Análisis científico tras las precipitaciones extremas en la Serranía
Las precipitaciones registradas recientemente en la Sierra de Cádiz, con acumulados superiores a los 800 litros por metro cuadrado en algunos puntos, han coincidido temporalmente con varios microseísmos detectados en el entorno de la Serranía de Ronda y el Campo de Gibraltar. Esta simultaneidad ha reactivado una cuestión recurrente en el debate público: ¿puede la infiltración masiva de agua subterránea desencadenar movimientos sísmicos?
Para abordar esta cuestión es necesario distinguir entre causa estructural y factor modulador.
1. La causa estructural: la dinámica tectónica
El sur de la península ibérica se encuentra en una zona de interacción entre la placa Africana y la Euroasiática. Esta convergencia genera un régimen compresivo que acumula esfuerzos en fallas activas distribuidas por el entorno del mar de Alborán, la Serranía de Ronda y sectores limítrofes entre Málaga y Cádiz.
La liberación de esa energía acumulada es la causa fundamental de los terremotos tectónicos. Se trata de procesos que se desarrollan a varios kilómetros de profundidad y que responden a escalas temporales de años, décadas o incluso siglos.
Por tanto, la actividad sísmica en esta región no es un fenómeno excepcional ni dependiente de episodios meteorológicos concretos, sino una manifestación periódica de su contexto geodinámico.
2. El papel del agua: presión de poros y esfuerzo efectivo
Desde el punto de vista geomecánico, la infiltración masiva de agua sí puede modificar determinadas condiciones locales.
Cuando se producen lluvias extraordinarias:
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Aumenta la recarga de acuíferos.
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Se incrementa la presión de poros en materiales fracturados.
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Disminuye el denominado “esfuerzo efectivo”, es decir, la fricción que contribuye a mantener bloqueada una falla.
En términos simplificados, si una falla se encuentra próxima a su punto crítico de ruptura, un aumento en la presión de fluidos puede facilitar el deslizamiento. Este mecanismo está documentado en la literatura científica y se ha observado con mayor claridad en contextos de sismicidad inducida por embalses o inyecciones profundas de fluidos.
No obstante, conviene subrayar dos aspectos fundamentales:
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El agua no genera la energía tectónica.
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Su posible influencia se limitaría a fallas ya cargadas y próximas al umbral de ruptura.
En consecuencia, el agua actuaría, en todo caso, como un factor facilitador secundario, no como causa primaria del fenómeno.
3. Magnitud y alcance del fenómeno
Los eventos registrados recientemente en la zona han sido de magnitud baja (en torno a 1.x–2.x), dentro de los parámetros habituales de la microsismicidad regional.
En este rango:
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La energía liberada es reducida.
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No se producen daños estructurales.
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No se observan indicios de reconfiguraciones tectónicas significativas.
Si existiera alguna influencia hidrológica, sería compatible únicamente con este tipo de microeventos, no con terremotos de magnitud media o alta.
Además, episodios históricos de precipitaciones intensas en la Sierra de Cádiz no han mostrado una correlación sistemática con incrementos relevantes de actividad sísmica, lo que refuerza la idea de que la coincidencia temporal no implica necesariamente causalidad directa.
4. Correlación no es causalidad
La percepción social tiende a vincular fenómenos que ocurren de manera simultánea. Sin embargo, desde el punto de vista científico, la coincidencia temporal exige análisis estadísticos rigurosos antes de establecer relaciones causales.
En territorios geológicamente activos, los pequeños sismos forman parte de la dinámica normal del subsuelo. Que estos coincidan con episodios meteorológicos extremos puede resultar llamativo, pero no constituye, por sí mismo, evidencia de relación causal.
Consideraciones finales: ciencia en revisión constante
El análisis expuesto se fundamenta en el marco teórico actualmente aceptado en geofísica y geomecánica, sustentado por publicaciones científicas revisadas por pares y estudios observacionales desarrollados en distintos contextos internacionales.
Sin embargo, la ciencia no es un conjunto de afirmaciones inmutables, sino un proceso dinámico de revisión permanente. Las hipótesis sobre la influencia de la presión de fluidos en fallas activas continúan siendo objeto de investigación, especialmente en escenarios de microsismicidad y sismicidad inducida.
Cualquier interpretación debe entenderse dentro del estado actual del conocimiento. Nuevos datos, modelos o evidencias futuras podrían matizar o ampliar las conclusiones aquí expuestas.
Precisamente en esa capacidad de corregirse, refinarse y evolucionar reside la fortaleza del método científico.













