(Por La Novia Roja de la Prensa) Cada minuto que pasa me siento más y más identificada con Donald John Trump. Este muchacho (es tan solo veintiún años más viejo que yo) trae sangre nueva a ese pueblo que estaba siendo sodomizado por los de la menorá. Ha llegado el momento tan deseado en el que las clases humildes, los casi-desheredados y los casi-nadie sin tierra, han comprendido que no hay nada más agradable que seguir siendo apacentados por endiosaos en todo superiores y con el parné suficiente para no tener que robar de las arcas públicas a lo que estamos tan “indignamente” acostumbrados los españoles.
Comienzo a ver como necesario que los EE.UU retiren sus fuerzas estacionadas en otros lugares del mundo, dejando Corea para los coreanos, Japón para los terremotos y Europa para los chinos, y sean trasladadas a su inland, para desde ahí empujar hacía el Ártico a esa morralla izquierdista canadiense (¡francófona!) y hacia Venezuela a los manitos corruptos. Canadá evidentemente pasaría a ser zona de caza y pesca para los Alfa-más, Alfa-menos, Betas y Gammas norteamericanos, y en todo caso podría cederse a Slim el territorio panchovillesco, a condición de que en lugar de muro se construyera una zanja a lo largo de la frontera, con la anchura suficiente para un nuevo Canal que comunicara ambos océanos sin tener que ir a dar una estúpida vuelta por eso de Panamá. Esta idea daría lugar a la creación de cientos de miles de puestos de trabajo dónde ir dejando morir a tan fecunda tribu indo-española. Por supuesto, Cuba queda en su status tradicional: burdel/casino flotante para uso exclusivo de yanquis (ricos). El resto de Centroamérica pasa a ser criadero de jovencitas de cintura espigada, erectas ubres y prominentes nalgas.
El diccionario bilingüe deviene innecesario en cualquier otro idioma: la única lengua franca pasa a ser el inglés que se farfulla en los EE.UU., y en absoluto el que se vertebra en la Pérfida Albión.
Algún día se tenía que acabar el cachondeo y despiporre, y empezar una política seria arancelaria y de cierto control administrativo (mínimo) para tanto voy y vengo. Y los osos que se jodan, como diría la entrañable y dulce hijita de D. Carlos Fabra.
Lo llamativo de Trump no es solo las estupideces que suelta, sino la teatral cara de chico malote que pone cuando lo hace. Se ve que en buena parte de USA sigue viva la mentalidad “vaquero”, y eso vende. Qué pena que en el mundo haya gente así, claro que también hay víboras, alacranes y ¡¡¡Abascales!!! en España. Qué lo vamos hacer si dios los cría y el pueblo los arrejunta.
Estoy segura de que vamos camino de un esplendoroso amanecer dorado. ¡¡¡Cabrones!!!