(Humor. La Novia Roja de la Prensa) Cuando yo era pequeña las monjas me decían: Si dices palabrotas te saldrán sapos y culebras por la boca. Imaginen el trauma infantil.
“Eso explica muchas cosas”, diagnostica ahora mi psiquiatra. “Tienes que superarlo, Lola… y además así haces ejercicio”. Porque, según él, su coleguilla el doctor Calixto Rupérez, médico español que un día hizo las maletas, cruzó el charquito y acabó en el Departamento de Investigación de Biología Molecular de la Universidad de Arizona, sostiene muy serio él que decir palabrotas quema calorías y mejora el equilibrio mental. Ocho tacos al día, mínimo. Y cuanto más gordos, mejor. Atentos al dato, Incluye tabla de calorías consumidas. Bibliografía: “El taco, como fuente de placer, de salud y de vida” (Editorial De la Medicina hacia el Hombre. Calixto Rupérez- Madrid, 2005)
Así que, como soy una mujer obediente y sacrificada, me ofrezco como conejilla de indias porque, aunque jamás digo vulgaridades de ese tipo, apoyo a mi psiquiatra, que por cierto está más p’allá que p’acá -NO COMO YO, QUE ESTOY CUERDA PERDÍA. Todo sea por la ciencia… y por la salud mental del “locati” este que me tocó en la Seguridad Social.
Allá voy:
Declaro públicamente que defiendo la práctica, científica o no, de la Palabrotología, y aunque no es plan de ir por la vida con el wáter en la boca, me importa una MIERDA (80 calorías) lo que opinen los demás. Especialmente cuando estamos, o nos ponen, de mala milk. Porque hay situaciones en las que la boca no puede dedicar palabras bonitas a quien merece exactamente lo contrario. Y si alguien se ofende… ¡QUE LE FOLLE UN PEZ! (180 calorías), a veces decir “disculpe usted” se queda corto ¡JODER! (120 calorías). Por cierto, la palabra joder viene del latín futuere, emparentada con follar, que procede de follis (fuelle). Imagino que el nombre surgió por los soplidos, bufidos y sonidos propios del momento en cuestión.
Además, todos sabemos que algún día, de alguna manera, tenemos que reventar ¡COÑO! (80 calorías). Y ya que hablamos de coño, la palabra viene del latín cunnus. De ahí procede también cunnilingus. Incluso el poeta Horacio lo tenía claro: decía que la causa de la Guerra de Troya fue el coño de Helena. El que suelta un “¡COÑO!” (80 calorías extra) al menos descarga. El otro lo calla, lo traga… y luego la lía peor. No solo lo digo yo, también Virgilio Ortega, uno que se pirra por las palabras y sostiene que: “Los académicos suelen evitar los vocablos más soeces, a pesar de que forman parte de nuestra cultura tanto o más que otros aparentemente más respetables”, vamos, que forman parte del idioma.
Además, el diccionario tampoco ayuda. Resulta que “vagina” significa vaina o estuche. Es decir, según la etimología clásica, el órgano femenino sería poco más que la funda del pene…¡¡¡TÓCATE LOS COJONES!!! (180 calorías).
Muy fino todo.
Y ya que estamos, aclaro que con este artículo no pretendo insultar a nadie, pero tampoco me voy a quedar con las ganas de señalar que la palabra más ¡¡¡MACHISTA!!! (130 calorías) del diccionario es, curiosamente… VAGINA (0 calorías). Porque significa vaina o estuche. Es decir, según el diccionario, el órgano femenino sería poco más que la funda del pene. Vamos, que los muy ¡¡¡CABRONES!!! (200 calorías) nos definen como accesorio.
Así que, con todo el respeto filológico del mundo:
ME CAGO EN LA PUTA DE OROS QUE PARIÓ AL DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, por GILIPOLLAS, GILIPOLLAS Y GILIPOLLAS (325 calorías).
Total de calorías consumidas: 1.375.
Y quedo como una sílfide. Más ligera que el coño de Helena de Troya. Pero eso sí, bajo prescripción médica.
NOTA. Doctor X: ¡Es que me lo puso usted a huevo! (Sin acritud, eh.)
















