(Jmm Caminero) El artista alemán Gunter Demnig, nacido en Berlín en 1943, ha creado o inventado un proyecto denominado Stolpersteine, que se puede traducir “piedras obstáculos”, o una “piedra que en el camino puede hacer tropezar al caminante” o también “piedra de la memoria”.

Son cubos de cemento de 10 por 10 por 10 centímetros, que en una de los lados llevan incrustado una placa de latón, donde se encuentran cincelados o grabados los datos fundamentales de una persona que se pretende recordar y conmemorar.

Estos pequeños recordatorios o monumentos u homenajes son colocados en las aceras, dentro y al lado de los pavimentos de las calles de las ciudades.

La finalidad es recordar a los cientos de miles de personas, que durante la segunda guerra mundial, en Centroeuropa fueron deportados y muertos en dichas situación histórico ideológica, en definitiva, son monumentos con intención, de por un lado, recordar a esas personas, inocentes, que fueron masacradas en campos de exterminio y concentración; personas, que su único delito fue pertenecer a una religión-sociedad-cultura, pero que estaban integradas en sus respectivas sociedades y países, y, en el fondo intentar entender y comprender, el problema del mal. Además de recordarnos, que esto que pudo suceder, esperemos que jamás vuelva a darse en la historia humana, sea a nivel de un territorio o mundial.

En alguna ciudad, no recuerdo cual, del mundo grecorromano, se han encontrado en el suelo, señales y signos y símbolos, para dirigir o conducir o informar a los viandantes de su época, de ciertas instalaciones o determinados ofertas de servicios, por lo general, diríamos no demasiado morales.

De alguna manera, o forma, estos “adoquines del recuerdo”, podríamos describirlos, aunque tiene varias finalidades, que una persona normal, que vivió y existió, que no cometió ningún delito, que pudo ser anciano o anciana, niño o niña pudo y de hecho fue llevada a la muerte, y muerte de campo de exterminio.

Que el viandante, que atraviesa esas aceras o esas calles, sea consciente, se detenga, y comprenda y entienda, que una persona de carne y hueso y mente y alma, existió hace décadas, en ese lugar, vivió y respiró y tuvo sueños, pero estos fueron truncados por la irracionalidad humana, una irracionalidad organizada sistemáticamente para el mal y la maldad. Que esa persona es y era, que durante un tiempo, esperaba tener y ocupar un lugar bajo el sol y el tiempo y el espacio en este mundo. Por eso se ofrecen algunos datos, su nombre, el tiempo de existencia que ocupó en esta redondez de planeta.

Se pretende que no se olvide, la enorme crueldad, en cantidad y calidad, de tantos cientos de miles o millones de personas que terminaron sus días, solo por el delito de ser presuntamente de una etnia o raza o religión o cultura o sociedad. Paradojas, de la vida, una parte importante de esas personas, no eran ya creyentes en esa religión o ideología religiosa o filosofía religiosa…

Demnig colocó el primer adoquín-recuerdo-homenaje el 16 de diciembre de 1992, en Colonia, fecha que se recordaba el cincuenta aniversario de la orden de la deportación de los gitanos. Desde esa fecha se empezó a realizar estas pequeñas esculturas o monumentos, pero recordando a todo tipo de personas, de distintos grupos o ideologías, que terminaron sus días por la persecución que se realizaron en aquellos lustros en Centroeuropa y aledaños…

Actualmente existen ya situadas o colocadas unas setenta mil piedras del recuerdo, aunque sus organizadores y gestores piensan que tendrían que existir varios millones solo en Europa.

En las placas se suele empezar con la frase, por lo general: “Aquí vivió o aquí residió o aquí enseñó, aquí eligió la muerte o…”, siguiendo después el nombre de la victima, el año de nacimiento, al final el lugar de destino o deportación y al final el año de la muerte. Situando este recuerdo, en el último domicilio que se conoce de la victima.

En España, especialmente en Cataluña y algunas en Madrid también se han instalado estas piedras y estos recuerdos y conmemoraciones.

No se puede construir un artículo, sin hacer un mínimo análisis y por tanto, un mínimo de valoración o de juzgar una realidad. No voy a ser yo, que exprese que no se recuerde a las victimas inocentes, de tantos y tantos conflictos, que han sucedido en el mundo, en la historia, en el siglo veinte. Toda la vida me la he pasado, intentando analizar y descubrir causas y pautas y conceptos e ideas y hechos, del problema del mal. En el tema del judaísmo en concreto, he escrito y publicado varias docenas de artículos, sobre dicha cuestión y distinta personas judías que sufrieron esa realidad y sobre el mal en general.

¿Pero aquí, con todos los matices que se quiera o se desee, me preocupa que podría  suceder igual que los motivos-causas-razones que se conmemoran a nivel universal, que ya hay más celebraciones que días y, por tanto, que nuestras calles de Europa o del mundo, se llenarían de placas, no habría metro cuadrado, quizás exagerando, que no hubiese un lugar, que no se haya hecho una grave injusticia, incluso la muerte, la deportación, a una persona por tener una ideología o por tener otra, siendo inocente…?

¿No sé, si para la mente profunda de los seres humanos, es bueno o sería conveniente, que se le exponga tan evidente, que en tal calle, de cien metros, en cien años, fueron sacados de sus casas, tal número de personas, por un supuesto motivo o por tal otro, realizado en nombre de tal bandera o de tal ideología o de tal otra…? ¿Por otro lado, no sé si esta realidad artística cultural conmemorativa, aplicada a y en todas las ciudades del mundo, por todas las causas y razones justas, se llenarían de placas de todos los colores, y por tanto, sería un problema para intentar la reconciliación, para intentar dentro de la medida el perdón y que los descendientes a esas generaciones, puedan vivir en paz, o por el contrario, sería un motivo más, para que vecino se alce contra vecino, en cualquier lugar del mundo, en cualquier aldea o ciudad o barrio del mundo, por tal o cual causa, sucedida en el pasado…?

¿Por otro lado, si pienso que hay que crear museos y monumentos colectivos, en los que se puedan recordar a las victimas, realizar documentación a y en todos los sentidos, para que la memoria no se olvide…? ¿Para que la historia no se vuelva a repetir, para intentar reconciliar a los hombres, para que podamos vivir en paz y en libertad…?

¿Pero aquí, nos enfrentaos o confrontamos, con que existen victimas desde casi todos los lados, todas las ideologías, todos los lugares, todas las sociedades, por todos los supuestos motivos o razones, desde el color de la piel, o el color del cerebro, o determinada etnia, o una religión o ideología o filosofía o…?

¿Cómo encontrar el equilibrio, entre el recuerdo de las victimas, pero todas las victimas, y de todos los colores, y por otro lado, la reconciliación y la paz de las generaciones futuras…? ¿Me pregunto como influiría en la mente de un niño o niña o adolescente, que fuese caminando por varias calles, de su casa al colegio, digamos quinientos metros, y en ese pequeño viaje se encontrase veinte placas conmemorativas, de veinte personas, llevadas a los mataderos de los campos de concentración-prisioneros-exterminio-deportación o de los paredones de los cementerios, simplemente, por ser de un color de piel o de cerebro…?

¿Cómo influiría este hecho o dato en la mente que se está formando, me pregunto, serviría más para conmemorar, pero para intentar que esto no se repita, o se metería en lo profundo del cerebro, del inconsciente de esos individuos, que somos seres enormemente malos y negativos y perniciosos para nosotros mismos, y no se darían cuenta, que tenemos una enorme cantidad de mal y de negrura, pero también, tenemos, creo que más, más cantidad de blancura y de blanco y de bien y de bondad…?

Hay artículos o temas, que no me gustaría tratar o tocar, uno es éste, pero tengo el deber y le debo el respeto al hipotético lector o lectora de mis modestos artículos de ofrecerle un panorama complejo de la realidad, o al menos de algunos de los cientos de aspectos. Uno, uno es éste. Mi último deseo es que nadie se sienta ofendido, sea individuo o colectivo. Porque entre otros motivos, este artículo, tiene como finalidad, recordar a todas las victimas inocentes, de todas las épocas, y lugares del mundo, especialmente del siglo veinte.

Y en segundo lugar, intentar encontrar la solución al problema del mal, para de ese modo, que no volvamos a repetirlo, de una manera o de otra. Paz y bien y bondad.

http://filosliterarte.blogspot.com.es    © jmm caminero (07 octubre-23 noviembre 2019 cr).

Fin artículo 1.883º: “Stolpersteine”.

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