(Por La Novia Roja de la Prensa) ¿Os ha pasado que entras decidida en una habitación con una misión clara y al cruzar la puerta tu cerebro pulsa Ctrl + Alt + Suprimir? ¿A qué coño venía aquí? Ni puta idea, pero aquí estamos. Misterio. Silencio administrativo.
Tranqui, no es despiste, ni edad, ni que “ya no estás como antes”. Es el famoso efecto puerta: ese momento en el que tu cerebro, muy eficiente él, decide que la información de la habitación anterior ya no es asunto suyo. La mente no graba la vida como una película, sino por capítulos. Cada habitación es un episodio nuevo. Cruzar una puerta equivale a pasar página. El cerebro, ese órgano tan suyo, decide borrar justo lo importante, pero eso sí, recuerda perfectamente la letra entera de una canción infame de 1997 de “aserejé”. Prioridades.
La mente no funciona como un vídeo continuo, sino como una serie por temporadas. Cada habitación es un capítulo nuevo. Cruzar una puerta es cambiar de episodio y el cerebro, muy profesional él, cancela la trama anterior sin previo aviso. La buena noticia: La ciencia, que también se ha dado cuenta del cachondeo, lo respalda. El psicólogo Gabriel A. Radvansky demostró que basta con volver a la habitación original, mirar al infinito como una vaca existencialista y decir: “¡Ah! Ya sé lo que iba a hacer”.
Olvidar en la puerta o umbral no es torpeza, es el peaje por tener un cerebro muy organizado… aunque a veces sea un poco cabrón y roce el sabotaje.
📚 Fuente científica (por si tu cerebro la archiva en la cocina): Walking through doorways causes forgetting: recall, Memory, DOI: 10.1080/09658211.2018.1489555

















