeto al colega que está con su cámara enfocando. Sí, es cierto que para algunos es su trabajo, pero para otros es por amor al arte. Aún así, todos aman la fotografía y todos las publican con orgullo.
Mientras vosotros veis la procesión una vez, ellos la ven cien: buscando la luz justa, el momento exacto, el incienso atravesando el aire (mi favorita), las lágrimas de cristianos y ateos, o ese niño nazareno que mira al cielo como si estuviera hablando directamente con alguien de arriba.
A todos ell@s gracias por regalar recuerdos. Gracias por congelar esos segundos que para el pueblo significan tanto y gracias por demostrar que, en Semana Santa, el arte también se mide en megapíxeles. En serio, sin vosotros, media Semana Santa se nos olvidaría. Así que cuando veáis una foto bonita, igual para conseguirla estaba tirado en el suelo buscando el encuadre perfecto y probablemente esté haciendo historia para Alhaurín de la Torre. Porque las procesiones acaban hasta el siguiente año… pero las fotos se quedan para siempre.
Por eso hoy va mi pequeño aplauso para esas profesionales que muchas veces ni vemos: los que llegan antes que nadie, se van los últimos y vuelven a casa con los pies destrozados y la tarjeta de memoria llena. 📷✨
NOTA. Mi especial recuerdo a Ángel Doctor y a Valle por todo lo que me enseñaron.






















