(Por Eduardo Madroñal Pedraza) “¡Ay! expresa muchos y muy diversos movimientos del ánimo”. Diccionario de la RAE.

Just on some day of January, there dwells another human being, dwells on her feelings and life. A dwelling soul. Cierto día de enero, otro ser humano ahí le puebla, inmerso en sus afectos y en su vida. Un alma hogareña. (Texto bilingüe propio).

Ay, ay, Mérida romana/ de pescado el cuchillo/ sin costuras el vestido/ sus ternuras desbordadas. / Las caricias se deslizan/ay, las manos se detienen/ ay, los besos se despueblan/ las ternuras se desbordan.

Amar a Mar/a Mar amar es una cacofonía de esas vacías, de cacos vacías. Su mar de amores, su amor a mares. ¿Se puede poblar a Mar con amores? Mar de esquizofrenias le puebla, menos mal que la esquizofrenia es la raíz de la vida, de las pasiones, de las inocencias y de las ternuras. Madroñal de amores la puebla. Pero él sólo es un pez en las riquezas de Mar.

Su único delito, de importancia, ha sido volver a ser adolescente con ella. Pero como es una pasión sibarita, persiste en disfrutar de esos preciosos instantes con ella, sibaritamente inocentes. Su más profundo error fue, ha sido y es, apostar por ella. Su más profundo acierto fue, ha sido y es, persistir en su apuesta vital, sin importar el coste emocional. Su más acertado error fue, ha sido y es, apostar por ella.

Zahorí de ternuras

Quizás las ternuras no las eches de menos, si no las reconoces, pero las necesitas igual, se cuelan por tu flanco débil y evidencian tu vulnerabilidad. Aceptar las ternuras implica reconocer errores y quitarse ocultas corazas. Ni te gusta ni puedes permitírtelo. Son inesperados desgarros, desgarros abismales. Cuesta enamorarse, ay, de las ternuras, cuando bien sabes, ay, cuidarte sola. ¡Ay, quítate las corazas, ay, disfruta las ternuras! Solamente quiero que tiernamente me quieras, como yo te quiero eternamente tierno. El zahorí empedernido.

Le gustaría bailar con ella hasta el final de sus días

Ella a regañadientes le puebla. Primero la pobló él, la pobló con ternuras a miles. Con entrega sin condiciones. Pero ella no deseaba tales visitas. Las sentía como peligros para su existencia independiente. Sus ternuras las sentía como ataduras. Y sus ternuras, que se le escapaban, eran alarmas para sus miedos. Pero él la poblaba intensamente y ella le poblaba íntimamente. Lo suyo es sibarita por verdadero y liberador.

Solamente quiere, y desea, profunda e intensamente, que todos los instantes juntos sean sibaritas, aunque sean pocos. Lo bueno de ser sibarita es que uno puede elegir placenteramente. Aunque la sabiduría de la elección no le libre del dolor más íntimo. Pero si la relación es honda, rica y poderosa es una relación muy sibarita, para los mundos turbulentos y los tiempos arrítmicos que nos pueblan.

¡Llévame a esas tardes tuyas!

Estas tardes tuyas, tardes de luces, de profundas risas, de intensas miradas, de desnudas palabras, de caricias sin fines, de tiernos besos a miles, tardes de ternuras, de potente magma, de abundante lava. (Seguro que olvidaré follarte, y tú también olvidarás follarme.)

Cuando desde las simas brotan las más abismales, ay, ay, de las ternuras, nadie podrá pararlas ni represor vencerlas, vienen con riquezas, ay, profundas quejas, revolucionarias, libres, solidarias, ay, son independientes, del placer dependientes, del placer que dura, ay, sólo ternura.

Cuando las ternuras hablan

Él: Te quiero porque me sale de las ternuras del alma. Empezó hace más de cinco años. Me sigue saliendo, irreprimible, incontrolable, siempre sibarita. Por eso, puedo darte caricias sin fin y sin fines, y besos interminables. No pido nada, no cobro nada.

Parafraseando a Leonard Cohen en su póstumo The Flame, ‘among the whores there some of us who want to make love well and among these a few who do it for nothing, I am a whore’, soy una puta que me gusta hacerlo bien, y lo hago gratis porque me gusta.

¡Ay, las ternuras del alma, ay, ay, ay!

Ella: Estas ternuras tuyas me enternecen. Él: Esa cadencia de tus sílabas -tas, ter-, tu- y -ter- me encanta, son prosa poética. Ella: Tú enseguida percibes la sonoridad de las palabras, salió así de forma totalmente inconsciente. Él: ¡Cuando tu sonoridad sale inconsciente, y otras ternuras, todas salen preciosas!

Ella: ¡Ay, tenerte siempre a mi lado! Él: Te pueblo, te pueblo mucho, te pueblo tanto… que voy a quedarme despoblado. Por ti, amaré las diminutas esquirlas dolorosas. Te santifico y te bendigo, en un instante, ay, como amante. Aunque ya no quiero amarte, sólo quiero poblarte.

Él sueña que ella le entrega de nuevo su cabellera, azulada en las canas, tan alegre ahora, no las greñas de cinco años ha. Mientras ella repite: ¡ay, y tenerte siempre a mi lado!

Para mi Mar y sus mares de ternura, para poblar otoñales que perduran.

Eduardo Madroñal Pedraza