Fotos Prensa Ayto.

Nutrida presencia de representantes políticos y sociales. El alcalde pronuncia un discurso de fuerte calado histórico en el recuerdo del Bicentenario de ‘La Pepa’ y crítico con el empeño soberanista catalán.
A mediodía de hoy, la Corporación Municipal de Alhaurín de la Torre ha celebrado en la plaza del Ayuntamiento, junto con distintas autoridades civiles, fuerzas de seguridad y representantes de la vida social y cultural, un sencillo acto para conmemorar el trigésimo cuarto aniversario de la Constitución Española. El tradicional encuentro institucional ha comenzado con el izado de la bandera nacional, seguido del tradicional discurso, pronunciado por el alcalde, Joaquín Villanova (lo reproducimos íntegramente al final de esta nota de prensa), ha dedicado un encendido recuerdo del Bicentenario de la instauración de ‘La Pepa’ (1812) emanada de las Cortes de Cádiz. “Esta Carta Magna marcó un antes y un después, pese a su brevedad, en los acontecimientos posteriores de los convulsos siglos XIX y XX […] nuevo sistema político y social que inauguraba otro modelo, muy avanzado, de convivencia, basado en valores hoy irrenunciables, pero que en aquella época marcaron tendencia e hicieron historia. Se convirtió rápidamente en un mito democrático que influyó de forma decisiva en la redacción de varias constituciones europeas”, ha subrayado el regidor.
Villanova ha reivindicado el espíritu liberal de aquellos históricos días, y lo ha entroncado con la efeméride del 6 de diciembre de 1978: “Hace 34 años triunfó la ilusión de todo un pueblo, encarnada en un texto que apostó por la libertad y prosperidad. Hace 200 años, ‘La Pepa’ y quienes la hicieron posible perseguían el sueño de una España distinta, de un futuro mejor. En ambos momentos hubo un nexo que nos unió como españoles y nos ayudó a hacernos fuertes ante la adversidad. Tomemos aquellos días históricos como modelo de que se puede salir adelante y, sobre todo, no nos olvidemos de seguir estando orgullosos de nuestra Constitución y nuestra Democracia, aunque, está claro, el sistema no es perfecto”.
El regidor ha tenido palabras de recuerdo a la “inmensa labor” desarrollada por tres importantes figuras de la Transición, fallecidas este año: Gregorio Peces-Barba, Manuel Fraga (estos dos, integrantes del grupo de ponentes de la Constitución) y Santiago Carrillo: “Tuvieron un sentido de la responsabilidad fuera de lo corriente, con talento y capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, hasta convertirse en auténticos hombres de Estado […] La generación de políticos que hoy tenemos el honor de ocupar cargos públicos debe muchísimo a aquella primera hornada de Parlamentarios, Diputados y Senadores”.
Por otro lado, ha criticado el empeño soberanista catalán: “¿Acaso alguien en España, salvo los promotores de este nuevo secesionismo antiespañolista, con Artur Más a la cabeza, se puede creer que nuestro país y nuestra Constitución son los únicos y exclusivos culpables de la bancarrota de Cataluña? ¿Cómo pueden responsabilizar al Estado y a su cuerpo legal y normativo de todos sus males? Deberán reconocer los partidos políticos catalanes que abogan por el separatismo que, precisamente, la Constitución de 1978 les garantizó una Autonomía que fue creciendo con los años y que les permitió un Autogobierno en la gran mayoría de asuntos y materias. Por lo tanto, el déficit que se haya generado en estas décadas no puede achacarse precisamente al Estado, sino más bien a la gestión del Gobierno Autonómico”.
Villanova no ha rehuido en su intervención el malestar social por los ajustes y reformas emprendidos por el Gobierno de Rajoy: “La Constitución Española no es la causante de la crisis, pero los derechos allí recogidos y las normas emanadas y mejoradas con el paso de los años, además del trabajo que desarrollemos los que tenemos responsabilidades de Gobierno, sí que pueden propiciar las condiciones idóneas para crecer en empleo, en riqueza, y darle la vuelta a esta voraz crisis. No cabe otro debate. Mucho se está diciendo y escribiendo sobre las profundas reformas que ha emprendido este Gobierno. Se está acusando al ejecutivo de desmantelar el Estado del Bienestar, de recortar derechos, de acabar con todo. Y eso es radicalmente falso. Por supuesto que hay decisiones en el seno del Gobierno que pueden ser impopulares, mal aceptadas por la ciudadanía, pero os puedo asegurar que quienes conocemos cómo están las arcas públicas, sabemos que no hay otro camino para luchar contra el gigantesco déficit acumulado. La Unión Europea nos pone unas exigencias y condiciones muy duras, y este Gobierno no está dispuesto a cruzar según qué líneas rojas, por más que algunos partidos políticos quieran vender lo contrario. Los resultados vendrán poco a poco y quedará demostrado que las medidas incomprendidas hoy en día darán resultados”.
Al término del discurso, se ha procedido a la interpretación del himno nacional por parte de la Banda Municipal de Música de Alhaurín, que posteriormente, una vez concluido el acto, ha amenizado a los presentes con un pequeño concierto.

TEXTO ÍNTEGRO DEL DISCURSO OFICIAL DEL ALCALDE

Ilustrísimos Señores Concejales y Señoras Concejalas del Excmo. Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre; Ilmos. Hijos Adoptivos y Predilectos de Alhaurín de la Torre; Ilmo. Sr. Director del Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre; Ilmo. Sr. Juez de Paz; Ilustrísimas autoridades y representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado; representantes de asociaciones, peñas, cofradías y colectivos de Alhaurín de la Torre; Pueblo de Alhaurín de la Torre; ciudadanos y ciudadanas, señoras y señores:
Celebramos otro 6 de diciembre, y ya son 34 años de forma ininterrumpida, para conmemorar la llegada de la Constitución que inauguraba una nueva época para España. Comenzaba aquel día el periodo más largo de libertad y democracia en nuestro país, algo nunca antes conocido, pese a los siete intentos constitucionales que acumula la Historia de España desde 1812. Precisamente, una de las efemérides decisivas en el devenir histórico de la Nación fue la aprobación de la Constitución emanada de las Cortes de Cádiz, ‘La Pepa’, que cumplió 200 años el pasado mes de marzo. Esta Carta Magna marcó un antes y un después, pese a su brevedad, en los acontecimientos posteriores de los convulsos siglos XIX y XX.
En este año 2012, España ha celebrado multitud de actos oficiales como forma de recordar la Constitución de las Cortes de Cádiz. En esta ciudad hermana y en todas las provincias y municipios, los amantes de la Democracia, decenas de miles de ellos, nos hemos unido en torno a las lecturas públicas, homenajes a los llamados ‘Padres de la Constitución’ y multitud de recuerdos de aquel pionero texto constitucional, que fue el germen, el origen del primer estado democrático, eso sí, de corta duración.
Hace justo 200 años, la milenaria ciudad de Cádiz alumbró un nuevo sistema político y social que derribaba los principios del Antiguo Régimen e inauguraba otro modelo, muy avanzado, de convivencia, basado en valores hoy irrenunciables, pero que en aquella época marcaron tendencia e hicieron historia: la soberanía nacional y el reconocimiento de derechos y libertades hasta entonces inexistentes. esta ley máxima se convirtió rápidamente en un mito democrático que influyó de forma decisiva en la redacción de varias constituciones europeas.
La Historia nos ha enseñado lo difícil y duro que ha sido para los españoles conservar las esencias de aquellas libertades y derechos civiles conquistados en 1812. Muchas veces con sangre, fuego y dolor, con enfrentamientos y guerras fratricidas, con alzamientos militares, con cambios bruscos de gobierno, con rivalidades políticas casi irreconciliables, con sacrificios para la ciudadanía difícilmente entendibles hoy en día… Y es que los siglos XIX y XX, como antes mencioné, fueron extremadamente convulsos en España y Europa.
Por eso cobra tanto valor que nos reunamos hoy aquí para festejar la consolidación de nuestra Democracia, ya entrada en la edad madura, y el gran éxito de la Constitución vigente como articulador del Estado Español y sus valores de libertad e igualdad 34 años después. Aquel 1978 significó el punto final no solo a 40 años de dictadura franquista, sino a más de dos siglos de endeblez democrática, de tiras y aflojas políticos, de luchas encarnizadas, de periodos históricos negros, de revoluciones democráticas cargadas de ilusión que fueron pisoteadas o que quedaron en nada…
Pero nada de esto ocurrió en vano. Si algo caracteriza al pueblo español es su capacidad para levantarse, para superar las adversidades en el peor escenario, y, especialmente, para aprender de los errores. Y estoy convencido de que los llamados ‘Padres de la Constitución’, los siete ponentes de nuestra Carta Magna, tenían esa lección bien aprendida y acudieron a negociar la redacción del texto constitucional con la cabeza puesta en el consenso, en la comprensión mutua, en el afán de superación y en las ansias por dejar el pasado atrás para dar un salto cualitativo hacia la necesaria Democracia.
Hoy, 6 de diciembre, es tiempo de reconocer en voz alta la intensa labor de ingeniería política y de estrategia negociadora que aquellos siete hombres, de tendencias ideológicas contrapuestas, fueron capaces de desplegar en aras del mayor entendimiento. Y es tiempo de recordar a dos de ellos, que se nos han marchado en este año 2012, con el gran honor de haber servido al país en su entrada en la era moderna desde los años de la transición.
Ellos son Gregorio Peces-Barba y Manuel Fraga Iribarne, los dos ponentes más veteranos de entre aquellos siete magníficos. Y hay un tercer símbolo que también ha fallecido recientemente, Santiago Carrillo, que no perteneció a este selecto grupo, pero cuyo papel de mediador y negociador fue fundamental, al frente del Partido Comunista de España, para hacer avanzar el paso de la dictadura a la Democracia. Fueron tres personas con un sentido de la responsabilidad fuera de lo corriente, con talento y capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, hasta convertirse en auténticos hombres de estado, en figuras clave de la Transición. Vaya, por tanto, nuestro cariñoso recuerdo para los tres en un día tan señalado, fallecidos a lo largo de este año.
La generación de políticos que hoy tenemos el honor de ocupar cargos públicos debe mucho, muchísimo, a aquella primera hornada de Parlamentarios, Diputados y Senadores, que apostaron por la vía democrática, con el Rey Don Juan Carlos a la cabeza y con Adolfo Suárez como presidente.
El suyo fue un titánico esfuerzo de generosidad y de concesiones, de renuncia a postulados ideológicos propios para llegar a un mínimo común, en favor de una ciudadanía que anhelaba el cambio, que quería vivir en paz y en libertad. La Constitución que hoy cumple 34 años es hija, por tanto, del entendimiento, de la concordia. Es la Constitución de todos los españoles, sin duda alguna, que goza de una salud de hierro y una plena vigencia, a pesar de los devaneos y delirios separatistas o soberanistas de unos pocos.
Porque, seamos serios. ¿Acaso alguien en España, salvo los promotores de este nuevo secesionismo antiespañolista, con Artur Más a la cabeza, se puede creer que nuestro país y nuestra Constitución son los únicos y exclusivos culpables de la bancarrota de Cataluña? ¿Cómo pueden responsabilizar al Estado y a su cuerpo legal y normativo de todos sus males?
Deberán reconocer los partidos políticos catalanes que abogan por el separatismo que, precisamente, la Constitución de 1978 les garantizó una Autonomía que fue creciendo con los años y que les permitió un Autogobierno en la gran mayoría de asuntos y materias. Por lo tanto, el déficit que se haya generado en estas décadas no puede achacarse precisamente al Estado, sino más bien a la gestión del Gobierno Autonómico. Llegados a este punto, ahora hemos tenido que escuchar barbaridades, sandeces y argumentos insolidarios e insultantes de algunos de estos políticos, no todos, gracias a Dios, para justificar lo injustificable. y por ahí no se va a ningún sitio.
En Cataluña, este debate soberanista ha desatado la caja de los truenos entre los partidos políticos, sobre todo, durante la campaña. pero la ciudadanía es sabia y las urnas han arrojado un panorama político, un puzle difícil de encajar, que pone muy cuesta arriba el futuro Gobierno Autonómico. Por eso debo decir que es de mal político buscarse gratuitamente enemigos dentro o fuera de tu entorno geográfico, porque de esos vientos se suelen recoger estas tempestades. Ahora toca tirar de talento para deshacer el entuerto, y eso es lo que pido desde aquí, como alcalde y como Diputado en el Congreso, coincidiendo con el trigésimo cuarto cumpleaños de la Constitución Española.
Sólo desde la perspectiva de la unidad del Estado y del pleno desarrollo de los Estatutos de Autonomía, con diálogo, negociación y altura de miras, se podrá solventar esta difícil papeleta, que solo esconde, para qué engañarnos, una cuestión fiscal, financiera económica. Únicamente quieren más dinero del Estado y demuestran una profunda insolidaridad con otros territorios españoles. Que no levanten cortinas de humo: no son más patriotas por ser más soberanistas; quieren tapar su mala gestión, que ha llevado a la ruina a esta hermosa y hasta ahora próspera región, achacando toda la culpa a la diferencia de dinero que perciben respecto a la que aportan al conjunto de España. Y eso, señoras y señores, es atacar a la base misma de la configuración del Estado de las autonomías. supone el mayor atentado contra la solidaridad interterritorial y además, es muy cuestionable, cuando no una burda mentira.
Rescatemos, pues, el espíritu de la Transición para arreglar este despropósito político que, de consumarse, solo traería más pobreza para Cataluña, enormes desequilibrios para España y nos convertiría en el hazmerreír de Europa, además de enfrentar de forma estúpida a unos españoles con otros y que el resto de Estados Comunitarios de la Unión Europea nos miren con recelo.
Luego están quienes apuestan por el Federalismo, modelo administrativo que pondría en cuestión no solo a la propia Constitución y a la articulación del Estado, sino a muchas de sus figuras e instituciones, como la propia Corona, porque muchos de quienes defienden el Estado Federal solo tienen en su mente el cambio a un sistema de República.
A estas alturas, los defensores de este modelo deberían ya saber que el Estado de las Autonomías de España, bajo el amparo del sistema de Monarquía Constitucional Parlamentaria ha progresado a mucho mayor nivel que algunos de los más importantes Estados Federales del mundo, como Suiza o Alemania, y es visto con sana envidia por Irlanda del Norte, Escocia, Países Bajos o Bélgica. En ese sentido, considero que no hay mucho que tocar en el actual Estado Español, salvo la determinación de mejorar el modelo actual entre todos, con consenso y diálogo.
Pero a nadie escapa que las prioridades urgentes de la España de hoy no son esas, en absoluto. La voraz crisis económica, el paro desbocado y el progresivo aumento del umbral de la pobreza a niveles que traspasan a las llamadas clases medias, nos debe llevar a una profunda reflexión a todos. La Constitución Española sigue siendo el mejor garante de la igualdad entre los españoles, que nos hace idénticos ante la Ley, sin ciudadanos de primera o de segunda clase, con los mismos derechos y obligaciones y sin privilegios en función del lugar donde se nazca o se viva. La Carta Magna que nos dimos los españoles en 1978 nos ha hecho progresar y, sin duda alguna, continúa siendo el marco idóneo para superar este ciclo adverso.
La Constitución Española no es la causante de la crisis, pero los derechos allí recogidos y las normas emanadas y mejoradas con el paso de los años, además del trabajo que desarrollemos los que tenemos responsabilidades de Gobierno, sí que pueden propiciar las condiciones idóneas para crecer en empleo, en riqueza, y darle la vuelta a esta voraz crisis. no cabe otro debate.
Mucho se está diciendo y escribiendo sobre las profundas reformas que ha emprendido este gobierno. Se está acusando al ejecutivo de desmantelar el Estado del Bienestar, de recortar derechos, de acabar con todo. Y eso es radicalmente falso. Por supuesto que hay decisiones en el seno del Gobierno que pueden ser impopulares, mal aceptadas por la ciudadanía, pero os puedo asegurar que quienes conocemos cómo están las arcas públicas, sabemos que no hay otro camino para luchar contra el gigantesco déficit acumulado.
La Unión Europea nos pone unas exigencias y condiciones muy duras, y este Gobierno no está dispuesto a cruzar según qué líneas rojas, por más que algunos partidos políticos quieran vender lo contrario. Los resultados vendrán poco a poco y quedará demostrado que las medidas incomprendidas hoy en día darán resultados. Pero nadie va a acabar con la Educación y la Sanidad públicas ni con las pensiones ni con los derechos de los trabajadores, ni nada por el estilo. Solo estamos intentando acomodar el aparato del Estado a las necesidades y exigencias actuales y exigiendo a las Comunidades Autónomas que cumplan con la Ley y establezcan medidas para luchar contra el déficit público. Lo que hoy sembremos en este sentido derivará en una mejora fehaciente de lo público, aunque ahora se quiera interpretar lo contrario.
Quiero defender que nadie en el Gobierno se saldrá de lo establecido en la Constitución y en las leyes, faltaría más. ha costado mucho levantar este Estado del Bienestar, este Estado Social y Democrático de Derecho y solo en las mentes calenturientas de algunos cabe el que este Gobierno, de forma arbitraria, quiere cargárselo todo. El tiempo nos dará la razón. seguro. Lo que hay que preguntarse es si el modelo de Estado de Bienestar actual puede seguir perviviendo a costa del incremento del déficit. y la respuesta es no. Tenemos la obligación de velar por los dineros públicos, porque de seguir por el camino que llevábamos, quedaríamos sepultados como país.
Hace falta cambiar ciertas formas de gestión basadas solo en el despilfarro. Hay que optimizar los recursos, evitar duplicidades administrativas, actualizar la administración pública, cambiar el chip del café para todos y en todo caso cambiar la cantidad por la calidad en la prestación de los servicios. eso, unido a reformas del anquilosado mercado laboral y del sector financiero, terminará por dar sus frutos. Y creo firmemente que este Gobierno está poniendo las bases para solucionar el gran lastre de la economía que nos podría llevar a la quiebra absoluta.
Quien quiera ver en esto un intento por acabar con todo y condenar a las clases y sectores sociales más desfavorecidos, está muy equivocado y recurre al argumento facilón de que el Gobierno solo defiende a los ricos. Muy al contrario, nuestro escrupuloso respeto a la Constitución y a los valores emanados de ella nos lleva a intentar equilibrar el mal momento económico que vive el país con la garantía de la pervivencia de las estructuras del Estado del Bienestar para las décadas venideras. Y eso, indudablemente, tiene un coste y requiere de esfuerzos de la ciudadanía nunca vistos hasta ahora. pero es que nunca nos hemos tenido que enfrentar a un momento tan duro como el actual, en parte agravado por la inacción de Gobiernos anteriores. Eso tiene que quedar muy claro, sobre todo, en un día como este.
Señoras y señores: el Referéndum del 6 de diciembre de 1978 aprobado por la inmensa mayoría de los españoles dio luz verde a una norma máxima del estado que ensalzó el símbolo de unidad, una unidad que hoy nos hace más falta que nunca luchar contra la ruina, contra el paro. El divorcio de la sociedad civil con sus representantes soberanos es un hecho evidente, pero a ello no solo contribuye algún que otro mal gobernante o algún que otro político corrupto, sino también el oportunismo de algunos grupos organizados que han puesto el grito en el cielo, han satanizado a toda la clase política y han tomado literalmente las calles día sí y día también en contra del Gobierno.
Sin querer entrar a valorar lo oportuno o no de parar un país de forma total o parcial cada poco tiempo, sí quiero decirles a esos grupos que hay una forma saludablemente democrática y recogida en la Constitución para hacer valer sus ideas, criterios e iniciativas e incluso para tumbar un gobierno: expresar el derecho al voto cada vez que hay Elecciones y manifestar su enfado echando la papeleta a la urna, en lugar de tomar el Congreso, rodear a los cargos públicos o asaltar supermercados. Es decir: ser fieles a la Constitución y a sus valores y respetuosos con la Ley.
Relanzar nuestro sector productivo, nuestras finanzas, ajustar el gasto público a los ingresos, potenciar nuestras fuentes de atracción de inversiones, como es el caso del turismo o el sector servicios, son acciones imprescindibles para salir del pozo y en ello nos estamos afanando los responsables públicos. Manifestarse en contra de todo es democrático, por supuesto, pero aportar ideas lo es más. Y los políticos, porque estamos para eso, sabemos escuchar y tomar nota. al menos, la mayoría de los políticos. El diálogo suma, el espíritu constructivo multiplica; la confrontación resta y la crítica gratuita unida al insulto y el desprecio divide.
Un año más, quiero apelar al espíritu constructivo, generoso y entregado de aquella clase política y de aquella ciudadanía que en 1977 fue capaz de levantar la situación y, un año después, fue capaz de construir el edificio democrático a través de unos cimientos fuertes, como es la Constitución. Todos asistimos con angustia a situaciones extremadamente duras, con familias sin ningún tipo de ingresos, con desahucios, incluso con personas desesperadas que se quitan la vida, incapaces de salir adelante. La realidad nos golpea con dureza delante de nuestras narices. ¿Cómo no sentir empatía y compartir el dolor ante tanta injusticia? Con este panorama, señoras y señores, me veo en la necesidad de reivindicar el papel de los que ocupamos cargos públicos. Es preciso que la ciudadanía confíe en nosotros, sin renunciar a la crítica o a la exigencia, pero que confíe. En unas siglas o en otras, pero que confíe y, sobre todo, que respete las mayorías parlamentarias. Los políticos no queremos ser un problema, sino los gestores idóneos de los problemas para llegar a las soluciones.
Estamos en un momento crucial y no podemos despistarnos en el objetivo final de recuperar el pulso al país. Quiero decir en voz alta que todos los dirigentes nos tenemos que seguir esforzando para contribuir a sacar a España del atolladero en que se encuentra sumida. Cada uno desde el lugar en que la ciudadanía le ha puesto, pero absolutamente todos hacemos falta para arrimar el hombro. Y no debe importar el coste electoral que pueda conllevar. Es por el bien del país y de la ciudadanía. Nuestro papel como gobernantes es intentar corregir los errores que nos han llevado al desastre, pero todos unidos, con coraje pero también con paciencia. No hay fórmulas mágicas para crear empleo y propiciar crecimiento, pero sí un camino que recorrer y unas líneas maestras que cumplir. Y si es con el apoyo de una mayoría parlamentaria, mucho mejor. el nuestro es un ejercicio de responsabilidad, no una forma de gobernar arbitraria, como nos acusan.
Señoras y señores, voy terminando:
Hace 34 años triunfó la ilusión de todo un pueblo, encarnada en un texto que apostó por la libertad y prosperidad. hace 200 años, ‘La Pepa’ y quienes la hicieron posible perseguían el sueño de una España distinta, de un futuro mejor. en ambos momentos hubo un nexo que nos unió como españoles y nos ayudó a hacernos fuertes ante la adversidad. Tomemos aquellos días históricos como modelo de que se puede salir adelante y, sobre todo, no nos olvidemos de seguir estando orgullosos de nuestra Constitución y nuestra Democracia, aunque, está claro, el sistema no es perfecto.
Para terminar, quiero darle las gracias de corazón a todos los aquí presentes y desearles un muy feliz Día de la Constitución.
¡Viva España!
¡Viva Andalucía!
¡Viva Alhaurín de la Torre!
¡Viva la Constitución!