(Por Jmm Caminero) Juanjo cada mañana me ponía o servía el café. Marcelo en otras épocas del tiempo. Antonia otras mañanas y tiempos. Así ha sido durante lustros tomaba café cada mañana en un bar.
No crean que era diríamos una actividad que emergía de mi hogar e iba buscando el café. Casi en todos los casos era a la salida del trabajo, cuándo cansado de toda la noche. Caminando por la ciudad, quizás un poco más de mil metros, pues caminaba hacia mi hogar. En medio me detenía, si era posible, según también tiempos a realizar varias funciones y finalidades, que evolucionaban según épocas… pero una de las más constantes, era tomar café. Me detenía en un bar, iba cambiando. Porque era un modo de entender mejor el mundo. No sé si usted era consciente o es consciente que cada tasca, cantina, bar no sólo tiene su decorado y su estética sino también pequeñas diferencias de público.
En cada uno, también leía el periódico. A veces, tenía que esperar, en algunos disponían de dos. Y, según el tiempo me dedicaba más o menos a esa función, casi siempre la sección de Cultura. Cuánto tiempo habré dedicado a la Cultura y cultura en todas sus formas y maneras. Durante un tiempo, largo, iba a uno fijo, a un lugar fijo. Después me dí, me dí cuenta, que no era todo lo bueno posible. Que era mejor ir cambiando entre varios. Porque también la clientela influye. También en algunos lugares la clientela quiere un público y no otro, aunque no se crea. En trabajos laborales complejos, pues siempre hay personas dañadas y heridas. Lo sueños y patrocinadores y empleadores y gerentes no tenía problemas ninguno, ya que tomaba el café y leía el periódico y me marchaba. Nunca traje problemas a ninguno… ninguna queja al servicio, ninguna queja de la vida política de lo que tanto se hablaba, además del deporte y de los cuchicheos de personas en sus negocios… A esas horas casi todos los bebedores de cafés eran varones…
Aquel tiempo del café, lo tuve que abandonar ya hace muchos, muchos años. Por recomendación de los galenos de ahora. Por tanto, como tenía que continuar yendo a ver el periódico, sea saliendo de mi hogar a realizar alguna función, lo de llevar a los descendientes al colegio, pues lo hacía después de realizar esa finalidad. O, si venía del trabajo de la noche, pues cumplía y complementaba esa labor pues tomando el sorbo de café. Decía, que como se me prohibió pues pasé al chocolate o al cola-cao, por nombrar una marca comercial, no creo que nadie se ofenda, encima lo expongo en minúscula.
Cierto es que en ese viaje de la mañana, sea partiendo de un lugar y yendo al otro, del punto A al B, o del B al A, con pequeñas diferencias, si existía en el camino una capilla, y, según el tiempo que disponía me introducía unos minutos. Quizás, sentir el misterio y el enigma del Ser Supremo. Ese deseo de Trascendencia que todo ser humano tiene. Porque todos los seres humanos tienen que llegar a una conclusión en este tema, unos dicen que hay muchos indicios de que exista el Buen Dios, en las ópticas occidentales, otros que no, aquellos dudan…
Ciertamente miles de días, realizando una función o una finalidad, pues vas cambiando, como alguna composición de Bach, pequeñas diferencias, es cierto que en algunos años tomaba mucho café, quizás tres o cuatro al día, también en casa, casi todos en casa. Después, ya hace varios lustros, quizás treinta años o veinticinco, quién sabe, dejé y los abandoné. Me pregunto que será de malo caer en otros gustos y sabores negativos, adicciones. Cada vez, después de tantos años, al pasar por o en una cafetería y oler el café, todavía lo puedo echar de menos. Aunque ya ese pequeño sabor y placer se quedó olvidado en mi pequeña historia…
Como fui cambiando de estructuras de habitación/habitabilidad bar, dónde leía el periódico, también algunos días compraba otro, pues en aquellos lugares del café, pues no estaban, como iba cambiando, de vez en cuando a uno distinto, otros eran fijos. Pues estaban Antonios, o Marcos, o Rufinas sirviendo cafés… Se dice que en España un camarero en cuarenta años de oficio hacen entre 1,5 y 2,5 millones de cafés. Una cafetería en ciudad entre trescientos y quinientos al día. En lugares de turismo aún más.
De vez en cuando entro en una temática que he expresado con el nombre de “Mil oficios”, en ella hablo de distintos oficios. Sé que jamás citaré a los mil oficios, que en la realidad son más de mil oficios y profesiones. Y, todas son necesarias. Ya saben que las estadísticas son diferentes y diferenciadas… se habla de 1,8 millones de personas trabajando en la hostelería, es decir, bares, restaurantes, hoteles, cafeterías, tascas, cantinas, etc.
Por lo cual, se puede indicar que en España hay en estos momentos entres 600.000 y 900.000 camareros activos. En verano aumenta. Puede ser que alguna vez, alguna administración estudie la importancia de este oficio y profesión en el conjunto del país y de la sociedad. Vivimos del turismo. A veces, he pensado, como elevar la estética y valoración de esos miles de camareros, especialmente, en sitios de turismo. Como hacer que la población sea consciente de un oficio que todas las mañanas nos pone un café.
En muchos lugares nos dan conversación. Porque un camarero en España acaba siendo un conocido, un interlocutor, una persona con el que se alcanza un grado de amistad. Muchos de ellos o de ellas, son pequeños psicoanalistas del/con el café. Acaban sabiendo más del barrio que la misma policía. En un periodo de mi existir pasaba de madrugada por un pueblo, y allí por los cristales se veía un camarero muy viejo. Siempre lo ví aquel año. Me decía a mi mismo, no sólo yo sólo el que está trabajando o puesto en el viaje. Me he preguntado a veces, no sólo cuántos cafés preparan en toda la vida. Sino también cuántos pasos harán, cuánto caminarán en toda su existencia, Según WWW un camarero anda en cada turno entre ocho y quince mil metros…
Si mi memoria no me falta, el día de santa Marta es su patrón o patrona. Me pregunto si en algún lugar de España habrá un monumento o placa o escultura en recuerdo y homenaje de los camareros… en Málaga existen dos monumentos, uno al “Espetero” y otro al “Cenachero”. Pero ya el artículo se hace largo, hay que cortar. Creo que todo oficio se merece al menos una escultura en algún lugar de esta Piel de Toro. Hay miles de oficios, hay miles de rotondas que no saben que poner en ellas. Aquí tienen la ocasión… ¡Paz y bien y buen café…!
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Fin artículo 5.544º: “Entre 1,5 a 2,5 millones de cafés en toda su vida”.
















