(Por Jmm Caminero) Cada persona tiene una mirada particular de percibir el mundo, no totalmente diferente a los demás, pero si en algo, igual que caminamos diferente o tenemos un rostro distinto.

John Berger, que fue pintor, crítico de arte, escritor, guionista y, lo que se podría indicar o se decía en tiempos anteriores, un intelectual notable y sigue siendo. Pues ha ocupado en el mundo de la interpretación cultural del mundo occidental, una huella importante. Está por ver, si dentro de unas décadas o generaciones seguirá siendo o estando. Pero quizás, el enseñarnos a que nos fijemos en el concepto de ver y percibir sea esencial. Quizás, durante muchos siglos nos hemos fijado en el mundo de sentir, en todos sus grados y formas, y, en el mundo del pensar, en todas sus áreas y modos y concreciones, quizás, quizás ahora, ha empezado el tiempo de fijarnos en el mundo del observar y percibir, empezar a detectar más claramente todos los modos de percibir…

John Peter Berger (1926-2017) podríamos empezar a definirlo como europeo y de Europa, quizás debamos empezar a pensar de otro modo, a percibir de otro modo. Situar a todo lo que nace en Europa, todas las flores y árboles que respiran en Europa como europeos. Este autor, es de la cultura europea, si quieren de la occidental, y, así se abarca las dos orillas del Atlántico y también Australia. Todos estamos metidos en esta olla de paella o cocido que es Europa, Europa es nuestra cultura, después si quieren poner adjetivo, europeo francés, europeo portugués, europeo inglés como es el caso que comentamos, si quieren europeo británico, para dar adjetivos más concretos.

Quizás, quizás cambiar esta mirada es esencial, así alguien sin negar la patria chica o pequeña, Francia o Portugal o Suiza o Gran Bretaña, no deja de pensar y sentir y percibir que estamos en el mar de Europa. Somos de Europa, tenemos que volver a ese orgullo, una sociedad-civilización formada por cambios continuos, quizás sea la definición de Europa, que no se niega a evolucionar, siempre estamos cambiando y evolucionando. Que no tiene sólo su origen en Atenas, Esparta, Jerusalén, Cartago, sino que es anterior, nuestra cuna está en el Oriente Medio en todos sus imperios, y, en el Antiguo Egipto, más de miles de contribuciones de sociedades, culturas, civilizaciones que han ido pasando por nuestras piedras y vértebras y huesos y sangre. Eso somos.

Vamos echando al perol de Europa todo lo que nos vamos encontrando, todo lo que va llegando, todo lo que vamos descubriendo, todo lo que vamos innovando. Esta es la realidad, esto es lo real. Tenemos que aceptar. Tenemos que aceptar que nuestros tatarabuelos son los sumerios y todas esas civilizaciones de Oriente Medio, y, también los antiguos egipcios, porque ellos vertieron parte de sus aguas, en Grecia, Roma, Israel, Cartago, Fenicia, etc., que son nuestros abuelos culturales e interpretadores metafísicos del mundo que aceptamos.

Ver desde este punto de vista, es cambiar un poco la concepción. No sólo la escritura viene de Sumeria, sino multitud de otras ideas y conceptos, teóricos y prácticos, la organización de sociedades en Estado, ProtoEstados, la formación es un movimiento que surgió en el Neolítico, durante miles de años, fue evolucionando, hasta llegar hace cuatro milenios que empiezan las primeras Comarcas-Estado, Regiones-Comarcas-Estado, y, enseguida los primeros imperios. Europa y Occidente tienen raíces esenciales en/desde cuatro o cinco milenios… no sólo en dos y medio… Esta es la realidad…

John Berger, como todo intelectual y pensador y observador, nos dejó muchas ideas sueltas en decenas de libros, conferencias, entrevistas. En definitiva miradas. Pero una de ellas, para mí muy importante, una entre muchas, es que aprendamos a observar, a percibir, a ver. Que el ver es esencial, y, sobre ese ver y al mismo tiempo se monta el pensar y el sentir. Quizás todo sea una combinación que se entremezcla en segundos: ver-percibir y sentir-desear y pensar-analizar. Quizás, estos tres conjuntos de realidades psíquico-morales se combinan, en mundos conscientes e inconscientes en nuestro ser y en nuestro estar.

Creo que al hablar de las cosas, siempre hablamos de nosotros mismos, al hablar de nosotros mismos siempre estamos hablando de las cosas. Es ese viaje interior y exterior que siempre estamos recorriendo, al hablar del individuo hablamos de todos, al hablar de todos hablamos del individuo.

Una obra de arte, una obra cultural sea del arte que sea, sea del saber que sea, sea ortodoxa o no, es decir, admitida por los valores de comprobación y de falsación más racionales o no lo sea, está siempre hablándonos de nosotros. Una pintura es un enorme artilugio que hemos inventado, ya hace cincuenta milenios, para intentar entender algo de lo de fuera, algo de lo de dentro. Un trozo de palabras, digamos cincuenta palabras dichas o escritas, posiblemente desde hace decenas de milenios, cumple el mismo fin. También el sonido, los gestos, los movimientos, el vestido, los adornos, los olores, los sabores… todo lo que hacemos tiene una raíz que es intentar entendernos y comprendernos y sentirnos y pensarnos y comprendernos… Eso es algo de lo que somos, y, John Berger, como individuo y persona individual, nos muestra algunos campos.

Cualquier persona también lo hace, millones, cientos de millones enseñan a sus hijos a ver y mirar y pensar y entender y conocer algo de la realidad, a autocontrolar sus pasiones y sus deseos. O, al menos lo intentan. Un intelectual o pensador, además de hablar y de enseñar-hablando, además de eso, escribe o da conferencias o da entrevistas. Pero hoy tenemos que fijarnos en la necesidad, que pensemos sobre el mirar y sobre el percibir. Temas que nos fijamos muy poco. Demasiado poco. Tema que deberíamos empezar a fijarnos más. Pero mientras que digo o pienso esto o usted lee esto, por la calle nos cruzamos con diez personas, la mitad van observando el móvil, el pequeño ordenador informático que llevamos en la mano y que cada vez se va apropiando más del corazón…

https://www.youtube.com/channel/UCP1qKD3iC1dhkOschAftOAQ © jmm caminero (05 enero 2026 cr).

Fin artículo 5.299º: “Recordemos a John Berger, recordémoslo”.