Un trasplante es un tratamiento médico que se realiza en casos extremos de enfermedad en los que el paciente posee algún órgano enfermo, con el fin de sustituirlo y evitar cualquier riesgo mortal a través de una intervención quirúrgica.

La función de este tratamiento es lograr que el órgano trasplantado pueda asumir las funciones del órgano anterior correctamente, y que de este modo el paciente supere el riesgo de muerte hasta rehabilitarse y volver a llevar una vida saludable. Como es de esperarse, este es un procedimiento sumamente arriesgado, lo cual varía dependiendo del órgano trasplantado del que se trate.

El trasplante como tratamiento médico logró hacerse de manera exitosa por primera vez en una cirugia realizada en el año 1905, y desde entonces su técnica se ha perfeccionado mucho hasta la actualidad.

En el presente, los órganos y tejidos que pueden ser trasplantados son el corazón, hígado, páncreas, riñón, pulmón, intestinos, sangre, válvula del corazón, la piel, hueso, córnea, cabello, las células del páncreas y las células progenitoras hematopoyéticas.

Tipos de trasplante

Los tipos de transplantes se clasifican en base al criterio de la condición del donante, de tal manera que existen dos: trasplante con donante vivo, y trasplante con donante cadavérico.

Los trasplantes con donante vivo son aquellos en los que el órgano a trasplantar proviene de una persona que aún se mantiene con vida. En estos casos, por lo general el órgano o tejido trasplantado es no esencial para la vida, es decir, su ausencia no es causa de muerte para el donante.

Por otra parte, los donantes cadavéricos son aquellos casos en los que el órgano o tejido son extraídos de una persona que presente muerte encefálica, que es un tipo de muerte en el que la persona sufre un daño mortal e irreversible en las funciones de sus estructuras cerebrales, lo cual le impide continuar su vida del modo en que esto se concibe.

En este segundo tipo de trasplante, el órgano es mantenido con vida de manera artificial hasta el momento en que es insertado en el nuevo cuerpo receptor.

Beneficios y riesgos de un trasplante

El trasplante es un tratamiento extremo, cuyo principal y más notorio beneficio es que salva la vida de la persona que lo recibe, quien por lo general agota todos los tratamientos previos existentes antes de llegar a requerir esta opción.

Entre un diverso número de riesgos, existen dos principales asociados a este procedimiento.

El primero de ellos es el rechazo inmunológico, lo que se refiere a aquellos casos en los que el sistema inmunológico de la persona receptora no reconoce al nuevo órgano como parte del organismo, y por ello termina rechazándolo (atacándolo) y evitando con ello su correcto funcionamiento.

Debido a este riesgo, es común que antes de hacer este procedimiento se realicen una serie de exámenes, dependiendo del órgano del que se trate, para evaluar la compatibilidad entre el órgano y el organismo receptor de acuerdo a distintos criterios.

El segundo riesgo principal asociado a un trasplante es la dificultad para conseguir un nuevo órgano. Por lo general, la demanda de órganos suele ser mayor que el número de personas dispuestas o en la condición de realizar una donación de este tipo.

Este es un riesgo muy común entre los pacientes, ya que como se mencionó anteriormente, cuando un paciente necesita recibir un tratamiento de trasplante, durante el tiempo que pase sin realizarlo se encuentra en riesgo de muerte si se le negara esta posibilidad.

Con respecto a este riesgo, es bueno señalar que España no sólo tiene el índice más alto de donantes en el mundo, sino que además cuenta con un nivel de desarrollo médico importante en esta materia. Como muestra de ello se puede mencionar el caso del Dr. Moreno González, médico reconocido a nivel mundial por sus conocimientos y destrezas en trasplantes del área abdominal.