(Francisco Javier Zambrana Durán – Alhaurín de la Torre)

   — Hoy no, no iremos a la cabalgata — responde al teléfono —. No, porque no es buen día.

Azul. Si el cielo fuera rojo podría decirse que el día no es adecuado. Pero es azul. No hay apenas nubes. Alhaurín reluce como cada mañana despejada de invierno. Ausente de lluvia.

Pero cuando uno ve negro el cielo, el cielo es negro.

“Hoy no”. Hoy ya han pasado la línea de los sesenta años y no queda nada de ilusión por recoger parte de esas 11 toneladas de caramelos que exhibe la localidad a la que siempre han acudido en una cabalgata. Nada de conocer las 30 carrozas, los 12 pasacalles ni la sintonía de la Escuela de Música. Nada.

   — Ya no estamos para esas cosas.

Y cuelgan. Cuelgan y se sientan en el sofá, con la estufa de pellet de color blanco. Con el fuego que arde y calienta la superficie. Preparan una comida ligera. Luego comprarán un rosco, lo compartirán con la familia, y la familia con ellos. Como cada año. Todo igual, excepto porque no estarán en la cabalgata.

***

Existen tantos nombres a los que identificar que es muy difícil. En cada calle, en cada avenida, en cada punto en el que se reparten más de 900 kilos de caramelos, hay niños. Niños en brazos de la madre, del padre. Del abuelo, de la abuela. Niños que van sueltos, que cogen a otros niños. Niños, que, pese a ser adultos, vuelven a serlo.

Se agachan. “¡Dos, mamá, dos!”. Dos caramelos coge aquella niña rubia de ojos azules. Lleva siete años de su vida cogiendo los mismos caramelos, en el mismo punto exacto, frente a la pastelería Teide, a unos metros de la Plaza de España, pero “¡mira mami, dos caramelos, qué suerte!”. Demasiada suerte. No sabe que en ese sitio siempre caen los caramelos, que su cabalgata es donde más hay.

Con tener los suficientes para ponerle a los reyes, es bastante.

La típica bolsa de plástico, que hay quien ya la sustituye por una de papel por el remordimiento de conciencia, está poblada. “Hay más que el año pasado”. Más gente, más caramelos, también más teléfonos. Enfocan a la cabalgata decenas de reporteros, que, en lugar de indicarles a su hijo de dos años que miren al rey mago, se lo enseñan a la cámara.

   — Mira, mamá, otros. ¡Cuántos hay!

Uno de ellos cae sobre su cabeza, rebota. Pega en el asfalto, justo en el corte con la acera. La niña no llega a caerse, pero es ella la que ha tenido suerte. Quien estaba dos metros junto a ella sí lo ha hecho. “¿Estás bien?”. Cuatro años, moreno. “Sí, solo quería cogerlo”.

   — ¡Qué bien! Coge más, todos los que puedas — le dice la madre a la niña.

   — No, mamá. Con dos hay.

***

Abren la puerta de su casa. La cierran. Otra vez. Repiten el proceso eternamente hasta que está completa. Uno de esos roscones gigantes. De esos que el tío siempre se come hasta reventar y ponen la mesa perdida. La niña se sienta con un vaso de leche caliente, sin cacao.

   — Abuela, hoy podrías haberte venido, había mucha gente y hemos cogido muchos caramelos.

Saborea la nata que se esparce y termina por caer. Una fracción de segundo es lo que tarda su madre en limpiarle, y su padre en abrir las redes sociales. “Vaya, qué grande ha sido la fiesta. Mira el vídeo, papá”. Se lo enseña al abuelo. Este mira y devuelve un guiño a su nieta. “Y tú, ¿cómo lo has visto?”.

   — Muy bien, abuelo. Con muchas ganas de la próxima.

   — Venga, levanta que tengo que limpiarte el jersey. Te has puesto perdida.

   — Siempre igual… — dice el padre —. Ten cuidado al comer, que manchas todo lo nuevo y luego me toca lavarlo a mí.

La niña sonríe. En el bolsillo derecho de su pantalón lleva aún los dos caramelos que no ha dejado en la bolsa. Podrían haber sido tres, pero no. No fueron. La abuela llega y le ofrece otro trozo. “Para que puedas recuperar el que se te ha caído”.

La niña introduce la mano en el bolsillo y ofrece sus caramelos: “Toma, abuelo”. Hace una pausa cuando este abre su mano para cogerlo. “Toma, abuela”. Un gracias de la abuela le sigue.

   — Para que el año que viene os entren ganas.


Nota: La presente historia ha sido inspirada en hechos reales, y los datos ofrecidos en ella corresponden con los reales. Lo que no guarda correspondencia con la realidad es el devenir de la historia en la casa ni el suceso de la cabalgata y la niña compartiendo. El resto coincide con la experiencia de este diario en la zona contigua a Plaza España.


Realizado por:Francisco Javier Zambrana Durán (@neyfranzambrana/Francisco Zambrana/franzambrana.com).

Fotografías de Francisco Javier Zambrana Durán. – Todos los derechos reservados.

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